La vida hay que vivirla

arantxa 86T enía 20 años cuando lo vi por primera vez.

A los 21, un par de semanas después de que se cumpliera un año de ese primer día en la universidad, nos casamos.

A mis 22 nació el mayor de nuestros cuatro hijos.

Con 27 dirigía una pyme de 6 integrantes: mi familia.

Nadie me había enseñado. Fui aprendiendo. Rodeada de buenos amigos y de un ambiente no tan hostil como hoy veo que tienen muchos jóvenes.

Durante algún tiempo sentí que era sapo de otro pozo. Sin embargo, hice algo natural: enamorarme y formar una familia.

No pensé en si teníamos o no recursos económicos para una fiesta, un departamento propio o un trabajo fijo que garantizara en el futuro nuestro bienestar.

De hecho, no teníamos nada de todo eso. Apostamos al amor y confiamos en nuestra capacidad para salir adelante. Han pasado 14 años… ergo, salimos.

¿Suerte? ¿Providencia? Hubo un poco de todo: trabajo, sacrificio, renuncias, fracasos, logros y sorpresas. La constante fue siempre el amor. Con amor superamos las dificultades.

Hoy observo a mi alrededor y se me encoje el alma cuando veo jóvenes con miedo al compromiso, a mujeres que postergan su maternidad por temor a no desarrollarse profesionalmente, matrimonios cuya primera opción tras una crisis es romper el vínculo. Papás muy ocupados en sus propias necesidades olvidando las de su alrededor.

El matrimonio no es fácil. Se elige todos los días. Construir una familia, cuidarla, contenerla e inculcar valores que los fortalezcan para tomar decisiones adecuadas en su vida es una tarea difícil, a veces frustrante y muy desafiante.

La vida hay que vivirla. Los invito a ser protagonistas y no simples pasajeros de un tren que pasa rápido y que tanto nos hace pensar…

Vale la pena.

firma arantxa

 

Arantxa Escribano

Periodista
Vicepresidente de Sembrar Valores Asociación Civil

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