Mandela, el inolvidable pacificador

En un nuevo aniversario de la muerte de Nelson Mandela elegimos recordarlo con un par de publicaciones de esa fecha. Líder, pacificador, resiliente, qué más podemos decir de una persona tan grande

 

Créditos: MARÍA AMALIA CABALLERO | DRA. EN COMUNICACIÓN PÚBLICA |

 

D urante su enfermedad final conversamos con dos periodistas argentinos que estuvieron en Sudáfrica, que conocieron a Mandela, su gente, su historia. Así lo dijimos:

El momento de su partida no es la noticia. La noticia es un pueblo que lo acompaña, lo llora, reza por su líder, constructor de una paz duradera. La gran novedad es la enseñanza que deja hecha vida, este hombre resiliente. Un pueblo que tenía todo para caer en la miseria: la guerra, el odio, el resentimiento, se une para construir un país, un gran país africano.

 

Liderar en paz

Mandela antes y después

Admirador de Mandela, el secretario general del diario La Nación, Héctor D’Amico, lejos de idealizarlo, nos dice: «Antes de ir preso, Nelson Mandela era un militante, un activista. En ese momento -corrían los años 60 / 70- creía que ese era el camino, que no había otro.

Su imagen era la de un subversivo, un comunista aliado de Rusia y de Fidel, con la enorme carga que esto tenía en plena guerra fría. Estuvo en prisión, donde salvó su vida «casi de casualidad»; de hecho, en su propia celda, mataron a su colaborador más directo. Padeció encierro, hambre, frío, trabajos forzados, tortura. Todo esto forjó su carácter, su personalidad empática. Él sabía que iba a sobrevivir, tenía una misión en la vida.»

La Universidad del Cabo, que -según el periodista- es como estudiar en cualquier universidad europea, la misma en la que estudió y fue profesor el Dr. Christian Barnard, quien hizo el primer trasplante de corazón, en 1947, había desarrollado toda la fundamentación ideológica que justificaba el apartheid. Definía por qué todo el poder debía estar en manos de los blancos. Había una categoría de derechos respecto de las distintas etnias, que en Sudáfrica son cinco: blancos, negros y «colorated» (asiáticos y mestizos).

Avanzada la segunda mitad del siglo XX, ya habían pasado las dos guerras mundiales, y, sin embargo, en un país perdido en el fondo de África con ciudades que parecían europeas, los negros podían entrar a ellas sólo de día, al atardecer debían retirarse a las periferias, a esas villas miseria enormes en las que vivían y que aún se ven. Tenían vedado el acceso a cargos públicos, les estaba prohibido viajar al exterior y sólo podían realizar determinadas tareas. La diferencia social era y es tremenda. La diferencia -no menor- que existe hoy es que no los matan ni se matan entre ellos.

 

Mandela condenado

En ese contexto, Mandela es condenado a muerte pero el gobierno teme que, si muere, ellos mismos estén creando un nuevo Gandhi. Entonces, en un segundo juicio, le dan cadena perpetua y lo destinan a Robben Island, una isla a media hora de navegación desde el continente.
Años más tarde, los mismos que lo condenaron llegan a descubrir que el tiempo les está jugando en contra.

Aislado, su poder crecía, mientras el gobierno de los blancos se debilitaba. Aumenta la violencia y su figura atrae no sólo a los negros y a los países comunistas. Interesa a todos, recibe visitas de representantes de los distintos grupos del país pero también llegan de Gran Bretaña, senadores de Estados Unidos, del Caribe, etc.

La fuerte presión del boicot internacional prohíbe a las empresas negociar con Sudáfrica, castiga a las que realizan inversiones, e impide a los sudafricanos participar en los juegos olímpicos. Poco a poco, el gobierno a cargo de Frederik Willem De Klerk comprende que hay que hablar con Mandela. Se suceden los contactos secretos, las visitas a la cárcel, las cartas… hay mucho para negociar.

Cuando el presidente le dice que los años de prisión podrían ser suficientes, Mandela responde dejando claro que sabe que ahora el propio gobierno necesita de él.

 

Todo por la paz

«Mandela es un estadista -agrega D’Amico-, no protagoniza una lucha racial destructiva sino superadora. Cree en la democracia. Confía en sí mismo, en la gente, en su entorno, en todos. Sabe que necesita de los otros. No quiere ser reelecto, forma a sus sucesores, sabe que puede apartarse y trabajar por la unificación del país desde otro lugar.»

Por su parte, Águeda Colom, licenciada en Relaciones Internacionales, añade: «Entre las características de su liderazgo, me gustaría destacar en primer lugar su humildad.

Es increíble cómo siempre repite que cualquiera hubiese podido hacer lo que él hizo; su concepto es que él ‘simplemente representaba el querer de mucha gente’. Me parece que ser humilde es saberse necesitado de los demás, valorar a los demás. Se ve que ha sabido sacar lo mejor de cada uno y ser siempre fuente de unidad. Su sueño era construir Sudáfrica con cada uno de los habitantes del país, sin distinciones de colores, razas o religión. Supo incluir a todos, izquierdas, derechas, ¡todos!”“Para ilustrar lo que digo -continúa la licenciada que lleva más de diez años viviendo en Sudáfrica- destaco el saludo de Mandela a De Klerk después de ganar las elecciones y llegar a ser el primer presidente negro: ‘A pesar de las críticas que le he hecho, usted, señor De Klerk, es una de las personas con las que cuento. Usted y yo somos para todo el mundo el claro ejemplo de dos hombres de razas diferentes que experimentan por el país común la misma lealtad y el mismo amor. Vamos a afrontar los problemas de la nación hombro con hombro. Señor De Klerk, me siento orgulloso de tenderle la mano para que podamos avanzar juntos’. Otro valor a destacar es su tenacidad, su constancia y el no perder de vista la meta, pero una meta que no se logra a cualquier coste, se logra sembrando amor y paz. Ve claramente que el odio y el fraccionamiento llevan a la destrucción.”

Para destacar valores de su personalidad D’Amico comienza por la paciencia. “Él confía en sí mismo, sabe que tiene una misión. Por eso, saldrá adelante en las peores situaciones. Otro valor indispensable es la humildad -insiste. Sabe que necesita de los otros, que solo no podrá hacer nada. Aprende de todos, jamás descalifica a su adversario.”

 

¿Cómo construir un país?

El pueblo sudafricano ve en Madiba -como también lo llamaban al padre de la nación, un modelo a seguir, un héroe, una persona que ha logrado construir un estado, darle unidad, con sus palabras: “Debemos olvidar el pasado y concentrarnos en la construcción de un porvenir mejor para todos”.
“Si quien organizaba el país era alguien menos estadista, menos pacifista, si tomaba la antorcha de la mayoría negra, esto terminaba en una matanza y el país desaparecía”, concluye Héctor, quien no se reconoce como experto en Mandela. Es un periodista que ha seguido su historia, que ha pisado los lugares en que él nació, sufrió y vivió para su país.

 

 

 

 

 

Hacer y desaparecer

“Siempre debe enfrentar dilemas -continúa-, por ejemplo: frente al boicot, por un lado le convendría apoyarlo porque castiga el apartheid, pero por otro, él jamás desearía algo que fuera un perjuicio para su país. Otro dilema que tuvo que afrontar fue el de seguir o no en el gobierno con una constitución que admitía la reelección. Sin embargo, intuye que, teniendo el éxito asegurado, las enormes mayorías negras podrían sentirse poderosas y buscar venganza destruyendo lo realizado hasta entonces. Descubre que puede trabajar mejor por la unidad de su país dando un paso al costado. Con estos temas dando vuelta por su cabeza, surge la gran iniciativa de tener en su país el mundial de rugby y él, como haría el presidente de cualquier país civilizado, va a alentar a su equipo, el gran símbolo del poder blanco. Y, por esos golpes del destino, Sudáfrica sale campeón mundial. Él, en el estadio, se gana el respeto de un país abierto a todo el mundo.No es ingenuo, sabía que este gesto -como muchos otros- podía ahuyentar a los propios pero él, una y otra vez, actúa con la certeza de que está cumpliendo lo que les dijo: que iba a construir un país unido”, concluye Héctor.»

 

 

Los últimos días

“Las demostraciones de cariño en estos meses son increíbles: la gente se aglomera a rezar a las puertas del hospital, llevan flores, pancartas… también en la casa donde habitualmente vive y en su pueblo de origen. Los medios de comunicación están constantemente informando y el gobierno tiene que ‘dar el parte’ al pueblo cada pocos días.”

El pasado 18 de julio celebró su 95º cumpleaños. A pesar de su frágil estado, ese día dio la alegría de abrir los ojos. «Sinceramente me parece que con la partida de Mandela, cuando llegue su día, se va a morir una parte importante de la vida de esta querida tierra», aporta Águeda, argentina, ya familiarizada con el suelo sudafricano.

Mandela es un estadista -agrega D’Amico-, no protagoniza una lucha racial destructiva sino superadora. Cree en la democracia. Confía en sí mismo, en la gente, en su entorno, en todos. Sabe que necesita de los otros. No quiere ser reelecto, forma a sus sucesores, sabe que puede apartarse y trabajar por la unificación del país desde otro lugar.»

 

EL MUSEO DE LA ESCLAVITUD

 

Después de recorrer el museo, me senté en una gran sala a ver un video. Allí vi lo que hicimos los blancos. Durante los cuatro siglos de esclavitud, se calcula que se llevaron unos 15 millones de personas de África a Europa, a EE. UU., al Caribe. Es una tragedia para ese continente.

Había familias enteras mirando, sonreían. De repente me pareció ser el único blanco en el salón y sentí el peso de ser blanco… Cuánto mal hemos hecho. Llevamos 3000 años hablando de lo que hicimos bien. Por primera vez pensaba que pertenezco a una tribu -si es que se puede llamar así- blanca que hizo tantas cosas malas.

 

PARA SABER MÁS:

 

⇒  Un arco iris en la noche, Dominique Lapierre

⇒  El legado de Mandela, Richard Stengel

⇒  Factor Humano, John Carlin, llevado al cine como Invictus en 2009.

También en cine: Mandela and De Klerk, 1997

En 1984. El Arzobispo de Ciudad del Cabo, Desmond Tutu, recibe el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el apartheid. Años después, reconoce en Mandela no sólo un gran hombre sino un regalo de Dios para Sudáfrica

En 1993: Mandela y De Klerk reciben este galardón.

 

 

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ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS

 

  • – Nació el 18 de julio de 1918 en Mvezo, Sudáfrica.
  • – Abogado – Universidad Witwatersrand.
  • – Doctorado en más de 50 universidades.
  • – Inspirado en Gandhi emprende la resistencia pacífica por la libertad.
  • – Preso en Robben Island 1964- 1981 y diez años más en distintas cárceles.
  • – Presidente 1994 y 1999.
  • – Última aparición en público: Mundial de Sudáfrica 2010.
  • – Fallece el 5 de diciembre de 2013

 

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