MI FINDE, ¿PARA LOS DEMÁS?

JOVENES

Dos testimonios nos hacen partícipes de que la verdadera felicidad está en dar y darse.

ELLOS NOS ESPERAN

G anas de ayudar, aportar nuestro grano de arena por la educación, salir de nuestro cuadrado, trabajar por el bien de nuestro país, la buena onda, ir al encuentro con las otras personas, visitar realidades diferentes a las nuestras es todo lo que nos unía con las diez personas que no conocíamos y con quienes nos encontramos en Retiro un viernes a la tarde para partir rumbo a Añatuya.

Estábamos llenas de incertidumbre y ansiedad por no saber con quién íbamos a viajar y con qué nos íbamos a encontrar, pero con la certeza de que un gran fin de semana nos estaba esperando.

Objetivo del viaje

Llegamos a Añatuya con el objetivo de seguir con el proceso de Orientación Vocacional que venía haciendo la fundación «Grupo San Felipe». Nos esperaba un grupo de 50 adolescentes, chicos y chicas con gran expectativa por el fin de semana que se venía. Cinco de ellas se destacaban por su sonrisa, por su actitud transmitiendo felicidad y esperanza. Cuando nos fuimos presentando todos, coincidió que ellas cinco son las que la fundación está becando para que puedan ir a estudiar a Santiago del Estero.

Mientras íbamos charlando con los chicos, evaluándolos se notaba con tan solo mirarlos quiénes eran aquellos que tenían la esperanza de tener una oportunidad para poder estudiar. Nos quedamos pensando lo que significa la beca para ellos… ¿será la única forma de poder salir de esa realidad?, ¿será la única oportunidad para poder soñar con un futuro?, ¿será la única forma de responder a su vocación?

Y cuántas veces nos quejamos de “qué bajón la facultad”, “esto no sirve para nada”, “quiero volver al colegio, no quiero estudiar”, “falto y me quedo durmiendo”. Ellos sueñan «eso» de lo que nos lamentamos.
Una vez más nos convencemos que la educación es el camino para poder progresar, es la forma de que puedan salir de su realidad, es la manera de crecer y superarse.

El gran sueño

Lograr que la educación llegue a cada rincón del país es el gran sueño, porque creemos que es la forma de que nuestra patria pueda progresar. No tiene que ser la posibilidad de algunos, sino que es un derecho de todos.
Todos tendríamos que tener el derecho de soñar con nuestro futuro, con perfecccionarnos y mejorarnos como personas en eso que nos gusta, nuestra vocación.

Inés Zerboni y Catalina Ferreccio

ASÍ LO VIVÍ

M e siento a escribir con el fin de compartirles la experiencia que me tocó vivir este fin de semana largo, pero con el optimismo de invitarlos a reflexionar, y ¿por qué no? a animarse a soñar.

Estuve haciendo de voluntario para la organización “Techo”, que tiene entre sus objetivo erradicar la pobreza extrema mediante la construcción de viviendas de emergencia. Sin duda, una de las sensaciones más gratificantes que la vida me regaló, fue cuando junto a mi equipo de trabajo colocamos el último clavo dejando la casa en condiciones para que Norma y sus tres hijos puedan utilizarla.

Fueron tres días de mucho esfuerzo físico y dedicación, pero los tres días donde más valioso me sentí. Los tres días donde cada una de mis acciones, tuvieron un sentido armonioso persiguiendo un único objetivo. Los tres días donde más acompañado me sentí, por un equipo de personas, movidos por una misma ambición y compartiendo un mismo sueño: mejorar la realidad.

Ser alguien útil

Tantas veces, en mi cuarto, en la clase, en una charla con amigos, habré exprimido hasta el último pensamiento de mi cabeza con el deseo de encontrar algo para hacer que ayude a mejorar un poco el mundo en que vivimos. Tantas veces creí que pensar algo así, con semejante dimensión, era una estúpida ilusión propia de una persona inocente que no ha logrado entender que la vida es dura, y que no hay lugar para soñar en grande. Hasta llegué a pensar que solo nos divertía darle un lugar en nuestra mente cada tanto para poder creer que lo utópico puede volverse real por al menos por unos segundos.

Sin embargo, estos tres días sembraron en mí una semilla de esperanza que, entre sus frutos, me permite creer que se puede, que las oportunidades están a nuestro alcance, que vamos a ganarle, a nuestro ritmo, a las injusticias que nos rodean: la pobreza, la falta de educación, la corrupción, la discriminación, la inseguridad, entre otras cosas.

Inteligentes

Tenemos que ser inteligentes a la hora de elegir la óptica desde la que vemos las cosas. Es tan fácil bajar los brazos y distanciarnos de la realidad en que vivimos o culpar a los políticos que elegimos como responsables de llevar al país adelante, olvidándonos de que lo hacemos entre todos. Tantas veces juzgamos y condenamos a los que no asumen la responsabilidad de sus cargos, olvidándonos de las responsabilidades que tenemos y compartimos todos como seres humanos.

Tenemos que ser inteligentes
a la hora de elegir
la óptica desde la que vemos.

Los cambios llevan tiempo. Tal vez, el resultado a simple vista y en términos generales, no parezca favorable, pero las cosas que realmente nos entusiasman, nos mueven, no tanto por un resultado, sino porque nos apasionan. Sí, los resultados también importan porque son indicadores de que nuestro trabajo y esfuerzo tienen sus frutos. Pero no tienen que ser el motor principal que nos impulse a arriesgarnos por lo que creemos.

Desde el corazón

Comparto esto porque brota desde lo más profundo de mi corazón, porque la experiencia de este fin de semana dejó al descubierto que creíamos, compartíamos y sentíamos lo mismo. Cuando nos olvidamos de nuestras diferencias religiosas, políticas, ideológicas, entre otras, nos conectamos desde lo que más nos convierte en seres humanos, que tantas veces tapamos y olvidamos, permitiéndonos comprender que como dice aquella frase, “somos todos iguales en nuestras diferencias”.

He bajado los brazos muchas veces, he insultado y culpado a mucha gente por la situación que vivimos y, les confieso ahora, seguramente lo vuelva a hacer.

Este fin de semana, aprendí que la vida siempre ofrece oportunidades, que están a nuestro alcance si buscamos en los lugares correctos. Y que así como está Techo, hay infinidades de organizaciones que promueven y buscan hacer de este mundo, un mundo mejor.

Motivos para amargarse, para bajar los brazos y rendirse, hay de sobra. Pero si buscamos bien, todavía quedan unos cuantos para alegrarse y esperanzarse. Batallemos juntos y unidos, que nos necesitamos los unos a los otros para ganar esta guerra que se nos presenta diariamente. Aferrémonos a nuestra esperanza y hagamos de nuestro entusiasmo un estandarte en la vida.

Ojalá les sirva para refrescar el corazón y la cabeza, y les despierte algo en lo más profundo de su ser. Y si con leer o escuchar testimonios no les alcanza, dense a ustedes mismos la oportunidad de hacer cosas para mejorar la realidad desde el lugar que les toque o que puedan.

Les dejo esta frase que me gustó mucho: “La pobreza no es el problema, la indiferencia sí”.

Nico Vivo (22).

 


FUNDACIÓN GRUPO SAN FELIPE

Alrededor de 10 chicos por año tienen la posibilidad de continuar sus estudios, pero quedan miles afuera. Esto no puede pasar. ¿No deberíamos valorar mejor las oportunidades que tenemos? Podríamos salir un poco de nosotros mismos y aportar un grano de arena con un pequeño acto por alguien que realmente lo necesita.
Fundaciones, ONG, gente que ayuda hay mucha, sólo tenemos que salir de nuestra comodidad; con un peqeño acto podemos hacer una GRAN diferencia en el otro.

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