SIN PREMIOS NI CASTIGOS

CHIQUITOS   ♦  Disciplina Positiva

Cuántas veces nos encontramos repitiendo: “Te lo dije mil veces”, “¿en qué idioma hablo?”, “termino haciendo todo yo”, “me tienen cansada”…

LIC. LOURDES GONTÁN Y LIC. ROCÍO TORANZO | POSITIVE DISCIPLINE PARENT EDUCATORS

L os chicos nos presentan desafíos a diario: “No me quiero bañar”, “esta comida no me gusta”, “la tarea la hago después”, “odio a mi hermano”.

Los papás, muchas veces, no sabemos cómo reaccionar porque no tenemos las herramientas necesarias o, en otros casos, recurrimos a lo conocido: el castigo. Entonces gritamos, amenazamos, pegamos. Estas estrategias parecen funcionar porque interrumpen la mala conducta, pero sólo transitoriamente. Al rato estamos retándolos por lo mismo.

Hoy, en cambio, nos preguntamos: ¿cuáles son las consecuencias del castigo? El castigo genera en los chicos resentimiento, rebelión, revancha y, en el peor de los casos, retraimiento y baja autoestima.

No perdamos de vista el objetivo de encontrar
juntos soluciones y transmitirles valores y
habilidades para la vida.

La propuesta que traemos es educar con Disciplina Positiva, que significa con amabilidad y firmeza. Mediante la amabilidad respetamos a los chicos; mediante la firmeza nos respetamos a nosotros y a la situación.

Jane Nelsen, creadora de la DP, se pregunta: “¿De dónde hemos sacado la idea loca de que para que los niños se porten mejor, antes tenemos que hacerlos sentir peor?”

La Disciplina Positiva propone educar sin premios ni castigos: sin penitencias, sin sacar privilegios, sin gritos, sin sermones, sin amenazas, sin golpes, sin recompensas, sin elogios.

Muchos se estarán preguntando: ¿Y entonces qué hago? ¿Recompensas y elogios tampoco? La respuesta en DP es no, porque son motivadores externos y no enseñan autodisciplina, autocontrol ni el deseo de contribuir por iniciativa propia. Por el contrario, sostiene, «convierten a los chicos en adictos a la aprobación».

De esto se trata, de proveer a los padres herramientas no punitivas basadas en el respeto mutuo que, antes que corregirlo, pretenden crear conexión con el niño e involucrarlo en la búsqueda de soluciones.

No todas las herramientas funcionan para todos los niños en todas las situaciones. Por eso la Disciplina Positiva aporta un gran abanico de herramientas para las edades y aplicables en infinidad de situaciones.

No se quiere ir a dormir

Cuadro de rutinas: Se arma con el chico usando fotos/dibujos de cada paso. «¿Qué sigue ahora en el cuadro de rutina?” El cuadro manda. Actúe sin palabras: anticiparle lo que planeamos hacer y hacerlo de forma amable y firme. Mantener la boca cerrada.

Tiempo especial: Pactar un rato de atención exclusiva y compartir una actividad que ambos disfruten.

Se pelean todo el día

Ponerlos en el mismo bote: mantenerse neutral promoviendo que ellos encuentren soluciones; separarlos si es necesario pero sin rotular víctima/victimario.

Decida lo que hará: en lugar de forzar a los niños a hacer algo. “No voy a arrancar el auto hasta que dejen de pelear.”

Acuerdos: Hacer con los chicos una lluvia de ideas, elegir una entre todos y ponerse plazos.

La hora de comer es una lucha

Opciones limitadas: invitan al poder compartido. “Podés elegir entre fideos o ravioles.”

Cumpla lo dicho: si lo decís, decilo en serio, y si lo decís en serio, cumplilo. “A las 21 levantamos los platos.”

Consecuencias naturales: permitir que experimente hambre alentándolo a esperar la próxima comida, evitando el ‘Te lo dije’. Consolar sin rescatar para que desarrolle el “yo puedo.”

Es un caprichoso

Distraer y redirigir: en lugar de decir ‘No’, redirigir a “Esto sí podés”. Distraerlo con cosquillas.

Abrazos: establecer contacto visual y decirle “Necesito un abrazo”. Esperar a que el niño lo dé. Los abrazos ayudan a sentirse bien. Los niños y adultos se portan bien cuando se sienten bien.

Validar los sentimientos: permitir que experimenten sus sentimientos, validándolos: “Veo que estás muy enojado”. Tener confianza en que pueden manejarlo. No rescatarlos.

Cariño y firmeza

Jane Nelsen creó la Disciplina Positiva hace más de 30 años basándose en los principios de la psicología de Alfred Adler y en la teoría de Rudolf Dreikurs. Nos enseña cómo educar con firmeza y cariño y nos invita a pensar: “¿De dónde hemos sacado la idea loca de que para que los niños se porten mejor, antes tienen que sentirse peor?”

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