tormenta afura y adentro

TORMENTA AFUERA Y ADENTRO

[ Crisis económica ]

 

Cuando la situación económica aprieta, en la pareja suele haber uno que la sufre más, se siente “culpable”. ¿Cómo superar juntos esa crisis?

 

María Cornú Labat | Magíster en Matrimonio y Familia | sernosotros.com | mcornulabat@sernosotros.com

No doy más. Estamos mal. Él está todo el tiempo de mal humor. Llega a casa y sólo se fija en lo que está desordenado, sin hacer.Si los chicos están en la Play, o sin bañarse, o gritando, o jugando por toda la casa, invadiendo todo… Está insoportable. No podemos seguir viviendo así. No hay encuentro, no hay alegría.Me reprocha todo… ya no sé ni qué reprocha. En vez de buscar mi abrazo, me ataca”.

Así me hablaba, cafecito de por medio. La situación lo ameritaba.

Mientras me “limitaba” a una escucha activa, ella fue enjugando sus lágrimas, y avanzó con la descripción agregando adjetivos, percepciones, de todo lo que invadía sus vidas últimamente: “Está tan frustrado. Se enoja con todos… porque está enojado con él mismo… Está tan preocupado… Pobre”.tormenta afuera y adentro

Vamos por buen camino, se da lugar a un poquito de comprensión. La escucha iba ayudando a ordenar el mensaje. Empezaba a registrar al otro. Empezaba a correrse del centro, del desconcierto y a descubrir, incipientemente, que a su marido le pasaba algo.

Y siguió: “Yo no sé qué hacer. No sirve que le diga nada, no me escucha. Insisto en que no puede estar así, que no hay derecho a que todos tengamos que bancar su mal humor porque lo esté pasando mal.

Está cada vez más preocupado por la plata, las cuentas, el poco trabajo, la situación económica, se desespera, se hunde en eso y parece ser el único tema”.

  Un escudo imbatible 
Hay un tiempo en que los defectos del otro no se ven o no importan. Porque el encandilamiento
que produce el ser del otro lo supera todo. Sus brazos bastan como refugio para las preocupaciones, sus ojos nos envuelven comprensivos disolviendo en un instante mágico toda dolencia, todo malestar, toda crisis proveniente tanto del mundo exterior como de un interior atribulado.

Casi siempre en tiempos
de crisis externa, hay uno
que está más atento a los
síntomas que el otro.

Entonces, nada logrará abatirlos jamás porque el amor de su vida está al lado para contrarrestar cualquier vicisitud, para servir de escudo imbatible en las batallas. La presencia del otro es suficiente para enfrentar la vida con sus alegrías y dificultades. ¿Una crisis económica también? Sí, si estamos juntos.

  Más que una fórmula 
Existen momentos que llenan de contenido, de madurez, de solidez el “tanto en la prosperidad como en la adversidad” proclamado frente a testigos. En esa fórmula que pronunciamos al entregarnos por entero en matrimonio, nos estamos diciendo que vamos a amarnos y a respetarnos incondicionalmente.

Y, si bien lo estamos pronunciando en un contexto de celebración único de felicidad extrema, se trata de “atrapar” esa promesa para evocarla a lo largo de la vida y pronunciarla de manera especialmente fuerte en esos momentos en que “no doy más, estamos mal”, “él está todo el tiempo de mal humor” o “ella no me da bolilla, no está cariñosa”.

Siempre podemos mirar al otro o a la crisis.

   Me comprometí   
Pero ese día en que pronuncié el consentimiento matrimonial, yo me comprometí a amarte y a respetarte en la prosperidad como en la adversidad. Yo me comprometí a cuidarte.

Volvamos a la angustia planteada porque la realidad exterior, pasajera o no, estaba amenazando con apoderarse de ese compromiso una vez compartido.

EXISTEN MOMENTOS QUE LLENAN DE CONTENIDO,
DE MADUREZ, DE SOLIDEZ EL “TANTO EN LA
PROSPERIDAD COMO EN LA ADVERSIDAD”

PROCLAMADO FRENTE A LOS TESTIGOS

A ella la movilizó la promesa hecha, el compromiso tomado, el recuerdo de lo bien que estaban solamente con tenerse el uno al otro. No sabía. Creía que le molestaba el mal humor de él, sus protestas, la agresividad. Hasta que se dio cuenta de que le dolía el dolor del otro, le dolía la frustración del otro. De ese otro que había planeado con ella que “en las buenas y en las malas, prosperidad y adversidad, pan y cebolla”.

Y se lo habían prometido los dos, el uno al otro. Y quería honrar esa promesa. Y que él la honrara. Ese era el dolor. Esa era la molestia.

  Límite no es ruptura 
Esta situación es la de tantas parejas en tiempos signados por las dificultades económicas, por la hostilidad generalizada que bombardea a uno y a otro miembro de la pareja por igual.

Son momentos de prueba, fuertes, que empujan al límite. Que no conducen inexorablemente a la ruptura. Somos los protagonistas de nuestra vida, de nuestras decisiones, somos los responsables de sus consecuencias. Así como lo somos de haber expresado el consentimiento matrimonial entregándonos al otro.

  ¿Al 100 o al 50%? 
¿Es tarde cuando se llega a ese clima, cuando se “amarga” el vínculo? Definitivamente, no. Es uno de esos momentos de prueba. Si hay uno en condiciones de registrarlo, la solución está en camino.

Los dos nos prometimos mutuamente el cien por ciento de nosotros. No el cincuenta, porque el otro me da el cincuenta.

Entonces, si bien es duro percibir que el otro no me está dando, si soy capaz de notar ese clima y rechazarlo, es el momento de actuar dándome al cien por cien, para completarnos, para ser ese uno que formamos. No es el momento de exigir a quien no puede más. Es el momento de sacar valentía y fuerza y ser quien abraza, cobija y otorga al otro lo que de él se espera.

  Captando los síntomas 
En esto el egoísmo, el egocentrismo, el regateo, el intercambio, no tienen cabida. “Hoy estoy para vos, no espero de vos, pero te espero a vos”.

Casi siempre en tiempos de crisis externa, hay uno que está más atento a los síntomas que el otro. Y el cambio, la diferencia, se hará si esa persona que está atenta, en lugar de acumular pruebas en contra del que no está en su mejor momento, se fortalece, renueva su SÍ, y con coraje lo protege, recordando su promesa porque es quien está en mejores condiciones de hacerlo.

Cuando estas tormentas arrecian, el vínculo alimentado y fortalecido desde el minuto cero es el gran recurso.

  Hay recursos 
Apostar a la comunicación, crecer en el diálogo como método con una dinámica prefijada por ambos, encontrar una actividad, un grupo de reflexión, un espacio que esté por encima de la coyuntura, de la rutina, son algunos de los medios que ayudarán a salir adelante.

“Contigo pan y cebolla”, “en las buenas y en las malas”… Frases que casi a modo de juramento podemos leer en los labios de alguna joven pareja, quizás en plena etapa de enamoramiento inicial, donde todo es encantamiento, deslumbramiento.

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Ser nosotros. María Cornú Labat

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