¿Para qué necesitamos juguetes?

 

 

¿Qué hace que el niño juegue? Un juguete, una pantalla, un objeto de color… o, tal vez, la cercanía de sus padres, la libertad de moverse y reír juntos.

 

Lic. María Catarineu – Especialista en bebes y niños en primera infanciaInstagram: @rayuelatiempodejuego

 

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Al jugar, el niño aprende, fija la mirada convocando a su mamá y a los otros, construyendo así su lenguaje. Manipula el mundo que lo rodea, lo pone a prueba, ensaya, desplegando su inteligencia y creatividad

Es así como comunica sus emociones poniendo a jugar sus alegrías y tristezas, desde las más grandes hasta las más pequeñas.

Por ello el juego en el niño, es el mayor signo de salud.

 

Al darnos cuenta de las grandes riquezas que se activan en el juego queremos conseguir lo mejor para nuestros hijos. Por eso, googleamos páginas infantiles, corremos hacia las jugueterías para elegir los “chiches” que correspondan a su edad. Consultamos al vecino o algún generoso familiar para que nos herede los juguetes, ya que seguramente con todo eso van poder jugar. Pero ¿Qué es lo que hace que un niño juegue? ¿Un juguete, las pantallas, un objeto de color?

 

LOS OBJETOS DE JUEGO

Cuantas veces nos sorprendemos al observar el disfrute de un niño dentro de la caja de cartón que contenía el robot de su cumple. O las carcajadas de un bebe al golpear la cuchara de madera contra el piso de la cocina, mientras los osos permanecen quietos sobre la estantería cercana a su cuna.

Un niño que tiene la capacidad para jugar, es porque primero ha sido jugado por otro, por esa mamá o por quien cumpla la función materna. Durante los primeros tiempos de la relación temprana se va tejiendo entre ellos un campo de juego que los une, ¿y cuáles son los primeros juguetes? La cara de su mamá, su pelo o las manos y pies del bebe. Gradualmente van apareciendo diferentes objetos que representan a su mamá: mamadera, chupete, mantita. Este espacio de disfrute se va ampliando a lo largo de la vida. El juego va trasladándose del cuerpo hacia los objetos que lo rodean. Es así como van evolucionando, del “cu-cu” a la escondida, de arrojar el chupete a atajar la pelota, de tirar una torre a construir una casita.

 

OLORES, SABORES, CARCAJADAS

Vemos entonces como cualquier objeto puede transformase en juguete, ya que su riqueza reside en ser un puente que nos permite vincularnos y entrar en relación.

Desde la proa hasta la popa de un barquito, desde las puntas de un pañuelo hasta el escondite del almohadón.

Los verdaderos juguetes son aquellos que están impregnados de juego, de olores, de sabores y carcajadas, empapados del disfrute de estar juntos. Es por eso que, cuando los chicos llevan a pasear a su oso o flotan con su capa mágica, sienten la seguridad y la confianza de estar llevando con ellos el calor de su mamá o su de su papá. Esa sensación, es la que va generando el sentimiento de autonomía y la capacidad de estar a solas consigo mismo, de crear y re-crearse. Esto es posible si primero jugamos juntos y abrimos espacios de juego entre padres e hijos. Si jugar es hacer, debemos hacer juntos, para después soltar.

 

JUEGO VS PANTALLAS

Actualmente nuestra cultura presenta infinidades de ofertas con opciones de pantallas que va tomando la infancia desde edades cada vez más tempranas. Los niños quedan suspendidos por el carácter hipnótico que los atrae y capturados en una situación de pasividad, donde no pueden pensar, ni producir imágenes mentales propias. Se encuentran sostenidos por cosas y no por la mirada de los otros, quedando bloqueada la posibilidad de expandir su imaginación, de entrar en relación consigo mismo y con sus amigos, de crear acuerdos, de conectarse con sus emociones, de poner a jugar, de jugar para crecer.

 

PARA CADA ETAPA

En los primeros meses los objetos blandos, se adaptan fácilmente a la prensión que puede ejercer el bebe con su mano. Los colores contrastantes ayudan a fijar el chiche y poder seguirlo con la mirada. El cuerpo de la mamá y la superficie del piso sobre una manta o goma eva, es el espacio privilegiado de juego a esta edad. La seguridad y la resistencia que le ofrece esta nueva superficie de juego es la que colabora para el logro de todas las posteriores posturas.

Hacia los de 6 meses en adelante: El bebe es quien expresa el deseo de tomar objetos, porque surge la intencionalidad. Las frutas y las verdura son excelentes juguetes ya que estimulan todos los sentidos al mismo tiempo: color, tamaño, sabor, olor, tacto, y al ser más duros ofrecen más resistencia.

Hacia los 12 meses. Ocurren los juegos de empuje, arrastre y tirar chiches. También es bueno ofrecerle una secuencia de objetos, un cajón dado vuelta, un canasto que lo ayuden a desplazarse. Tanto con los objetos como con el cuerpo de la mamá, este es el momento de poner a jugar el equilibrio para otorgar mayor seguridad.

Hacia 18 meses en adelante. Toman relevancia muchos rituales cotidianos que el niño empieza a reproducir simbólicamente. Es decir, en su juego “hace que come” y “hace como que se va a dormir” representando y poniendo a jugar sus propias vivencias.

Segundo año de vida en adelante. El juego simbólico se fortalece. Un vaso puede usarse de sombrero, una caja como auto. Una modalidad de juego muy rica es la de “poner a jugar el cuento”. Los cuentos clásicos, están empapados de juegos corporales y simbolizan múltiples aventuras que podemos transitar con nuestros hijos. Después de contarlo podemos “salir de las hojas” y elegir los roles de lobo, chanchito, cazador para representarlo, disfrazarnos con algunas cintas de papel crepe y armar el escenario con mantas, sabanas y sillas. Tenemos el inicio –cuento, el desarrollo-la representación y el cierre-el desenlace, donde vamos dejando huella de juego, para que nuestros hijos vayan tomando las riendas de los cuentos.

 

PAPÁS DISPONIBLES

Los hijos toman lo que les padres les ofrecen.

Si jugar es abrir un espacio de encuentro, ¿qué es aquello que a mí me gustaría compartir con mi hijo? es allí donde el juego nace, ya que cualquier objeto, canción, palabra, cuento puede ser “transformado en juguete”, en un puente que nos une.

 

 

 

 

 

 

 

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