Matrimonio descartable

En el momento en que «ya no doy más» o cuando siento que «esto no da para más», separación suena a solución, a liberación… ¿será?

 

María Cornu Labat *| Abogada | Magister en Matrimonio y Familia | mcornulabat@gmail.com

C uando llegás a la conclusión de que no hay otra salida, de que la separación sería una «liberación», se empieza a fantasear con una idea, tal vez antes impensada. Surge como una «solución» que no hubiéramos pensado como tal.

Un juego de palabras

¿Separación = solución?

La separación es, más bien, un «recurso», un cierre, una terminación de algo a lo que no le  encontramos solución.

Se trata de que estamos en un conflicto o en una sucesión de conflictos que ya no tienen otra salida.

Y, por eso, nos separamos. Parecería un juego de palabras, una cuestión semántica, sin importancia. Separación – conflicto – solución… Pero no lo es. Tiene mucha importancia, y es clave la forma de planteárselo.

«Tengo que pensar en mí»,
tengo que estar bien yo, tengo
que ser feliz…

Cuando alguna vez, tarde o temprano, en la relación matrimonial irrumpa el desencuentro, la separación estará entre una de las alternativas de solución, sólo si así la consideramos.

Muchas veces se llega a la separación por no haber encarado el camino de búsqueda de soluciones superadoras, de cuidado de la relación, de la prevención del desencuentro.  Cuando estalla el conflicto, o el desgaste, se pierde de vista hasta el ¿qué es ser feliz? Sólo se busca poner un punto final.

Nuestra cultura del descarte

Estamos en una cultura que ha dado en llamarse del descarte, de tirar lo que ya no nos satisface. Los electrodomésticos no tienen arreglo, la ropa pasa de moda, los aparatos quedan obsoletos. A la cultura del descarte se le suma el mandato social de «tengo que pensar en mí», tengo que estar bien yo, tengo que ser feliz. No es idea mía, me lo está gritando la sociedad, me están «autorizando». Y los mensajes consisten en pensar en uno y en la propia felicidad, y por lo tanto dejar de focalizarse en la felicidad de los demás y mucho menos en la de la pareja.

Autorizado a ser feliz

La separación como solución es seductora en nuestro contexto, que no nos propone como un valor el persistir o sostener.

Ya elegimos, elegimos el matrimonio, elegimos una respuesta a la búsqueda de la felicidad. Es encantadora, es apasionante, es desconcertante. Es una invitación a lo novedoso y diferente cada día. El secreto es que mi felicidad es la felicidad del otro.

Nadie dijo que era fácil. Implica estar inquietos desde el primer día, buscando herramientas y recursos para tener a mano a la hora de evitar conflictos o buscar  soluciones.

Cada uno eligió al otro para amarlo durante toda la vida. Una vida que nadie sabe qué le deparará, pero que innegablemente implicará situaciones de desasosiego. Eligió el camino de ser dos, de ser dos que son uno.

Se puede. Se lo debo al otro en justicia. Me lo debo a mí.

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