PROTAGONISTAS DE SU APRENDIZAJE

 CHICOS  

Cuando las tareas escolares se convierten en un peso para los padres, estamos corriendo a nuestros hijos del lugar que les es propio.

MARÍA JOSÉ CASTILLA SASTRE | DOCENTE | CASTILLA.MAJOSE@GMAIL.COM

 

«¡Ya mismo apagás la tele y te vas a hacer la tarea!”… Y nos sentimos un poco como la “Fiona” de Shrek, convirtiéndonos en ogros, cuando empieza a oscurecer.

En el mundo de la educación se debate acerca de las tareas. Existen cuestionamientos interesantes entre docentes e aprendizaje 1investigadores. La mejor actitud que podemos tener frente a nuestros hijos es aceptarlas, mostrarnos interesados y transmitirles la importancia y prioridad que tienen. ¿Qué queremos que ellos “se lleven” de las tareas? Yo lo reduciría a una palabra: protagonismo. Es como cuando les enseñamos a caminar, un proceso en el cual hay que equilibrar el acompañamiento y el sostén con la autonomía y la libertad.

El tiempo y el espacio

La realización de las tareas debería ser un tiempo de paz y tranquilidad, quietud y concentración.

Disponer de un espacio implica apropiárselo. No es imprescindible contar con una habitación especial; el solo hecho de cambiar el mantel de la mesa de una cocina o comedor puede ayudar, quitando todo lo que estorbe a la concentración. La clave es mandar un mensaje visual a nuestro cerebro: “Ahora es lugar de trabajo; es momento de dedicarse a los deberes”.

Como el viejo mensaje: Antes de cocinar, hay que asegurarse de tener todos los ingredientes y tenerlos a mano”. Con las actividades escolares sucede igual: podemos enseñar a nuestros hijos a anticipar los materiales que necesitarán para resolver una u otra actividad.

aprendizajeA medida que van creciendo, la organización de tiempos implicará ayudarlos a hacer una agenda semanal o mensual con fechas importantes, plazos de entrega, programas sociales (que limitarán el tiempo de tareas y por lo tanto deben ser tomados en cuenta) y otras actividades Chicos protagonistas

“¿Alguno sabe cuál es la página del libro que hay que hacer para mañana?” Parece una pregunta lógica, si viniera de Lucas. Pero es el papá de Lucas el que pregunta, en el chat de padres del grado.

Las tareas apuntan a que nuestro hijo sea protagonista de su propio aprendizaje. ¿Cómo pasó que los padres los desplazamos de ese rol? ¿Se acuerdan cómo “nos las teníamos que arreglar por nuestra cuenta” cuando no entendíamos? Llamar a un compañero o recorrer la carpeta buscando actividades similares resueltas en clase, son actitudes de responsabilidad de las que no podemos desligar a nuestros hijos.

Enseñarle a identificar las situaciones
que puede resolver sin ayuda.

Las tareas son una oportunidad para el niño de enfrentarse en casa con actividades que realiza habitualmente en el ambiente áulico rodeado de pares y con el respaldo del maestro. Al encararlas “en la soledad del hogar” puede sincerarse consigo mismo sobre la verdadera comprensión de los contenidos.

Una ayuda inteligente

Lo nuestro es enseñarle a identificar las situaciones que puede resolver por su cuenta y sin ayuda, y aquellas que le generan mayor dificultad. Ayudarle a poner en palabras las dudas que le generan para que las disipe llamando a un par o escribiéndolas para preguntar al docente. Estrategias propias del “aprender a aprender”, desarrollando la competencia de la metacognición.

Las tareas son, para los padres, una ventana al aula, una oportunidad de proyectar a nuestro hijo envuelto en los quehaceres de su jornada escolar. ¿Puede permanecer sentado y enfocado hasta completar los deberes? ¿Lo notamos muy perdido al momento de resolver las tareas? ¿Puede retener y apropiarse de los contenidos trabajados en clase? Ante todo, sugiero que las tareas sean un punto de partida de diálogo con el docente. Él puede darnos más especificaciones y consejos para acompañar a nuestros hijos en estas tareas “del colegio en casa”.

Un desafío, un premio

Es duro para los padres que llegan tarde a sus casa, y comparten solo un rato con sus hijos, que este sea el de tarea, ya que puede generar tensión. A veces es necesario un estímulo externo. Lo ideal, como siempre en los sistemas de recompensa, sería que el estímulo esté directamente relacionado con el objetivo, que se sienta como una grata consecuencia de sus actos. “Si llegué a casa y la tarea ya está realizada, podremos aprovechar ese tiempo para, juntos, ir un rato al parque, jugar a la pelota, ver tu serie favorita o ¿por qué no? jugar a algún videojuego”. La clave para que este sistema funcione es cumplir con lo pactado.

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