¿VISIBLES O INVISIBLES?

Edad de Oro

Cada vez es más frecuente que convivamos varias generaciones en la misma familia. ¿Cómo impacta en la vida cotidiana la presencia los adultos mayores?

 

U na mañana de mucho calor. En pleno centro de Buenos Aires, en un café alegre y moderno, a la vuelta de un hospital, en la mesa de al lado dos señoras grandes protestaban:

Qué triste. Me siento invisible, ya tengo 75 años y tengo varios nietos. Nadie de mi familia me pregunta nada. Siento que no sirvo para nada. Mis hijos y nietos todo lo “googlean”.

La otra también se quejaba:
Me siento un “paquete”, me llevan de un lado a otro, sin preguntarme si quiero ir o a dónde quiero estar.

La conversación me hizo pensar en aquello que significan los ancianos en tantas culturas orientales, cómo los respetan y hasta reverencian. Claramente, no es así en nuestras sociedades occidentales.

   Convivir es posible   
Después de esta clásica generalización, me vinieron a la cabeza recuerdos de muchas familias en donde los abuelos son protagonistas y se los cuida y reconoce con cariño. Evidentemente no es algo fácil, ¿cómo hacen?

Cuando un miembro de la familia envejece sentimos el paso del tiempo. Cuesta aceptarlo. Cuesta comprender que no va a poder hacer las mismas cosas. También, como hijos, nos cuesta darnos cuenta de que los padres ya no son los de antes y que nosotros también hemos crecido. En lo posible, no lo neguemos, ni lo dramaticemos.

   Está en tus manos   
La vejez arruga la piel, pero no necesariamente el corazón, ni el alma, resulta una advertencia interesante y que está en cada uno manejar.

Tener muchos años nos puede hacer más generosos, comprensivos, cálidos y cariñosos o amargados que viven añorando lo que tuvieron o lo que no obtuvieron. También en esto podemos ser protagonistas de nuestra propia existencia; no es algo que se impone, es algo que se consigue.

EN MUCHAS FAMILIAS LOS ABUELOS SON PROTAGONISTAS Y SE LOS CUIDA Y RECONOCE
CON CARIÑO. EVIDENTEMENTE NOS ES FACIL
¿COMO HACEN?

En realidad, la sabiduría se va adquiriendo, cuando se ha revisado la propia biografía con sentido de vida, así todo lo vivido sirve como experiencia.

   Las tres “A”   
Una psiquiatra extranjera me pasó lo que ella llama las tres “A”. Se trata de una propuesta que puede ayudar a vivir los distintos tiempos de cada miembro de una familia. Son tres “A” tan necesarias para el abuelo como para los hijos y nietos: Aceptación, Adaptación y Actitud positiva. Veamos.

Aceptación: En primer lugar, se trata de aceptar el estado físico y psíquico, sano o enfermo, del abuelo, y la tarea que toque a cada uno realizar dentro de la necesaria organización familiar para cuidarlo, tanto si viven bajo el mismo techo o no. Esta aceptación y reconocimiento de las posibilidades de cada uno llevará a acompañarlo con cariño, sin intentar imponerle exigencias que no puede cumplir.

Adaptación:  No es fácil acomodar las diferentes generaciones que hoy conviven en las familias. Lo logran las familias “sanas” y “comunicativas” donde cada uno cumple su rol, el clima es acogedor, flexible y firme a la vez. Significa algo así como no abandonar al abuelo, ni dejar, por él, de vivir la propia vida y la vida de las respectivas familias que cada uno haya formado. Alienta el saber que con un momento de compañía que brindamos, el adulto mayor disfruta toda la semana.

Actitud positiva:  Es tener esperanza, es tener el coraje de ser positivo. Como somos seres libres podemos elegir durante nuestra vida entre muchas cosas, esas posibilidades se reducen por las limitaciones propias de la edad. Sin embargo, hay algo que siempre podemos elegir: nuestra actitud ante la vida y la familia.

Cuando en la familia o en algunos miembros faltan estas “A”, cuando no acertamos a dar con ellas, cuando carecemos del sentido o el significado de cada momento, se suelen notar más las rivalidades que el deseo de colaborar, puede haber agresividad y hasta hostilidad entre sus miembros y respecto del adulto mayor, En definitiva, es difícil la comunicación necesaria para ser el equipo que ayuda a un abuelo. Estas tensiones y la indiferencia familiar llegan a debilitar al abuelo.
   Jóvenes o adultos mayores…   
Hay abuelas y abuelos que son ya mayores y viven positivamente su rol, disfrutan con sus hijos y sus nietos, ayudan cuidándolos cuando pueden sin meterse a opinar en los matrimonios de sus hijos.

Los abuelos de más edad tienen más tiempo para la familia; tal vez los más jóvenes, aunque tienen mayor energía, como todavía trabajan, su disponibilidad es menor.

¿De qué depende ser visible o invisible para la familia de cada abuelo?

Se hacen visibles cuando preguntan por los intereses de los demás, cuando no están pendientes de sus dolores, ni se quedan pegados a su pasado.

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