PARA COMPRENDER Y ACTUAR

chicos

[Fortnite]

 

La historia se repite, un juego que nos tuvo en alerta todo el año. Resolver cómo manejar el uso de las tecnologías en nuestros hijos no es problema de uno, ¿pensamos junto con los padres de sus amigos y compañeros?

 

Laura F. de Martínez y Larrea | Suscriptora Colegio Los Molinos.

 

R ecuerdo que hace casi un año les decía a mis tres hijos varones: “No entiendo para qué compramos la Play si ni la miran”. Ahora hay una batalla campal entre los dos más grandes por quién juega primero, cuánto tiempo la usan y en qué horario. Todo cambió desde que aprobé conscientemente un juego llamado Fortnite. A partir de este juego, en casa reina una obsesión por jugar a la Play, como dicen los chicos.

¿En qué consiste este juego? Tuve que googlear la respuesta porque, aun cuando les pedí a mis dos únicos jugadores que me enseñaran o explicaran de qué se trataba, no entendí ni una palabra. Claramente, Pacman y Pole Position son mucho más fáciles.

En la cultura del multitasking, Fortnite “simplemente” consiste en un juego de tipo batalla y supervivencia en el que el objetivo es eliminar al contrincante desplegando varias tácticas de resistencia. El último jugador o escuadrón vivo gana. Lo interesante del juego es que requiere por lo general un trabajo virtual en equipo; por eso varios players se organizan para buscarse y encontrarse online con sus amigos; online, no físicamente. El player se queda adonde está la Play junto con su iPod, la PC y casi siempre el celular, todos artefactos que usa al mismo tiempo que juega.

Hasta acá, el juego parece mágico, porque tu hijo está jugando, usa tecnología, habla y juega con amigos, y encima ni te molesta. Pero la realidad es que no sale del cuarto, ni interactúa con amigos: está alienado, obsesionado con el juego, viciado, fanatizado por volver de cualquier actividad fuera de casa para jugar, adicto hasta altas horas jugando. Es tanto el fanatismo del juego, que ya no hay más  invitaciones, no hay más juntadas, ni juega al fútbol.

Pero dentro de este fanatismo e inmediatez del ya y ahora del juego, ¿dónde está el límite? Según expertos, este juego es capaz de modificar formas de vinculación entre los chicos, es una “droga” que genera dependencia —dicen— y convierte en zombis a sus hijos. Para muchos padres, nuestros hijos cambian con el juego su comportamiento, parecen más alienados después de perder una partida que un jugador de fútbol cuando erra un penal. De ser, posiblemente, chicos tranquilos, pasan a estar descontrolados y fuera de sí como si fuese el fin del mundo.

 

El juego requiere un trabajo
virtual en equipo, por eso
varios players se organizan
para buscarse y encontrarse
online con sus amigos. 

 

Son muchos los momentos o puntos de inflexión que para los padres este juego ha generado; por eso hace unas semanas pregunté en el chat de mamis qué reglas ponían con la Play, si permitían usarla en sus casas durante la semana, si tenían horas programadas para su uso, si sólo se empleaba en el fin de semana, etc. Obviamente, las respuestas fueron tan variadas y amplias como fue mi pregunta, pero sí quedó en claro que este juego y seguramente otros que más adelante se presenten, requieren que estemos preparados para poner límites en su uso.

Es verdad que los chicos están todo el día juntos en el colegio, por eso se entiende que después no quieran juntarse. También es verdad que los chicos más adolescentes se aíslan de sus padres, y también es verdad que hoy el mundo virtual es el lenguaje de los chicos y adultos y que no hay que negarlo o batallarlo. Pero también es verdad que somos seres sociales: la tecnología, como leí una vez, nos hace avanzar y nos trae beneficios, pero hay que saber manejarla, y hay que enseñarles a nuestros hijos a manejarla para que evitar adicciones, fobias y violencia

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