«Me puede»

 

Tener hermanos es una de las cosas maravillosas que puede dar la vida y nos enseña también a ser amigos. El trato que damos a nuestros hijos puede potenciar esa capacidad o, por el contrario, hacerla más difícil.

MARIUQUI MAGRANE
ORIENTADORA FAMILIAR Y ASESORA EN RELACIONES FAMILIARES   –   
ENCARGADA DEL CONSULTORIO DE SEMBRAR VALORES

Mi hija menor “me puede”, hace lo que quiere conmigo, es «tan linda”… ¿le afectará en algo?

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L o primero que se me ocurre es preguntarte: Tus padres ¿tenían un hijo/a que los “perdía”?, ¿eras vos? Si era un hermano tuyo, ¿cómo te caía esa preferencia? Los celos son parte natural de la vida de todo hermano/a, pero los padres, a veces los aumentamos al máximo, al marcar preferencias por linda, por inteligente o por las razones que puedan pasar por nuestros sentimientos.

Por un lado, está el peligro, casi cierto, de que consciente o inconscientemente,  sus hermanos la quieran “linchar”. Al principio ella no se da cuenta, disfruta, y se siente con derechos adquiridos por esta predilección, pero es muy posible que cuando crezca, se dé cuenta y esta relación le resulte incómoda.

Te cuento algo que me ocurrió recientemente, no por alarmarte, sino para que comprendas un poco mejor lo que ocurre cuando nos permitimos estas diferencias respecto de los hijos.

Una señora me consultaba preocupada porque su hija del medio estaba trabada emocionalmente en el colegio, una profesional le había dicho que parecía que la causa estaba en los celos que sentía por su hermana menor, de dos años. Y, en algún momento de la conversación, prendió su celular. Ante mi sorpresa, descubrí que el fondo de pantalla era una foto de su hija menor sola. Esta imagen basta para presentir que «la del medio» sufre de celos cuando ve el celular de su mamá: le debe causar alguna herida que la lleva a pensar: “Mi mamá la quiere más a ella que a mí”.

Ante mi sorpresa, descubrí
que el fondo de pantalla era una foto
de su hija menor sola

¿Cómo le afecta? Todos queremos ser, de alguna manera, los preferidos de mamá y papá, para sentirnos aceptados y queridos. Sin embargo, el sentirse preferido ya marca una relación respecto de otros y la coloca, involuntariamente, en un nivel superior. Este nivel no es una posición real, es un lugar creado en el corazón de mamá, y salir al mundo sintiendo algo diferente a lo que realmente se es, puede convertirse en fuente de frustración y tristeza.

Además, no hay que perder de vista que la rivalidad entre hermanos coexiste con un fuerte amor, más allá de cómo se lleven entre sí.

Los padres podemos ayudar a que los hermanos logren ser amigos cuando no marcamos preferencias, ni hacemos comparaciones, ni generalizaciones.

Aunque naturalmente competimos entre hermanos, también podemos realmente estar felices cuando un hermano/a gana el premio.

Me gusta pensar en las hermanas Serena y Venus Williams, con ocho medallas olímpicas ganadas en tenis, que han competido entre ellas, varias veces y son compañeras de dobles. Su padre las entrenaba desde que tenían cuatro años. ¿Cómo pensás que las entrenaba?

Demos amor y aceptación lo más equitativamente posible. No idolatremos a ningún hijo, les hacemos daño.

Te sugiero hacer el esfuerzo para salir del «me puede» la menor y concentrar tu mirada en todas las capacidades de tus otros hijos.

Lo sintentizaría en: «Cariño sí, diferencias, no. Mimos sí, malas crianzas no».

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