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REPENSANDO LA LECTURA

  CHICOS  

 

Cultivar el hábito de la lectura en nuestros hijos requerirá de nosotros mucho más de lo que imaginamos. ¿Por qué?

 

María José Castilla Sastre | Docente | castilla.majose@gmail.com

 

D  esde muy chiquita me gustó leer. Era de esas “especies extrañas” que, al llegar a una casa ajena, lo primero que quería era explorar las bibliotecas. Podía estar horas leyendo mientras otros jugaban a la casita o a las escondidas. Hoy leo, y es algo que disfruto inmensamente. Por eso no puedo hablar en primera persona cuando me pongo a escribir acerca de “los chicos que no leen”. Así, con tono de reproche, como se suele escuchar.

Si acaso mis padres hicieron algo distinto, no podría decirlo. Sinceramente no creo que haya una receta, aunque sí muchos ángulos posibles desde donde reflexionar para dejar surgir nuevas ideas, como seguramente lo tuvieron que hacer alguna vez nuestros padres y sus padres. No, no creo que sea algo de estos tiempos. A decir verdad, me sorprende lo mucho que leen y escriben algunos de los adolescentes hoy. Fenómenos como los Booktubers, el Fanfiction, blogs y wikis dedicados a la saga de moda, agotada en la librería… Podemos diferir, pero no creo que Internet sea una competencia a la lectura, sino muchas veces un medio más. Varios signos de pregunta se abren, entre expertos, en torno a los modos de lectura que hoy conviven a partir de la red… De lectura y de producción, pues constantemente los chicos, y no tan chicos, producen textos y los comparten en ella.

repensando-la-lectura-1Pero, como una apasionada del olor a libro nuevo, voy a centrarme hoy en la lectura ‘convencional’, por llamarla de alguna manera.

Podemos diferir, pero no
creo que Internet sea una
competencia a la lectura,
sino muchas veces un
medio más.

  Un pasatiempo más  
Leer es un pasatiempo, uno de muchos. Es en vano aclarar que los chicos son todos distintos y, como tales, es lógico imaginar que algunos gustarán más de leer que otros, de la misma manera que algunos disfrutan de cocinar, jugar a la pelota, dibujar… Sin embargo, en general nuestra actitud para que lean es muy diferente a la que solemos manifestar frente a sus otros gustos y pasatiempos. Quizás esto es fruto de la presión social porque sabemos, y con razón, que un chico que lee encontrará un obstáculo menos al atravesar el sistema educativo. Pero corrámonos por un momento de la lectura como “tarea”, y visualicémosla como un pasatiempo más.

¿Cómo estimulamos a nuestro hijo para que le guste cocinar?, ¿o jugar a la pelota? Probablemente acompañamos: cocinamos y pateamos con él, miramos programas de cocineros expertos, lo llevamos a la cancha, pintamos su cara cuando juega la selección, compramos un delantal lindo, o una camiseta con su nombre. Desde ese lugar,  podremos transmitir lo apasionante de estas actividades, viviéndolas junto a ellos. Algo muy distinto sucede cuando nos preocupamos por que lea: solemos entenderlo como un acto de soledad, nos olvidamos de que hay mucho de transmisión y creemos que es algo que debe descubrir por sí mismo. Pero, como con la pelota y la cocina, el objeto por sí mismo puede despertar entusiasmo y curiosidad al niño, o no. Y la mediación que hacemos en esa interacción entre ambos es crucial.

 

COMO CON LA PELOTA Y LA COCINA, EL
OBJETO POR SI MISMO PUEDE DESPERTAR
ENTUSIASMO Y CURIOSIDAD AL NIÑO, O
NO. Y LA MEDIACION QUE HACEMOS EN ESA
INTERACCIÓN ENTRE AMBOS ES CRUCIAL

  La lectura: ¿una actividad solitaria?  
Seguramente recordamos esos ratos compartidos cuando era más pequeño, y no llegaba aún al metro, en los que nos pedía un cuento. No se borra de nuestra memoria su carita ansiosa por conocer la siguiente página del libro. ¿Cuándo fue que les dejamos de leer, y por qué? Probablemente cuando él ya supo leer y escribir. Tal vez dejamos de sentirnos “necesarios” en su encuentro con el libro.

Quizás él mismo nos pidió alguna vez leer por su cuenta. La realidad es que, como  adultos, no solemos “leernos” en voz alta. Creo que es una pena.

Socialmente imaginamos a una persona leyendo en soledad, en silencio… y nos desacostumbramos a ese ritual de nochecita, seguramente ya metidos en la cama, en que alguno de los presentes leía en voz alta, mientras los demás acompañábamos con risas, suspiros, y ojos bien abiertos.

Suena a película extranjera pensar en una comunidad de lectores, porque no es algo frecuente. Personas catalogadas como “ratones de biblioteca”, que se reúnen a leer textos cortos, o fragmentos de alguna novela. Entre los adultos son especies en extinción. Podemos organizar una reunión en torno a un picadito de fútbol, un bingo o un torneo de cartas pero… ¿leer?, no que yo sepa. Parece que la sociedad misma transmite un mensaje de la lectura como una actividad solitaria. Los invito a que buceen en la colección “Cuentos de sillón”, en el canal de Youtube de Paka Paka. Ustedes, con sus niños. O sin ellos, ¿por qué no? Déjense llevar frente a reconocidos autores argentinos leyéndoles en voz alta… y si pueden alguna vez presenciar en vivo una narración o lectura, se sorprenderán. Porque nunca se es demasiado grande para que nos lean.

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  Leer, ¿para qué?  
¿Cómo puede una actividad que tanto disfrutamos desde pequeños pasar a generarnos rechazo a medida que crecemos? Salgamos de casa un rato: ¿qué pasa en l a escuela con l a lectura? Es clásica la ficha de actividades que tienen los chicos para “después de leer”.

A los educadores les pregunto: ¿cuándo fue la última vez que nos paramos frente al grupo con un libro en la mano, sin consignas esperando? Sólo por el hecho de leer. Suele ser un hábito que, ya en primaria, va perdiendo fuerza y frecuencia. Tarde o temprano, los chicos que antes disfrutaban de leer por placer, descubren que no es algo sostenible en el tiempo. Luego, hay otras cosas para hacer y ya están grandes para que les lean… ¿Qué idea de lectura transmitimos?

¿Y desde casa? ¿Sólo nos ven leyendo “papeles del trabajo”? ¿Leemos nosotros por placer? Tanto los padres como los maestros somos protagonistas en promover una lectura ociosa, por puro placer, dejando de lado los pragmatismos de la cotidianeidad.

Queremos que nuestro hijo lea, pero ¿y si primero retomamos nosotros el contacto con la lectura? La lectura como pasatiempo, y actividad que, sugiero, sea compartida.

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