¿OBSTÁCULOS O GARANTÍA?

[Los defectos]

 

En el noviazgo los defectos parecen un modo de ser, algo simpático. Con el paso de los años, puede cambiar esa visión y convertirse en escollos o …

 

Felipe Yofre | Escribano | Instructor en talleres de Protege tu Corazón | felipe@escyofre.com.ar

 

S ucedió este verano en una familia que aprecio. Los nombres no vienen al caso.

Es un matrimonio con varios hijos, que tengo el privilegio de conocer y, además de quererlos mucho, transitar, a veces, los laberintos de su intimidad. La intimidad más linda, la del corazón. Charlando con la hija mayor, salió un tema en el cual, delante de sus hermanos, se ponía en tela de juicio una actitud de su madre. Justamente esta charla se daba en ausencia de ella y con presencia del padre. Luego de escucharla con cariño, el padre dio su opinión, en la cual defendía la posición de la madre. A lo que la hija le espoleó:

– Papá, vos no podés opinar, porque vos estás enamorado de mamá y no ves sus defectos…
Él se quedó callado, e instantes después expresó:
– No, reina, puedo opinar perfectamente; es más, creo que soy el que mejor puede opinar. Yo no estoy enamorado de tu mamá, sino que la amo.
– Vos siempre con retóricas de abogado, es lo mismo…- replicó.
– No, gorda, no es lo mismo. Lo segundo necesita por sobre todas las cosas haber conocido, aceptado, trabajado y luego amado a la persona con sus virtudes, pero sobre todo con sus defectos…

Ya de nuevo en mi casa y además, en tiempo de vacaciones, me quedé reflexionando. Soy bastante lerdo para los pensamientos, será por eso que cada tanto los escribo.

Cuántas veces nos puede pasar que, cuando -como pareja- vamos avanzando en el tiempo, llegan momentos en los cuales pareciera que los defectos del otro afloran por todos lados. Lo bueno que tanto nos atrajo queda eclipsado por todas esas características que, ahora, me molestan. “Ese modo de pedir las cosas; ese mal humor me lo ocultó en el noviazgo; es mucho más impuntual de lo que yo pensaba, además de ser muy volado; me siento sola en los quehaceres de la casa…”, etc.

obstaculos o garantiaLuego pude ver que en general, en las parejas, a medida que se superan los desencuentros en el camino de la vida matrimonial, esos defectos -con trabajo y paciencia- son cubiertos por el amor genuino del otro, y pasan a ser distintivos que nos garantizan cuán especiales somos para la otra persona.

   ¿Cómo descubro esta garantía?   
¿Cuándo te sentís y sabes más querido, cuando la otra persona disfruta y valora tus cualidades, que otros han visto, o en la aceptación verdadera de tus pequeñeces, de tus miserias?

Con el correr de los años, con trabajo y apertura de corazón, las parejas logran abrazar -por sobre todas las cosas- las zonas oscuras del corazón del otro. La luz es fácil, la luz llama, la luz brilla, la luz convoca. Hace tiempo, leía que la fidelidad consiste en ratificar en la tribulación, en las sombras, lo que hemos asentido en la luz. Esta aceptación requiere perseverancia y voluntad.

   Con tiempo y libertad   
La libertad y el tiempo son los dos ingredientes necesarios para este logro. Si aflojamos antes, perdimos.

El tiempo: no se puede conocer y aceptar a otra persona de “un sopetón”. Necesariamente, cualquier corazón, cualquier persona requiere de un tiempo e inteligencia. Y digo inteligencia porque abrirse a quien no lo merezca puede resultar un grave error.

 

Los defectos son como esos
ladrillos rotos, que el hábil
albañil hace útiles en un
lugar donde otro ladrillo
entero y bien bordeado no
hubiese entrado.

Ese recorrido para el conocimiento del otro requiere -como la maduración del vino- el respeto de los tiempos necesarios Sin embargo, podemos llegar a encontrarnos con características personales e incluso defectos que nos molesten demasiado del otro y nos impidan seguir avanzando. Para  descubrirlos y cortar a tiempo está el noviazgo.

La libertad: elegir nuevamente a la otra persona, asumiendo y subiendo al “carro de la pareja, que se tira de a dos”, lo que me molesta del otro, en eso consiste el buen uso de la libertad. Si algo daña, lo tratamos juntos.

Nuestro amor, así vivido, nos conduce de una manera muy especial, y aquello que podría desunir nos cohesiona. Lo que podría ser un obstáculo pasa a ser garantía de que nuestro amor es verdadero y un curso aprobado de maduración.

   Nos pertenecemos   obstaculos o garantia 1
Es fácil que nos quieran por lo que otros también admiran. Por lo general, los elogios existen y es lindo que estén en el edificio de este amor, siempre, sostenido por cimientos firmes, que incluyen hierro y escombros conseguidos con esfuerzo y, muchas veces, también con dolor.

Pegando una vuelta, alegrémonos de nuestros defectos y los del otro. Son la demostración cabal de que gracias a ellos nos pertenecemos el uno al otro, en un amor que no es repetible, que nos hace únicos. Palpando nuestra propia vulnerabilidad nos sabemos amados por el otro de verdad; allí, justo allí, está nuestro sostén.

   El valor de saberse amado   
Imagino a los defectos como esos ladrillos rotos o que no están enteros, pero que el hábil albañil los hace útiles en un lugar específico de la pared, donde otro ladrillo entero y bien bordeado no hubiese entrado, con lo cual la pieza incompleta y rota pasa a ser importante y casi necesaria, unida a la casa por el cemento inquebrantable de la aceptación paciente y el amor.

De esa manera surge la pertenencia del otro hacia mí y la mía hacia el otro. La firme confianza de ser pertenecidos da lugar a la gratitud, porque ello no se puede comprar con nada, y la gratitud es el fermento y semilla para que nazca la alegría.

La verdadera alegría, la de sabernos amados

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