un combustible llamado tiempo

UN COMBUSTIBLE LLAMADO TIEMPO

Aquello que regalamos como muestra de amor suele tener un valor especial para nosotros. ¿Expresa su amor, el regalo del tiempo?

 

Mariana Aguirre de Ferreccio | Orientadora Familiar | marianferreccio@gmail.com

 

L o cotidiano, sin que queramos, sin darnos cuenta, nos va robando tiempo para estar, compartir, disfrutar, charlar… con nuestro marido/mujer.

El tiempo es ese reloj que va marcando los segundos, minutos, horas en las que vamos escribiendo nuestra historia. “Dime en qué utilizas tu tiempo y te diré tus prioridades”. Podríamos aplicarnos este refrán para preguntarnos qué tiempo le dedicamos a nuestro vínculo matrimonial y repensar qué tiempo es el que nos queremos dar.

Muchas veces comprobamos que las horas del día no nos alcanzan para hacer todo aquello que no solamente nos gustaría sino que realmente vemos como importante, necesario y prioritario. También, la cotidianidad nos va mostrando que los espacios para encontrarnos con el otro hay que buscarlos, ¡generarlos!

La decisión de dedicarnos estos tiempos implica renunciar a otras cosas que también nos parecen importantes o urgentes, pero en el fondo de nuestro corazón, sentimos una necesidad imperiosa, profunda de regalarlos al otro.

 Entre lo ideal y lo real  
¡Cuánto soñamos, esperamos encontrar el lugar ideal, el viaje ideal, el fin de semana ideal…! Y tal vez pocas veces ese sueño, esa espera llegan a hacerse realidad.

Mientras, van pasando los minutos, las horas, los días esperando que se dé el contexto apropiado para lograr tener ese encuentro. Por eso, propongo y me propongo ese buen ejercicio que consiste en bajar de lo ideal a lo real para preguntarnos: ¿Qué puedo hacer con mi cónyuge? ¿Qué mañana, tarde, día, qué noche puedo generar para hacernos una escapada, para mutuamente entregarnos el gran regalo de nuestro tiempo, sólo para el otro, en vías de construir un ‘nosotros’?

 

LOS ESPACIOS PARA ENCONTRARNOS CON EL
OTRO HAY QUE BUSCARLOS, GENERARLOS.

 

No hacen falta grandes cosas, sino simplemente diría que las ganas, la necesidad, la decisión y elección de querer hacerlo. Desear generar ese espacio tan valioso para encontrarnos corazón a corazón, en una intimidad tranquila y profunda.

Con tiempo para escucharnos, reírnos, mirarnos a los ojos sin pantallas, ni celulares, sin un “mamá/papá”… sino simplemente nosotros. Sí, nosotros -él y yo, ella y yo-, esas personas que un día decidimos compartir nuestras vidas, recibirnos, acogernos, acompañarnos, sostenernos, divertirnos, disfrutarnos,un combustible llamado tiempo queriendo así escribir esta historia, nuestra historia de amor.

Desear generar ese espacio tan valioso
para encontrarnos corazón a corazón,
en una intimidad tranquila y profunda.

 

 Una historia de amor 
Parece el nombre de una novela. Esa palabra, amor, que está tan trillada, y me animo a decir, por momentos, por algunos, está vaciada de su verdadero significado. Pero que es tan profunda, maravillosa y sanadora que solamente cuando uno la vive, la puede llenar de su verdadero contenido.

Es en esos espacios que nos regalamos en el medio del trajín cotidiano,  donde la podemos descubrir, valorar, porque no es otra cosa que  un  encuentro de dos corazones que se aman y que quieren defender, cuidar, gozar, sanar su vínculo matrimonial. Un vínculo tan profundo que necesita de un alimento muy preciado, necesita y necesitamos de ese “combustible” llamado tiempo.

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