¿Maestro o capo?

[Educar para la paz]

 

En la Feria del Libro, como cada año, hubo de todo. La presentación del libro «Es el maestro», del Senador Esteban Bullrich, colmó la sala

 

A lto, flaco, simpático, el Senador Esteban Bullrich llega antes que quienes lo acompañarán en la mesa. Alcanzamos a saludarlo y a dejarle alguna cuestión. En realidad conversa con todos, con cada uno.

 

 

“Es el maestro, ¡estúpido!”, es la expresión que, parafraseando a James Carville, estratega de la campaña presidencial de Bill Clinton allá por los años noventa, utiliza Bullrich para arrancar su presentación. Después de ese momento político, pasa a utilizarse para señalar algo que parece evidente pero no estamos viendo. Y, exactamente, eso es lo que plantea el autor del libro:
Yo quería que mi libro se llamara así: Es el maestro, estúpido. Pero, felizmente, la editorial no me autorizó. La palabra es fuerte e incluso, por un pequeño error de puntuación, podría llegar a interpretarse como un insulto al maestro, justo lo contrario de lo que queríamos expresar. ¿Qué quiero decir con esto? Que, al plantearnos cualquier mejora en la educación, tenemos que pensar primero en el maestro.

Hablamos de la cuestión edilicia, del avance tecnológico, pero la prioridad es el maestro. Un ejemplo: cuando llegué al Ministerio de Educación se estaban regalando computadoras a los alumnos de todo el país. Yo dije: “en Buenos Aires, no”. En la Ciudad las computadoras se entregan a los docentes con la capacitación previa que es necesaria. El docente será quién enseñe al alumno a optimizar su uso y no al revés, como estaba pasando en otros lugares. El valor de la herramienta depende del usuario.

 

El lenguaje nos representa
La palabra “maestro” se usa también de distintas maneras y en diferentes contextos, a eso se refiere el autor del libro.

Pasamos del “¡Sos un maestro!” para manifestar a alguien nuestra admiración y afecto, al “¡Sos un capo!”. Y lo veo como un triste resumen de la historia argentina. Antes, la admiración iba hacia quien sabía y enseñaba. Sin embargo, la nueva expresión, ¿a quién se refiere?, pregunta el Senador.

El público responde al unísono, casi automáticamente, como si estuviera ensayado: “Al capo mafia”. Se genera un instante de silencio más que elocuente. Bullrich no necesita explicarlo. Aunque agrega: ¿Eso es lo que admiramos?, es el referente social, el que está en boca de todos.

 

Evaluación
Cuando arrancamos parecía una mala palabra, evaluar equivalía a comparar, a castigar. Y ahora, por fin, están algunas evaluaciones. Sabemos en qué hemos avanzado, por dónde hay que ir. De eso se trata, por ejemplo, el nuevo plan lanzado para la enseñanza de las matemáticas.

 

Gestión pública o privada
Este era otro punto que llevaba a ofrecer resistencia a la evaluación. Y, aunque pueda doler reconocerlo, los resultados muestran que la enseñanza de gestión privada ofrece mejores resultados que la pública. ¿Por qué? Hay una realidad muy profunda detrás. Antonio Batro lo atribuye en parte a la continuidad de docentes frente al aula. Y vemos que, en la gestión privada, los alumnos tienen esa permanencia que no se da en la pública debido a los paros. La educación, en vez de estar en las manos de los maestros, está en manos de sindicalistas. A eso hemos llegado y hay que atenerse a las consecuencias, hay que conocer para actuar acertadamente.

 

Formación
Es más profundo y largo el camino para formar a un docente elemental que a los de otros niveles. Es mayor su responsabilidad, su influencia.

Entonces, habla el Esteban papá; parece que se va un poco del discurso pero no es así:
Mi hija mayor, que está terminando el colegio, dice que quiere ser maestra jardinera (aplausos). Y yo estoy feliz con esa decisión, siento que es algo de lo que se siembra en casa, de lo que ha escuchado todos estos años y ha calado en ella. Todavía falta, no pretendo influir con este comentario porque la decisión es y será de ella. Pero me alegra, me alegra que vea la proyección social del camino que elige.

Hay que ver cuántos años de estudio requiere esta formación. Por ejemplo, en algunos países desarrollados la carrera puede ser de siete años. El mundo del futuro es la educación inicial. Acá hay jóvenes que eligen esta carrera porque la ven como un puente. Lo he escuchado muchas veces, “me recibo de maestro para tener una pronta salida laboral que me genere unos pesos mientras estudio algo que realmente quiero ser”. Necesitamos cambiar esta idea de elegir estudiar magisterio para financiar otra carrera.

 

Reconocimiento
El docente necesita una importante dosis de auto propulsión, es verdad. Como sociedad, como políticos, tenemos una enorme deuda pendiente con el reconocimiento económico al trabajo docente. Sin embargo, generalmente, esto se traba por la dificultad para el diálogo con los sindicatos que, muchas veces, no están bien representados. Hay que trabajar con los gremios, ser constantes y coherentes porque, de ambos lados, hay muchos prejuicios. Se trata de dialogar, de trabajar juntos. Los políticos hemos ido dejando la educación de lado y la sociedad siguió el mismo camino. Ahora se viene recuperarlo.

 

Paz y responsabilidad
La paz es necesaria para aprender y, con los paros, la conflictividad llega al aula tanto al docente como al alumno. La responsabilidad de la paz es de los políticos y, en política, se necesita mucho coraje para llevar adelante un cambio; el lugar de los consensos son los parlamentos. Por ejemplo, en el Consejo Federal de Educación no se hablaba de calidad, hoy se llega a la dirección por antigüedad. Es un proceso, necesitamos trabajar el liderazgo docente.

Acompañaban al Senador el Ministro de Educación Alejandor Finocchiaro y el periodista Luis Novaresio

 

 

LOS POLÍTICOS HEMOS IDO DEJANDO LA EDUCACIÓN
DE LADO Y LA SOCIEDAD SIGUIÓ EL MISMO CAMINO. 
AHORA SE VIENE RECUPERARLO

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