un forrest gump en argentina

UN FORREST GUMP EN ARGENTINA

[Pancho Ibáñez]

 

Si algo caracteriza al personaje de Forrest Gump es el estar en el lugar indicado en el momento oportuno. Así siente su vida y trayectoria nuestro querido Pancho Ibáñez.

 

Lucía Argibay Molina | Orientadora Familiar | luciaargibay@gmail.com | @Luciaargibay
María Amalia Caballero | Dra. en Comunicación Pública | direccion@sembrarvalores.org.ar
Mariuqui Magrane | Orientadora Familiar y Asesora en Relaciones Familiares

 

A tento y de sport, nos recibe en su piso frente a la plaza Las Heras. La vista es inigualable: mirando hacia un lado, el río; hacia el otro, el Obelisco y hacia abajo, la plaza que fue puesta en valor recientemente.

Sofía, la monísima mujer que es su esposa desde hace casi 50 años, está apurada. La esperan afuera pero no quiere dejar de saludarnos y, como buena ama de casa siglo  XXI, advierte a su marido que ha dejado preparadas algunas bebidas que, momentos después, él mismo nos sirve.

Hay que reconocer que no es fácil comenzar por el principio con alguien para quien “todo se relaciona con todo”, pero lo intentamos.

SV| Hiciste radio, televisión, escribiste. ¿Te definís como un hombre de los medios?
PI| Yo me veo más como un hombre que está en el medio de los medios. No fue mi pancho ibanezpretensión ser un “hombre de los medios”, aunque uno a través de los medios es conocido, y el 99% de las veces recibo muestras de afecto y reconocimiento. Pero lo mío es más bien una especie de pulsión docente, porque mi abuela era maestra de esas que se iban hasta el último pueblito en el sulky aunque nevara. Toda mi familia tenía mucho de docente. Por eso, cuando sé algo, tengo que compartir ese conocimiento, tengo que decirles a los demás que hay un lugar que se llama así o tal costumbre en tal otro.

Yo siempre fui, y soy, un comunicador.

   La tele, “una pena”   
PI| Es muy difícil hablar de la televisión, hoy es una pena. Es el gran medio para educar a millones de personas a distancia. Si alguien está frente a la tele y no se ha enriquecido en nada es una hora perdida, “se entretuvieron”, dicen. Sigue siendo el medio más cautivante: entra a la casa de la gente sin pedir permiso y cualquier pavada atrapa… Yo digo: “Atrapá con algo que te deje algo”.

 

Siempre sentí esa enorme
responsabilidad, pensar que
ante una cámara me ven, me
escuchan miles de personas…
procuro que lo que diga sea
cierto, que esté probado.

Siempre sentí esa enorme responsabilidad, pensar que ante una cámara me ven, me escuchan miles de personas… procuro que lo que diga sea cierto, que esté probado, que al final digan: “Mirá vos, yo no sabía tal cosa, o… yo que siempre pensé así… y no, Pancho me contó…” Consiste en ayudar a pensar, a filosofar de la forma más simple, a hacerse preguntas.

SV| Con esta orientación profesional dejaste de lado una tradición de familia, ¿fue fácil?
PI| Soy abogado, la ilusión de mi padre era que yo fuera diplomático como él y yo también lo  pensaba. Pero, en el último año de la facultad, me di cuenta de que no sería muy feliz con esa profesión.  Con todo el respeto que le tengo a mi padre, no me veía como diplomático argentino, me iba a pelear con  los embajadores políticos… La última vez que vi a mi padre fue en Budapest, yo estudiaba en la  Universidad en Santiago de Compostela y fui para la Navidad de 1967 a ver a mi familia. Ahí le hablé. Él lo  aceptó perfectamente, más aun, me confirmó que para él lo más importante era que yo fuera lo que  quisiera, pero que fuera feliz. Papá falleció siete meses más tarde, a los 48 años. Me dejó su ejemplo y su  “visto bueno”.

 

HABER LOGRADO QUE ALGUIEN SEPA ALGO MAS,
HABERLO AYUDADO A PENSAR, A FILOSOFAR DE LA
FORMA MAS SIMPLE, A HACERSE PREGUNTAS

SV| Ya en busca de tu lugar en el mundo, ¿cómo se dieron las cosas?
PI| Bueno, el recorrido fue largo e interesante, me reconozco como un Forrest Gump. Cuando tenía seis años… y se corría la final del Fórmula 1 en Barcelona, mi padre era cónsul ahí. Los corredores argentinos, que eran nada menos que Juan Manuel Fangio y Froilán González, fueron recibidos en el consulado. “A mi hijo le encantan los autos”, comentó papá. “Que venga”, le contestaron. Recuerdo esa carrera perfectamente, el ruido, el olor, los fardos de paja. Gana Fangio el primer premio, segundo Froilán. El locutor me ve por ahí y dice: “Que el niño entregue la copa”… y ahí yo, con Fangio. Muchos años más tarde, una de mis primeras incursiones en los medios fue movida por aquella temprana pasión por la Fórmula 1.

Terminada la facultad, me fui a Madrid. Mi hermana, que ya estaba casada, me dejaba dormir en su casa. Me presenté ante Narciso Ibáñez Serrador -no somos parientes-, que trabajaba en TV española, y le dije: “Tenemos dos cosas en común y una que me separa totalmente. Los dos somos rioplatenses y nos encanta el teatro, somos exitosos, pero… a vos te conoce todo el mundo y a mí no me conoce nadie”. A las 48 horas yo estaba actuando en una telenovela.

SV| Bien, entonces, ahí llegaste a la televisión, pero ¿hiciste allá algo de radio?
PI| Me presenté en radios, les gustó mi voz. Hablaba con acento español, hasta fui el locutor de un programa sobre corridas de toros, lo más español y tradicional. También grababa publicidad. Y la vida no es lineal, es adaptarse. Un día, después de la radio, tomábamos cerveza con Abilio Fernández -la voz que dice “desde lo alto… transmite Milenium”-, y me dice: “¿Quieres ir a Holanda?” ¿Qué pinto yo en Holanda?, pensé, pero acepté la tarjeta que me ofrecía. Era la de un tal José María de Olona y Armenteras, que tenía el encargo de encontrar a un locutor español para trabajar en la Sección Iberoamericana de Radio Nederland, la emisora internacional de los Países Bajos.

Días después, me presenté a un casting para una película que se iba a filmar en Marruecos. Salgo, miro el nombre de la calle de la esquina y era el que tenía en la tarjeta que aún conservaba en el bolsillo. Estaba a una cuadra. Fui y toqué el timbre.

“Vengo por la búsqueda del locutor en Holanda, estudié Derecho, no quiero ser abogado, me gustan los medios, me defiendo en inglés, italiano, francés, portugués”… “Pues aquí nadie habla más que castellano”, se sorprendió quien, al rato de una amena charla, pasó a ser simplemente “Pepín”. Me ofreció un contrato por tres años… pero tenía que presentarme enseguida.

SV| Eras la persona soñada para ellos, pero tenías una novia…
PI| Sí, primero viajé a aspirar el aire helado de Holanda en febrero, comencé a trabajar y en julio volví a España para casarme con mi novia, Sofía … nos conocíamos desde que ella hizo la carrera de Filosofía y Letras en la Universidad de Santiago de Compostela, donde yo estudiaba Derecho. En Holanda nacieron Ximena y Yago. Los tres años se convirtieron en seis, pero cuando me iban a renovar por un nuevo período yo ya había decidido que era una etapa cumplida. Dudaba entre irme a la BBC de Londres, volver a Madrid o… regresar a mi patria. Me ofrecieron ser su representante en Sudamérica con un buen sueldo y ¡sede en Buenos Aires! Fue una oferta que no pude rehusar.

SV| ¿Fue el momento para volver?
PI| Sí, pero me tocó la muerte de Perón, la presidencia de Isabel, el terrorismo, bombas en todos lados, inflación… hasta la guerra de Malvinas… Me ofrecieron volver a Holanda y seguir con mi trabajo desde allí. Les agradecí pero -a pesar de todos los consejos de mis amigos- decidimos quedarnos aquí. Fundamentalmente por nuestros hijos en edad escolar.

Y así me enganché en un programa de deportes, al principio hablaba diez minutos sobre Fórmula 1 y terminé conduciéndolo. Era en vivo y duraba cuatro horas. Pero yo quería hacer otro tipo de programa que mostrara otro costado del deporte, historias de emulación, de superación. Así fui imaginando ese programa que se llamó “El deporte y el hombre”.

SV| Fuiste un innovador en hacer curación de los contenidos…
PI| Creo que sí, nos íbamos a buscar el material a Londres, a Francia. La producción era cara pero los canales se lo bancaron. Fueron muchos años. Diez exactamente. Yo no quería seguir haciendo el mismo programa “ad infinitum”. Corría 1992 y el gerente de Programación de Canal 2, que me había oído cuando, entre otras cosas, fui disc-jockey en Holanda, me dice: “Pancho, tenemos unos tapes de grandes recitales, de Queen, de Phil Collins, de Tina Turner… Nos gustaría que vos fueras el presentador”. Acepté encantado. Muchos se sorprendieron agradablemente. Otros no me perdonaron que hubiera cerrado el ciclo de “El deporte y el hombre”.

SV| ¿Por dónde vino el giro?
PI| Poco después, Sergio Elguezábal, que hacía en Canal 13 una serie de viajes con famosos, en el programa 360, que presentaba María Belén Aramburu, me invitó a hacer el viaje a Holanda, país que yo conocía tan bien. A la vuelta me ofrecen seguir viajando y haciendo notas que a mí se me ocurrieran. Así surgieron Estambul, Shanghai, la selva negra en Alemania, los caballos en Jerez, la Fragata Libertad… hoy me veo reflejado en Iván de Pineda, porque son ese tipo de viajes.

   Los nietos   
Cambia la cara y la felicidad se le nota en los ojos, en la sonrisa. “Somos abuelos muy felices”, nos dice. Y se entretiene hablando de cada uno, de sus diferentes edades y gustos… y sale, inevitable, el tema de las nuevas tecnologías que los pueden mantener absortos por horas… algo tan cómodo para los padres.

SV| ¿Qué opinás del avance tecnológico y su impacto en la familia?
PI| Me impresiona la velocidad de los conocimientos, pareciera que uno no puede llegar a digerirlo, no hay tiempo humano, hace falta una vida para estudiar, para profundizar en algo.

El gran desafío actual es dilucidar qué es lo importante, qué es lo que puede llegar a ser clásico y qué es una moda pasajera, que no se entretengan con lo que pasado mañana va a ser una antigüedad total, tonta y sin valor. Clásico es algo de hoy pero que va a ser lo mismo dentro de mucho tiempo, porque tiene un valor que lo hace imperecedero, por lo menos de largo aliento.

Y las familias tienen la gran necesidad de aprender a decir al niño que no. Hay un momento para cada cosa, ahora es el momento de charlar, cuando estás solo no hay problema pero si estás con otro hay que mirar, hablar.

Las familias tienen la gran
necesidad de aprender a
decir al niño que no. Hay un
momento para cada cosa,
ahora es el momento de
charlar; si estás con otro
hay que mirar, hablar.

A la vez me maravilla la inmediatez que pueden lograr las redes sociales. Lo hemos visto en la convocatoria a las marchas, en la reacción solidaria.

La conversación sigue, se hace larga porque la pasamos muy bien, y desde el balcón, el cielo nos ofrece un atardecer maravilloso. Queda todavía una pregunta.

SV| Sabemos que están próximos a celebrar las Bodas de Oro, ¿qué le dirías a los jóvenes que están con su proyecto pero tienen miedo al compromiso?
PI| Mirá, yo lo primero que quitaría es la presión sobre “toda la vida”. El amor se vive en el día a día, hoy es lo que importa. A veces renunciás a algo, a veces te sorprenden, tenés momentos para arriba y para abajo, pero en el día a día está la felicidad del matrimonio. Al menos esa es mi experiencia.

 

La familia es lo más

un forrest gump en argentina 2


Preocupado por no tener una foto con todos juntos nos va mostrando las que adornan las repisas de la sala de estar.
Hijos
Ximena, Yago y Macarena.
Nietos
Blas, Mika, Juana, Lucía, Oliverio y Eliseo.

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Forrest Gump

 

 

un forrest gump en argentina 3Es una comedia dramática estadounidense, estrenada en 1994, basada en la novela homónima del escritor Winston Groom. Protagonizada por Tom Hanks, se trata de un nativo de Alabama que sufre de una leve discapacidad intelectual que no le impide ser testigo privilegiado y en algunos casos actor decisivo de muchos de los momentos más transcendentales de la historia de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX.

 

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