¿TODO ES SUERTE?

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Si la vida es una lotería, no nos queda más opción que comprar el número y… ¿si es una aventura? Entonces, somos protagonistas.

 

Felipe Yofre | Escribano | Instructor en talleres de Protege tu Corazón | felipe@escyofre.com.ar
I Pilar Giambastiani de Tavelli | mpgtavelli@gmail.com

 

H ace un tiempo, nos encontrábamos con mi mujer en un pueblo, a cien kilómetros de la ciudad de Buenos Aires llamado Lima, famoso por su central nuclear. Mientras ella hacía unas compras, tuve que esperarla en la plaza central, como de muchos pueblos, coqueta y arreglada.

Entre algunos atractivos que tiene la plaza, lugar de reunión de los vecinos, se encuentra una pérgola de metal, redonda con bancos también redondos en su interior, que forman una especie de “living obligatorio a la conversación”, máxime si hay buen tiempo y no mucho apuro. Las enredaderas y el paso de calendarios ayudan a que la pérgola se vista de a poco de un verde fuerte.

Suelen juntarse vecinos en esa pérgola, más bien de avanzada edad, donde las conversaciones en general apuntan más a recuerdos que a proyectos.

   En el amor como en el juego   
Esa mañana, de otoño agradable, me senté y a los pocos minutos estábamos en generoso diálogo con Carlos (cambié su nombre), ya jubilado y por lo que me expresó, con muchas batallas encima.

Me contó que desde hacía muchos años jugaba a la lotería, todas las semanas al mismo número. “Compro una ilusión el sábado que al jueves siguiente se me esfuma, pero con unos pesos vuelvo a vestir la esperanza por casi una semana más, hasta una nueva desilusión que renace de la manera que te conté”, explicó. “Con un solo acierto me hubiese cambiado la vida, pero quién sabe, quizás la semana que viene…”.

Además de esa “desilusión semanal” me confesó que tampoco le había ido bien en el amor. Su matrimonio había fracasado. Como tantas otras historias habían comenzado enamorados, con ganas y mucha fe en el porvenir. “¡Pero tampoco tuve suerte con este número!” agregó.

 

ES PELIGROSO QUE NUESTRA VIDA DEPENDA
DE TENER O NO TENER SUERTE

Instantes después, saludó con una sonrisa tristona y con paso cansino se fue camino a su casa.
Quiero aclarar que no tengo nada particularmente en contra de las loterías, quinielas, etc.

   Espera letal   

Pasó más de media hora hasta que mi mujer apareció. En ese interín debo confesar que no se generaron buenos sentimientos en mí. La paz del lugar y el tiempo de espera me hicieron reflexionar que la “compra de un número” y la espera de que salga nos pueden colocar en una actitud pasiva que puede ser letal.

Puede llegar a ocurrir, como en el caso de Carlos, que esa “compra de ilusión” haga que nuestra vida en lugar de ser un espacio de “búsqueda” de la felicidad, sea simplemente de “espera” y terminemos buscando la razón de nuestros fracasos en “no haber tenido suerte”.

No somos conscientes de lo peligroso que puede ser que nuestra vida dependa de tener o no tener suerte. Que comprar números de lotería y que nuestro éxito, el verdadero éxito que no es otro que la felicidad, dependa de la suerte.

   Y, ¿si no te toca?   

Pensé para mis adentros cuántos somos los que en lugar de atropellar la vida a corazón y sudor “compramos” pequeñas ilusiones que desvían nuestra atención, nos acomodan en una pérgola y en lugar de ser protagonistas de nuestra vida, echamos “culpas” a la fortuna que no nos llegó.

Ese “esperar” que la felicidad nos toque tiene como una dimensión de adormecimiento del presente, cuando en el hoy justamente es cuando forjamos nuestro futuro y nuestra felicidad. Y esto es malo en cualquier momento de la existencia, pero especialmente grave en la adolescencia y la juventud. Es la edad que llamo “de fuego”.

Y esto es aplicable a cualquier aspecto de la vida. El emocional, intelectual, trascendente (planificación y búsqueda de objetivos), en lo económico, y por supuesto que también en el amor.

   Esa dosis de azar   todo es suerte

¿En el amor? ¡Sí, claro! Como nuestro amigo, muchos piensan que el éxito en el amor es cuestión de suerte, como comprar un número de lotería. No vamos a negar que una dosis de azar exista en cualquier proyecto de nuestra vida, pero el decir que el éxito depende de la suerte nos transforma en piezas inertes, en fichas de dominó y no en artistas principales de nuestra vida.

Si la vida es una lotería, nuestra voluntad se reduce a “comprar el número”. Pero la vida es una aventura. Allí lo que hagamos cuenta mucho. Y de cómo veamos los problemas y los encaremos depende si estos se convierten en peldaños para crecer… o no.

   Una decisión   

Ser feliz es una decisión, estoy convencido.

Busquemos concienzudamente, tercamente, alegremente, con uñas y dientes la felicidad, llenando el espacio y el tiempo con nuestra impronta.

Un autor español decía: “prefiero una vida llena que una vida larga”. Salgamos de la comodidad de nuestra “pérgola” y aceptemos cada día como un regalo, que para que sea completo debemos beberlo hasta la última gota. Desgastarnos como una vela que ilumina hasta el fin.

No nos traguemos el cuento de que la vida es una “lotería”. La vida es una aventura. Estamos invitados a recorrerla. Y eso es maravilloso.

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