QUÉ ES Y QUÉ NO ES UN DIVORCIO

 

Las estadísticas no son alentadoras en relación a la cantidad de  matrimonios y la proporción que termina en divorcio. Son pocos los que se animan a explicar qué significa en el desarrollo del proceso familiar. Vamos a intentarlo

 

Carolina Alberro | Lic. en Psicología y Psicopedagogía | carolinaalberro@fibertel.com.ar

 

Para llegar a un divorcio lo primero que tiene que existir es un matrimonio legal previo, el cual incluye un proyecto y unos compromisos jurídicos, y de esto vamos a hablar. Entonces, no es la separación de una pareja que pudo incluir lo legal con otro formato o ninguno. Y, si hablamos de una familia en la que el matrimonio es la base, es mucho más, ya que conlleva un proyecto de pareja en común dispuesta procrear, a tener hijos.

El plan familiar incluye el criar, amar, acompañar, promover el crecimiento de todos y cada uno de sus miembros, y que los hijos, producto de esta unión y parte de ese proyecto, reciban -hasta el momento de independizarse de su núcleo primario- todo lo que necesitan de ambos padres para un desarrollo emocional equilibrado.

 

   Algo se rompe   
El divorcio rompe con un tipo de familia y podríamos decir que da lugar al inicio de otra con características diferentes. Llegada esta situación, para lograr un desarrollo familiar -aunque distinto-, lo más importante es que cada uno de sus miembros cumpla con su función.

El proceso familiar sigue… Según el momento en que se concrete la ruptura y pensando en los hijos, podemos hablar de aproximadamente unos 20 años en los cuales se intenta que el divorcio no altere o, al menos, no impacte de tal manera el proceso de cada uno de los miembros de la familia para que puedan seguir sanamente con su crecimiento y desarrollo personal.

 

   La pareja y el proceso familiar   
La “muerte” de una pareja puede ocurrir por distintas causas: por viudez, carencia emocional o por un divorcio. Si bien las causas y consecuencias no son iguales, me gusta decir que la familia inicia una segunda gestación –la primera se dio en el útero materno-, dado que debe seguir adelante más allá de lo sucedido.

En un proceso familiar podemos distinguir ciertas características:

1. Maritales o conyugales y parentales
2. Que se desarrolle en un lugar (hogar)
3. Que tenga una duración en el tiempo

Ante un divorcio:

1. Las relaciones maritales se modifican (generalmente desaparecen) pero es definitivamente necesario y deseable que las parentales, no.
2. El lugar ya no es un polo; hablamos de dos.
3. Los tiempos son diferentes, no en el proceso de maduración de los hijos, pero sí en las vivencias del tiempo que cada uno experimenta, ya sea en el hogar materno o paterno.

 

   Algunos mitos   
Entre las cosas que me interesa señalar acerca del divorcio es que no se trata de una pérdida solamente afectiva, es una pérdida que requiere que cada uno haga su duelo, son tiempos en que pasan muchas cosas en el interior de cada uno y los adultos necesitan
especial fortaleza para acompañar también a los hijos a transitarlo.

Es algo que va más allá de una situación traumática y para que la familia no se acabe, hay que desechar el mito que dice que los excónyuges se deben odio de por vida. Por el contrario, el nuevo modo de relacionarse es importante porque si no, a los hijos les
queda uno solo de sus progenitores.

Por último, desmitifiquemos aquello de que los tribunales están para castigar al culpable.

 

   A la realidad   
Qué duda cabe de que el divorcio es una crisis que implica para la familia una transición en la cual se ponen en juego crisis  emocionales personales y relacionales que -a su vez- generan un impacto en lo social y en lo económico. Más allá de la posición que tenga la familia, resulta fuerte desde la huella que deja en lo afectivo.

Es una transición, decimos, que lleva a pasar de ser una estructura familiar nuclear a otra binuclear en la que el tiempo se comparte en forma equitativa.

Más allá del proceso jurídico, en el divorcio se cursan etapas en las que su benignidad o malignidad dependerá del tipo de organización familiar que se logre construir.

Lo esperable sería que, quebrada la función marital/conyugal, la función parental siga activa y que conlleve a ofrecer a los hijos una crianza nutritiva y una educación normativa que se mantenga en el tiempo, y que los padres sigan adelante como tales, favoreciendo y ofreciendo a sus hijos identidad y filiación.

Aunque el divorcio -llegado el caso- se vea como una vía de solución a problemas que existen o sentimientos que ya no están, quienes lo afrontan, por tratarse de personas adultas, tienen la responsabilidad de tomar conciencia, como padres, de las situaciones a las que llevarán de la mano a atravesar a sus hijo o no.

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