VACACIONES CON O SIN LA ABUELA

El verano se presenta muy distinto para cada uno y para cada familia en particular… acá te dejamos unos disparadores. Queremos que te ayuden a disfrutar tomando las mejores decisiones.

 

Mariuqui Magrane | Orientadora familiar y asesora en relaciones familiares.

 

S oñar con leer un libro al borde del mar, dar paseos por la montaña,  practicar el deporte favorito donde se pueda … hay quienes trabajan tantas horas afuera de su casa durante el año que esperan estas vacaciones para disfrutar un poco del propio hogar. Y, por muchas razones más, la casa se convierte en el espacio para compartir en vacaciones.

 

Soñar con las vacaciones en familia
Tal vez son sólo diez días al año y queremos tomar distancia, pero nos asalta una triste sensación: los abuelos se quedan solos.

Empecemos por reconocer que hay una variedad enorme de abuelos y de relaciones entre padres, hijos y nietos… además, las edades de los abuelos, sus estados físicos y emocionales, nos darán pautas para decidir integrarlos o no a nuestras vacaciones. Algunos abuelos viven cerca de sus nietos y comparten muchas cosas, incluso están los que los cuidan varias horas en la semana para actuar de “red” cuando los padres trabajan afuera. En cambio, hay otros que viven lejos y esperan las vacaciones para verse y disfrutarse.

Hay abuelos que cuando son jóvenes llevan a sus hijos y nietos a veranear con ellos pero cuando pasan los años, las circunstancias varían en miles de situaciones muy distintas.

 

Sostener, reparar,
cuidar, amar. Verbos que
nos ayudan a organizarnos
para veranos especiales,
viviendo valores familiares
que merecen la pena.

 

 

¿Llevarlos o dejarlos? 
Cuando planeamos pasar las vacaciones afuera,  surgen dudas y la gran pregunta es: ¿Llevarlos o dejarlos? Y las respuestas van y vienen, son infinitas. Son un tema en la pareja, porque los padres de uno y de otro, probablemente, son muy diferentes y sus circunstancias
también.

 

Vamos con el sí y el no… 
Nos gusta que nuestros hijos tengan recuerdos de sus abuelos compartiendo  tiempo de juegos, situaciones bien distintas a las que viven durante el año.

Pensamos en esas divertidas cocinas de verano, sin horarios fijos, con ricos olores y buena compañía.

Si vienen, seguramente tendremos desayunos largos, muy conversados, relajados y, gracias a que está un abuelo, los adolescentes se quedan un rato más en la mesa.

Me cuenta una gran amiga: “Tengo tantos lindos recuerdos de mi infancia, de vacaciones con mi abuela. Estuve una semana con ella sola, yo tenía 15 años. Nos divertimos mucho. Jugábamos a las cartas.

Descubrí que le gustaba Julio Iglesias, la sandía, bordar, rezar”.

¿Hacemos el esfuerzo? Seguramente se nos ocurrirá consentirlos en algo que sabemos que les gusta especialmente. Y después ellos se podrán quedar a cuidar a los nietos a la noche para que su hijo y su nuera puedan salir solos o hacer un plan con amigos. Al final, son la tabla de salvación.

Sostener, reparar, cuidar, amar… verbos que nos ayudan a organizarnos para veranos especiales, viviendo valores familiares que merecen la pena.

Hay familias generosas, con las puertas abiertas para  cuidar a los más  grandes aunque implique algo de esfuerzo.

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