TIENE UN SAPO EN LA BARRIGA

CHICOS

La merienda del recreo puede ayudarnos a reforzar distintas actitudes en nuestros hijos. ¿Qué situaciones genera y cómo aprovecharlas?

MARÍA JOSÉ CASTILLA SASTRE | DOCENTE | MAJO_CS@HOTMAIL.COM

L es propongo cerrar los ojos unos instantes e imaginar a su hijo en el patio con su merienda en la mano. Se acerca algún compañero a pedir que le convide, o quizás lo quiere obligar a hacerlo. ¿Qué responderá él? A su lado, una compañera con sus galletitas favoritas ¿Sabrá pedirle amablemente? Y si se lo niega, ¿cómo reaccionará?

Empatía

Luchi vuelve del colegio de la mano de su papá. “Juan es malo, nunca me quiere compartir”, acusa. Mientras tanto, Juan está hablando con su mamá: “Luchi siempre me pide comida y me trata mal”

La percepción de los niños no necesariamente coincide con la realidad. Recordemos que durante el principio de la primaria siguen en una etapa evolutiva egocentrista. Es común que un niño de 6 años diga que una compañera “convidó a todos los demás y sólo a él le dijo que no”, aún cuando probablemente no esté viendo el panorama completo.

Los adultos podemos, a través de preguntas que inviten a la reflexión, ayudar a nuestro hijo a “ponerse en el lugar del otro”. Habrá que estar atentos a situaciones similares que se den en casa. También sirve hacer un juego de roles. Estaremos ayudándolo a empatizar, a percibir sentimientos ajenos.

Por primera vez

La merienda, junto con las cartucheras, es uno de los primeros contactos de los alumnos con el concepto de “propiedad privada”, un concepto social. Es lógico que necesiten ayuda para comprenderlo.

Muchas veces intentamos transmitir a nuestro hijo valores y actitudes como la generosidad y la solidaridad a través de donación de alimentos, dinero o ropa. Esta situación de recreo, cercana, más palpable, es mucho más significativa para ellos: comparten SU comida.tiene un sapo en la barriga

La merienda representa algo más que comida para el niño. Probablemente sea la primera vez que lleva al colegio algo que siente como propio para “administrar”. Esta situación se repetirá a lo largo de su vida incontables veces. Los bienes materiales son, también entre adultos, un mediador en los vínculos.

Decir que sí, decir que no

No sólo a compartir se aprende. A decir que no, también. “Mamá, no quiero llevar cosas ricas hoy, porque me van a pedir y no me va a quedar nada”. No todos los niños se animan a plantearlo así. Algunos comen a escondidas, o responden que “su mamá no los deja compartir”.

La merienda es un refuerzo necesario para la alimentación de nuestros hijos y alumnos, y así debemos transmitírselo a ellos. A veces nos olvidamos de ver el mundo con ojos de niño, y nos encontramos teniendo que aclarar cosas que habíamos dado por supuestas. Algunos chicos escuchan que deben “ser generosos y compartir siempre” y luego sufren con la sensación de culpa que les genera querer negarse y la impotencia al no poder hacerlo.

“Decir que no”, salir de situaciones incómodas, soportar presiones, son actitudes que podemos trabajar junto con nuestros hijos desde pequeños. Es parte del proceso de probar y equivocarse, para ir encontrando el modo de sentirse cómodos entre el compartir y el disfrutar. Para eso, es importante nuestro acompañamiento y mediación.

Aprender a pedir

“Esas galletitas son mis preferidas”, le dice Sofi a Fran con una mirada inquisidora. “Quiero una galletita” o “Dame una galletita, por favor” son frases que se escuchan habitualmente.

“Luchi siempre me pide
comida y me trata mal”

Es notable que muchas personas, también adultas, olvidan pensar cómo pedir antes de hacerlo. Pocas veces nos animamos a probar preguntando “¿me convidás una?”, quizás por miedo a recibir una respuesta negativa. Pedir es, ante todo, preguntar, lo cual implica aceptar la respuesta del otro. No siempre nuestros hijos tienen en claro esto y se esfuerzan por usar “palabras mágicas” para luego enojarse ante la respuesta del otro.

 

Para saber más:

Inteligencia interpersonal. Howard Gardner.

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TOMATE UN MOMENTO

Ayudar a nuestro hijo a “ver más allá de su nariz”, a elaborar y analizar una situación a través de preguntas.
¿Quiénes y cuántos estaban involucrados en la situación? Nombrar a los amigos puede ayudarle a evitar el fantasma de “todos” y “nadie”.
Prohibir las palabras “siempre” y nunca”, para enfocarse en una situación concreta.
¿Por qué será que tu compañero actuó así? ¿A alguien más le habrá respondido igual? ¿Cómo reaccionaron los compañeros frente a su respuesta? •Invitarlo a preguntar al compañero el “por qué” de su respuesta, en lugar de suponer.

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SOLUCIONES PRÁCTICAS

Nuestro hijo puede armar su propia lista, a medida que las va aplicando.
Antes de repartir, separar lo que comerá él
Fijarse cuántos compañeros le piden y así partir la comida de forma que alcance para él también.
Saber anticipar cuándo le pedirán varios y tendrá que prepararse para decir que no sin más remedio.

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