PASO A PASO

PASO A PASO

 

[Elecciones nacionales]

 

Ante la proximidad de las elecciones, pedimos a Miriam Mitrece*, experta seguidora de la cosa pública, que comparta con nosotros su  reflexión sobre este tema que nos afecta a todos

 

AArrancó la campaña para las elecciones  nacionales 2019. Durante estos meses, vamos a ver a una pequeña parte de la población sacar a la luz sus grandezas y miserias, tratando de convencer al resto con sus propuestas o con los beneficios que les reportaría votarlos.

Algunos pondrán en la vidriera sus joyas preciadas. Otros, espejitos de colores. Mientras tanto, la mayor parte de la población mirará ¿desconcertada?, ¿ilusionada?, ¿convencida?, ¿engañada?, ¿decepcionada?

Más allá de los sentimientos que esto genere en cada uno, estamos ante actos humanos que implican  decisiones. Y las decisiones, como tales, involucran a la ética. A cada derecho le corresponde un deber. Y así como votar es nuestro derecho, también tenemos el deber de hacerlo con responsabilidad.

 

Un voto vale un voto

En nuestro sistema electoral, los mayores de 18 y menores de 70 años están obligados a emitir su preferencia entre los candidatos propuestos. Los adolescentes de 16 y 17 años y los mayores de 70 no están obligados; pero, si deciden ejercer el derecho, no se los exime de la responsabilidad consecuente.

 

SIN VIDA NO HAY POSIBILIDAD DE ABASTECERSE DE LOS BIENES MATERIALES, NI DE ACCEDER A UNA EDUCACIÓN DE CALIDAD, NI DE PREVENIR Y CURARSE DE ENFERMEDADES, NI DE GOZAR DE UN AMBIENTE LIMPIO, NI DE TRANSITAR EN FORMA SEGURA, NI DE EXPRESARSE LIBREMENTE

 

En este sentido, el primer deber es el de informarse, porque es necesario conocer para decidir. Y, también, habrá que evaluar el contexto antes de tomar una opción consciente.

Sin embargo, no faltan los que, sin ningún “empacho”, te dicen: “a mí no me interesa la política», «yo no sé nada de esto», «no le creo a nadie”, “son todos iguales”. Y, hablando con franqueza, no son  argumentos válidos: se trata, lisa y llanamente, de evadir la responsabilidad. Calmará un poco el sentimiento de culpa personal, pero no aminora la culpa objetiva. En la urna es cuantitativamente idéntico un voto meditado que uno irresponsable. Y, del  mismo,  modo nos afecta a todos.

Aunque muchas veces olvidado, el sistema representativo de  gobierno es una forma de lograr el bien común de la sociedad. El Estado al servicio de los ciudadanos -y no al revés- es uno de  los puntos que no se deberían negociar. En lo que a cada uno  compete, hacerlo lo mejor posible es un deber moral.

 

El primer derecho

Está claro que la elección de un candidato no se decide por un solo tema sino que hay una variedad de cuestiones a considerar: la economía, la educación, la salud, el medioambiente, la infraestructura, la libertad de expresión y un largo etcétera. Ahora, en una escala de valores, cuando se trata del bien común de las personas no se puede soslayar que el derecho a la vida es el  primero que hay que salvaguardar.

 

«COMO LA DICHA DE UN PUEBLO DEPENDE DE SER BIEN GOBERNADO, LA ELECCIÓN DE SUS GOBERNANTES PIDE UNA REFLEXIÓN PROFUNDA»
JOSEPH JOUBERT, ENSAYISTA FRANCÉS. SIBGLO XVII

 

Sin vida no hay posibilidad de abastecerse de los bienes materiales básicos, ni de acceder a una educación de calidad, ni de prevenir y curarse de los males físicos y psíquicos, ni de gozar de un ambiente limpio, ni de transitar en forma segura, ni de expresarse libremente. De ahí que adquiere especial importancia conocer la postura y los antecedentes de los candidatos respecto de la legalización del aborto. No es un tema menor.

 

Cargos a cubrir

Conocer y diferenciar los cargos a cubrir nos conduce a una primera  reflexión. No es lo mismo un cargo ejecutivo que uno  legislativo. No solo porque sus funciones son diferentes, sino  también porque la posibilidad de que las personas que cubran esos  cargos incida en las políticas públicas también será distinta.

Con relación al tema del aborto, en el caso de la elección del presidente, sería exigible que estuviera dispuesto a vetar la ley del aborto, si el congreso lo votara en cambio, en los cargos legislativos, en una lista en la que los favorables a las dos vidas están mezclados, habría que analizar si el voto emitido también  colaboraría con el ingreso de abortistas a las cámaras.

Existe otra cuestión que no podemos dejar de tomar en cuenta es la coyuntura actual. No es lo mismo haber votado a alguien favorable a la legalización delaborto en tiempos en los que no estaba abierto eldebate sobre el derecho a la vida. Estamos en escenarios distintos y la prudencia exige que evaluemos esta situación particular.

 

Las PASO

En las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del 11 de agosto el panorama es bastante claro: una persona que está a favor de las dos vidas, si quiere ser fiel a sus principios,  no alentará a candidatos que apoyen la despenalización y legalización del aborto ni que admita los protocolos de Interrupción Legal del Embarazo como legítimos.

Lo sentenció el ensayista francés Joseph Joubert en el siglo XVIII y sigue vigente: “Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión  profunda”.

 

El voto pensado

A la hora de ubicarnos sociopolíticamente, los argentinos somos muy afectos a pensarnos en polos opuestos, desde el tradicional “unitarios/federales” hasta el posmoderno macrismo/kirchnerismo.

Algunas veces estos extremos binarios se asientan en posiciones incompatibles e irreconciliables. Otras veces son imposiciones del poder de turno que consensúan una polaridad aparente para confundir y seguir manteniendo el poder.

Puede ocurrir que en las próximas elecciones se plantee una nueva grieta, pero estemos atentos a cuál es la línea divisoria: quizás ya no sea, como en otros tiempos, oficialismo u oposición, sino decencia y libertad contra corrupción y totalitarismo ideológico.

 

FUENTE

*Colaboradora habitual en el diario La Prensa,
Directora del Instituto para el Matrimonio y la Familia de la UCA y creadora, junto a su familia, de:

 

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