MONTAÑA RUSA FEMENINA

Entramos en un tema delicado, casi “políticamente incorrecto”. Sin embargo, nos animamos por que hay espacio para el debate, para pensar en qué nos pasa, en cómo actuamos

 

Felipe Yofre | Escribano | Instructor en talleres de Protege tu Corazón | felipe@escyofre.com.ar

 

C reo que una de las cosas que más nos cuestan a los hombres, por nuestra estructura psicológica tan básica, es adaptarnos a la “montaña rusa emocional” de las mujeres. Nos vuelve locos que un día sea espléndido o totalmente gris, cuando para nosotros exteriormente nada haya cambiado. Y, peor aún, cuando estas subidas y bajadas se llevan al terreno de las discusiones, a cualquier tipo de discusiones: por las compras, por los programas, por los chicos y la manera en como los educamos, por el arreglo del auto o por como opinamos de la familia política.

   Somos básicos   
Un día está todo bien y nos sentimos admirados, pero sin ver venir una nube, de repente estamos en medio de una tormenta con el paraguas cerrado, o lo que es peor, sin paraguas.

Un día opinan una cosa y otro día otra, con un gran rango en el arco del “estado de ánimo”. Lo cual a nosotros, que, reitero somos muy básicos, no nos hace bien.

   Por eso te digo…   
Pero es aquí, justamente donde quisiera hablar a los hombres. En este punto. Es en estas ocasiones donde podemos caer fácilmente en la posición de “dominador” de la situación, porque es “clarísimo que tengo razón”. ¿Quién la entiende? Nada le viene bien. El famoso “están todas locas” que tomamos de la calle, lo hacemos propio. Nos sirve para ganar discusiones y así dominar la situación que generó la controversia.  Pero no para mucho más.

   No nos damos cuenta   
No nos damos cuenta de que, de esa manera, más que ganar perdemos una oportunidad. “¿Cómo? ¿Qué oportunidad perdemos? Si puedo demostrar, con palabras certeramente encadenadas que cada tanto mi mujer dice disparates. ¡Por suerte estoy yo, que pongo un poco de lógica…!”

Querido amigo, no es así. Podremos ganar una discusión pero perdimos una oportunidad. Insisto. ¿De qué?

Nos vuelve locos que
un día sea espléndido
o totalmente gris,
cuando para nosotros
exteriormente nada haya
cambiado

   Oportunidad perdida   
Habitualmente, la mujer se da cuenta de esas inconsistencias anímicas y argumentales. Reconoce esos espacios en su interior que preferiría no tener. En esos momentos, los hombres tendemos a acelerar a fondo remarcando el error, hundiendo la navaja para sacar mayor tajada. Quizás la tendremos en lo inmediato, pero no en la construcción de un proyecto. El proyecto más importante de nuestra vida.

   Oportunidad ganada   
Ahí la mujer necesita que bajemos la presión del barrilete. Es una oportunidad para demostrar que la queremos más allá de todo, y no “a pesar de todo”, sino “con todo lo que son”. Ojo, no significa que seamos unos creadores de consentidas, sino que  de alguna manera desempeñemos nuestra misión  de protectores para llegar a ver el horizonte más allá de una tormenta que sabemos que es pasajera.

Ahí está la estrella que marca el rumbo del barco, aunque en estos momentos haya olas que lo mueven.

   Reconozco   
No es fácil no entrar en la “escalada” de discusión, pero hay pequeñas señales que podemos leer.

Cuando vamos conociendo a nuestra compañera, aprendemos a “desacelerar” a tiempo, a esperar para cuando el agua esté más calma y podamos ver las cosas en su tamaño y dimensión. Vas a ver que en una enorme cantidad de ocasiones, no eran tan grandes ni tan graves.

   Con un poco de humor   
Un ingrediente que ayuda es una dosis de sentido del humor para –pasado el momento- reírnos juntos de nosotros mismos y de nuestras debilidades.

Entonces habremos ganado de verdad. La propia mujer cuando está así se siente oscura. Habremos iluminado. Se siente débil, habremos fortalecido la relación, se siente incómoda, la habremos cobijado. Es una oportunidad de demostrarles cuanto las queremos. Cuando están hechas unas reinas es fácil, el testimonio es mayor en  otros momentos. Así  iremos conquistando de verdad cada vez más territorio,  ¿cuál?  El de su corazón.

   Siempre vuelve   
Cuando la mujer vuelve de su “montaña rusa”, que siempre lo hace, valora mucho
que hayamos estado, que no nos hayamos aprovechado de la situación, en definitiva, que hayamos puesto en funcionamiento la verdadera maquinaria del amor, que incluye corazón pero también cabeza.

Eso no significa que cuando bajen las olas no tratemos los temas que nos preocupan del barco pero, si lo hacemos fuera de la tormenta, nuestra voz será más escuchada, porque le demostramos que cuando el barco se movía, estuvimos allí sin quejarnos.

   En un camino vivo   
El camino emprendido con la otra persona es un camino “vivo” que nos pide  creatividad y apertura, pero por sobre todas las cosas aprender a ceder metros para ganar kilómetros, saber que “sí” hay una receta para la felicidad y pasa por tener una inmensa memoria para las necesidades del otro, y casi amnesia por las de uno.

No nos engañemos, a veces creemos que ganamos y hemos perdido. Y, en muchas situaciones de derrota aparente, somos grandes triunfadores, nosotros, pero sobre todo, las personas que amamos

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