No te olvides de vivir con vos

 

La comunicación con uno mismo ayuda a que el panorama de la vida se aclare. De este diálogo interno surge como resultado una relación más equilibrada entre pensar, sentir y actuar.

 

 

 Mariana Aguirre de Ferreccio | Orientadora Familiar |

 

Los jóvenes quieren por sobre todas las cosas llegar a ser ellos mismos y que los demás los acepten como son. Buscan afirmarse, ser autónomos y diferenciarse como persona única y distinta.

Una vez escuché: “No permitan que nada ni nadie los haga negociar sus sueños, sus anhelos más profundos”, pero para que esto no suceda es necesario conocerse uno primero, entrar en diálogo con uno mismo, saber qué pienso, quiero, busco, anhelo…

 

 Aprender a escucharnos

Para comenzar ese diálogo, antes “conectá el canal de escucha interno” y mirá qué estás sintiendo o pensando; es necesario que aprendas a observar lo que decís, lo que sentís, cómo te movés, la intención con la que expresás las cosas. Al explorar lo que pensamos, nos convertimos en ese observador silencioso que no juzga, sólo observa. Esto va ayudando a tomar conciencia de lo que somos y nos va revelando el desarrollo de la personalidad que hemos asumido. Es un proceso fascinante y espectacular.

Para hablar desde la verdad más profunda necesitamos conocerla, necesitamos estar ahí. ¿Suena utópico? Sólo suena; esto sí es posible de lograr y requiere una preparación, que es el tiempo dedicado a conocerse a uno mismo, a descubrir por qué y desde dónde digo lo que pienso, elijo, realizo.

 

Alinearnos para ver las cosas como son
puede tomar muchos años
de constante práctica en la autoobservación,
en la meditación, en el autoanálisis.
Pero poco a poco será
como irnos quitando un velo de los ojos

 

Entonces, aprender a observarse es el primer paso. Luego, hay que añadir la sinceridad en la observación.

Así, nos podemos preguntar: ¿Transmito lo que soy? ¿Pienso lo que transmito?

Alinearnos para ver las cosas como son puede tomar muchos años de constante práctica en la auto-observación, en la meditación, en el auto-análisis. Pero poco a poco será como irnos quitando un velo de los ojos. Si en el proceso no aprendemos a ser sinceros con nosotros mismos, no llegaremos muy lejos.

También vamos a descubrir por qué nos autoengañamos. Suele suceder que el autoengaño está basado en querer “cumplir” con lo que consideramos que se espera de nosotros porque, al cumplirlo, recibimos aceptación y aparente amor. Entonces, nos engañamos a nosotros mismos para encajar. El amor es lo que desde que nacemos buscamos y es otra de las fuentes primordiales de la existencia. Detrás del mayor porcentaje de nuestro comportamiento está la búsqueda del amor y la aceptación y, con frecuencia, reaccionamos con su contraparte: el miedo y las expectativas.

 

El desafío de saber quién soy

Si nos apreciamos lo suficiente, vamos a reconocer lo valioso que es estar atento a uno mismo. El mundo empieza a crecer en nuestra visión interna, y hacia fuera nos enfocamos en lo que realmente vale de nuestro paso como seres humanos.

Me gusta este ejemplo: imaginen que somos como un CPU. A la computadora se la alimenta lo necesario para que funcione con los programas que nos ofrecen en la sociedad tecnológica (sea Windows, Linux, el sistema OS X de Apple). Además del sistema operativo, se va llenando la memoria con los programas que queremos para que funcione, como Office, anti-virus, juegos, chats, etc.

Y luego está toda la información que nosotros guardamos ahí, nuestros archivos. ¿Creen que es factible que este CPU pueda dar una información que no conoce, que no tiene en su memoria? De forma parecida funcionan nuestros registros internos. Por eso, el trabajo de limpiar y ordenar nuestro CPU es enorme y, aunque quizás no se pueda limpiar del todo, al menos se puede lograr un alto nivel de purificación para entrar en contacto con esa parte profunda que es nuestra esencia.

 

Muchas veces queremos encontrar
a alguien con quien podamos expresar
lo que internamente aún no tenemos claro,
pero pocas veces consideramos
que siempre contamos con nosotros mismos.

 

El ser uno mismo está relacionado con la individualidad de la persona, su autenticidad, con los valores que tiene, los talentos, habilidades y pasiones que lo caracterizan, así como su visión y misión de vida; todo esto será la esencia. Pero primero debemos explorar a fondo cuáles son nuestros valores y conectarnos con ellos.

¿Quiénes somos? Responder a esa pregunta será nuestra tarea en esta etapa de la vida y de cómo la encaremos dependerá que nos vayamos descubriendo y aceptando, para que día a día seamos más nosotros mismos.

Mírate, ¿te conoces? ¿o conoces sólo lo que de vos dicen los demás? Muchas veces queremos encontrar a alguien con quien podamos expresar lo que internamente aún no tenemos claro, pero pocas veces consideramos que siempre contamos con nosotros mismos y que ese deseo de expresión es la propia necesidad de escucharnos. Mejorar en la comunicación con uno mismo es la base para mejorar tanto a nivel de crecimiento individual, como posteriormente en la relación con los demás, de manera que se puedan establecer relaciones humanas positivas, en lo personal, familiar, laboral, social.

Efectivamente, escuchar con eficacia es un arte que pocas personas saben llevar a la práctica, pero que vale la pena intentarlo.

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