RODRIGO BUENO

[Integración y diálogo]

 

La Ciudad de Buenos Aires busca la integración de las villas a través de diversas políticas públicas. ¿Quiénes habitan esos barrios? Familias.

 

María Amalia Caballero | Dra. en Comunicación Pública | direccion@sembrarvalores.org.ar

 

L os nuevos barrios que están naciendo en la Ciudad de Buenos Aires se caracterizan -entre muchas otras cosas- por la actualidad de sus denominaciones, como Barrio Papa Francisco o Barrio Rodrigo Bueno.

“Desde el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC) se realizan esfuerzos considerables para integrar a los habitantes de los distintos asentamientos que fueron creciendo a lo largo de estos años», afirma Juan I. Maquieyra, titular de dicho organismo.

En primer lugar, Maquieyra asume la responsabilidad del Estado frente a esta realidad. “Durante 40 años o más, la ciudad ha dado la espalda, ha permitido que se generalizara la instalación de estos asentamientos; más allá de las conductas personales, hay una ausencia del Estado a lo largo de estos años”.

Y repasa cuáles fueron los intentos que se realizaron para erradicar este modo de vida: “Por un lado están esos monoblocks alejados de la ciudad y muchos de ellos abandonados; por otro, la violencia de sacar a la gente y sus familias del lugar entrando con maquinarias, con armas. Son imágenes que no quisiéramos volver a ver. Pero, más allá de eso, se han demostrado ineficientes.”

“Por primera vez -sostiene Lucas Randle-, se comprende que la vivienda de las personas con menos posibilidades no tiene por qué estar en la periferia, que el Estado no puede sacarlos afuera, que el esfuerzo de integración debe hacerse de ambos lados.”

Randle está al pie de obra en el Barrio Rodrigo Bueno. Es un hombre que aporta una importante experiencia en esto. Tuvo durante varios años una importante tarea en TECHO, organización que construye casas humildes para “sacar a la gente del barro”, como suelen definirse. Pero, claro, ahora experimenta que es mucho más justo y completo trabajar de esta manera.

Según Maquieyra “hay distintos tipos de ‘urgencias’; por ejemplo, muchas de las casas que están sobre el Camino de Sirga, a orillas del Riachuelo, se encuentran sobre suelo contaminado. Esas familias se mudarán a casas nuevas construidas a 30 metros de la costa. Mientras, la mayoría están siendo adecuadas para las necesidades de las personas que las habitan.”

 

Derechos humanos
Hay algo más, y el funcionario no lo omite: “se trata del derecho humano a la vivienda reconocido por nuestra Constitución Nacional, de allí que, a pesar de las irresponsabilidades que puedan encontrarse en el camino, somos conscientes de que todos los habitantes de esta ciudad tienen ese derecho. Y esto incluye no sólo el techo sino también a los mismos servicios de los que disponen los demás habitantes, tales como agua corriente, cloacas, calles, entrada de medios de transporte públicos. Acceso a la educación y al cuidado de la salud.”

Lucas agrega: “Dedicamos muchas horas al diálogo, al consenso, pero también también, y especialmente, a la educación. Se trata de todo un cambio cultural. Enseñamos a mantener limpios los espacios comunes, también a planificar sus gastos ya que comenzarán a pagar los servicios, a pagar la compra de su casa.
Otro tema crucial es la violencia intrafamiliar como entre vecinos que debe ser contenida con mucha frecuencia.”

“Estos cambios son las medidas más revolucionarias que se están llevando adelante desde este gobierno, proyectos de integración social y urbana”, agrega Gabriel Astarloa, Procurador General de la Ciudad de Buenos Aires. “Nada patentiza mejor la decadencia de la Argentina que el crecimiento en cantidad y población en las villas. Es la mejor respuesta a este problema, que descarta el desalojo compulsivo y reconoce el valor del arraigo.”

En Rodrigo Bueno, nos explica Lucas, “la mayoría son familias originarias de países vecinos que llevan más de 20 años viviendo aquí. Ya son argentinos ellos, sus hijos y sus nietos.”

 

Una nueva forma de trabajo
Maquieyra, serenamente, va despejando las dudas que se plantean, en el contexto de una charla en el Jockey Club de Buenos Aires. “Confiamos en que la igualdad de oportunidades permitirá que los vecinos desarrollen todo su potencial.”

Mientras Lucas agrega: “Para intentar superar errores anteriores dialogamos con los vecinos. Paso a paso, vamos consensuando con la comunidad y con los futuros propietarios las características de sus respectivas casas. Las unidades de vivienda serán compartidas por varias familias en no más de cuatro pisos. El número de ambientes, y el destino de los mismos, se resuelve familia por familia, mientras que la toma de decisiones acerca de los ambientes que serán compartidos se ponen sobre una mesa de debate.

 

«NADA PATENTIZA MEJOR LA DECADENCIA DE LA
ARGENTINA QUE EL CRECIMIENTO EN CANTIDAD Y
POBLACIÓN DE LAS VILLAS. ESTA ES LA MEJOR
RESPUESTA A ESTE PROBLEMA, PORQUE RECONOCE
EL VALOR DEL ARRAIGO».

Gabriel Astarloa – Procurador General de la Ciudad de Buenos Aires

 

Al pensar en cada barrio también surgen opciones diferentes ya que no se trata solamente de construir nuevos edificios si no de acercar al concepto del barrio a las viviendas existentes.”

 

Integración es la palabra
“Creemos que integración es mucho más que una palabra y que se afianza de maneras muy diferentes.

Cubiertos los requerimientos básicos, podemos agregar la necesidad y conveniencia de desarrollar actividades que contribuyan al enriquecimiento cultural de la población -sostiene Juan I.-.; la mayoría llega expulsada por la falta de trabajo y de oportunidades en el interior de nuestro país y los países vecinos.

Para algunos la mudanza a pocos metros de donde estaba su casa originaria, que fue necesario demoler, constituye la primera vez que se trasladan. Lo viven como algo que jamás soñaron que lograrían en su vida.”

No se pasa por alto la necesidad de regularizar la documentación, de definir la forma de pago. Pasan a ser propietarios, pasan a ser y sentirse más propiamente ciudadanos.

 

Lucas Randle, María Amalia Caballero y Gabriel Astarloa.

Por qué Rodrigo Bueno

“¿Por qué me apasiona este tema? Porque el foco no es la construcción sino la atención a la persona -nos dice Astarloa-. La ciudad tiene 290.000 personas que viven en 45 villas. El ‘leading case’ es el Barrio Rodrigo Bueno, porque la demanda de los vecinos por una solución habitacional desde hace una década está judicializada y debía ser lo primero que encarásemos adelantándonos a una posible sentencia, trabajando para concluir en un acuerdo entre el Gobierno y los vecinos que pueda ser homologado por la justicia. Es una solución virtuosa para un problema real.”

Y Randle agrega: “Astarloa es una pieza clave para haber llegado a esta solución, donde el diálogo y los derechos de la persona y las familias son el centro.”

Recorrimos el barrio con Gabriel y Lucas. La construcción se mimetiza perfectamente con la zona de Puerto Madero que tiene tanto ladrillo visto y también con el tipo de construcción de algunas casas preexistentes. Los obreros están terminando su trabajo; Randle aprovecha para contar que más del 20% de la mano de obra corresponde a los vecinos del Barrio.

Pero esas casas, esas calles, ¿por quiénes serán habitadas?, ¿quiénes las transitarán?, nos preguntamos, y es Adrián Dall’Asta, Director de Desarrollo Familiar en la Ciudad de Buenos Aires, quien nos responde: “Sus habitantes son familias y con ellas trabajamos, es nuestra misión.”

 

Juan I. Maquieyra
Presidente del IVC Lic.

Lic. en Ciencias Políticas (UCA), obtuvo un magíster en Políticas Públicas (Harvard).
Fue responsable de las negociaciones de los salarios del cuerpo docente de toda la Ciudad de Buenos Aires e integrante de la Mesa de Negociaciones del Ministerio de Educación de la Ciudad.
Fue asesor en la Cámara de Diputados de la Nación y en el Ministerio de Desarrollo Social.

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Familias fuertes
Adrián Dall’Asta

Hace ya un año, con ayuda del IVC, desembarcamos en el Barrio Rodrigo Bueno.

De la mano del Programa Familias Fuertes*.  Trabajamos con las familias del barrio para prevenir las problemáticas que más les preocupan, y que más hacen mella en el desarrollo de sus adolescentes, como la deserción escolar y sus consecuencias habituales: drogas, alcohol y embarazo precoz.

Junto a padres e hijos trabajamos en el desarrollo de las habilidades parentales, en los proyectos de vida de los adolescentes, en mejorar la calidad de la comunicación del hogar, en las relaciones entre sus integrantes, etc.
De esta manera fortalecemos los aspectos básicos que se presentan como agentes protectores frente a los riesgos que deben enfrentar día a día.

Trabajar con el grupo familiar en su conjunto, con los padres y los hijos, por medio de dinámicas vivenciales, genera cambios profundos en los hábitos familiares. Evaluamos continuamente el efecto de las prácticas para comprobar si efectivamente nuestras intervenciones tienen el efecto positivo que buscamos en esas familias.

Cada vez son más quienes que se acercan a participar, incluso muchos se quedan con ganas de repetir la experiencia. Fácilmente se propaga de boca en boca entre la comunidad, porque las familias perciben en su propio hogar los frutos que generan estos encuentros.

Algunos vecinos del barrio que participaron del programa están capacitados para replicar el programa de manera independiente, continuando así con el proceso que nosotros comenzamos y generando una nueva cultura hacia adentro de la comunidad.

Es un orgullo enorme para todos los que trabajamos detrás de este gran proyecto ver el progreso diario y la transformación de las familias y del barrio mismo que, sin dudas, se comprometen a  construir un futuro mejor

 

Una iniciativa por la que decidimos apostar luego de observar los resultados de más de 30 países tras haber aplicado el programa preventivo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (UNODC).

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