La otra cara de la moneda

Tomas y Javier

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DEJAR DE LADO LA BRONCA Y EL RENCOR PARA DAR SEGUNDAS OPORTUNIDADES Y CONSTRUIR UN MUNDO MEJOR

 

Francisco Ferreccio

Una noche de octubre Javier, un joven de 18 años, vecino de la villa La Cava, entraba a robar en una casa de San Isidro. El médico Horacio Beccar Varela, padre de familia, jamás hubiera imaginado que el terrible episodio culminaría en un grave impacto de bala en su pierna por parte de la Policía, al ser confundido con el ladrón. El drama automáticamente se viralizó y la violencia saltó por nuestros labios.

Dos meses más tarde la historia volvía a las pantallas, convirtiéndose en trending topic de todos los medios y redes. Pero esta vez, por algo grandioso, algo que conmovió a los corazones de todos los argentinos y que generó más de una pregunta en los que leían la noticia.

Tomás (18)

Tomás, el hijo de 18 años de Horacio, optó por dejar de lado toda la bronca que le quemaba por dentro y priorizó brindarle una segunda oportunidad a Javier para que pudiera cambiar su vida.

El joven, jugador del SIC, estaba al tanto de la fundación Espartanos, el equipo de rugby de presos del pabellón 48 de San Martín donde por medio del deporte inculcan valores, tratando de encontrar un destino distinto para los presos. Así, Tomás averiguó dónde estaba detenido Javier y se puso en contacto con su entrenador “Coco” Oderigo, fundador de los Espartanos. “Che, Coco, necesito que me hagas un favor. Quiero que Javier, el que nos asaltó, juegue ahí”, le dijo en una conversación que tuvieron por teléfono. Al poco tiempo, el hombre estaba siendo trasladado al pabellón 48.

 

El médico, padre de
familia, jamás hubiera
imaginado que el terrible
episodio culminaría en un
grave impacto de bala en
su pierna.

Tuve la oportunidad de sentarme a tomar unos mates con Tomás para comprender de fondo qué fue lo que lo llevó a hacer este gesto tan grande de amor y perdón que generó tanto ruido en la sociedad.

– ¿Qué te motivó a hacer esto?
Creo que lo que me impulsó fue el hecho de tener la posibilidad de ayudar a alguien que nunca recibió un apoyo y que desde mi lugar lo único que tenía que hacer era una simple llamada. Javier tuvo una vida muy dura y nunca tuvo oportunidades.

– ¿Qué repercusión tuvo en Javier?
Por suerte siempre se mostró agradecido y con ganas de que yo vuelva al pabellón. La verdad que mucho no hablé, honestamente me cuesta desarrollar una conversación fluida con él.

– ¿Fue difícil tomar la decisión?
No me costó mucho procesar la decisión, obviamente lo pensé unas semanas por la repercusión que podría tener en mi familia. Me pude dar cuenta de que por más complicadas que sean estas situaciones, el camino más “corto” es estirarle la mano al que te golpeó o lastimó. De nada sirve guardar el rencor, la bronca y el odio adentro tuyo. Canalizás energías por un lugar que no es sano ni para uno mismo ni para tu propio entorno.

Javier (18)
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Por otro lado, también tuve la oportunidad de sentarme a charlar con Javier, que junto con todos los otros presos rezan el Rosario los viernes por la mañana. Chico de pocas palabras pero de gran mirada, es, según el capitán del equipo, “uno de los mejores jugadores”. El joven que considera al equipo como a una familia, resaltando los valores de compañerismo, amistad y unión, respondió las siguientes preguntas.

– ¿Vos creés que una vez que entraste a los Espartanos cambiaste como persona?
Sí, cambié mucho. Antes era muy salvaje, por ejemplo, no hablaba con nadie. Ahora vengo acá y hablo mucho. Estoy orgulloso de estar acá.

Capaz el día que salga
pueda tener un trabajo,
una familia, volver a
hablar con mi vieja.

– ¿Qué sentiste cuando escuchaste la historia de Tomás para con vos y cuando te lo encontraste acá en el pabellón?
¡No, cuando vino no lo podía creer! No podía creer que lo haya visto. Lo reconocí, pero no podía creer que era él, no creía que era él. Sentí orgullo de poder verlo, de darle un abrazo, de sacarme una foto con él. De pedirle disculpas, pedirle perdón.

– ¿Estás estudiando en el pabellón?
Sí, me anoté en la escuela de acá. Estoy con muchas ganas. Ahora estoy por hacer el secundario; el primario ya lo terminé. Además, capaz tengamos algunos talleres de música, que me gusta mucho.

– Y con respecto al Rosario los viernes a la mañana, ¿qué sentís rezando con tus compañeros?
Me siento contento porque nunca pensé que me iba a encontrar rezando el Rosario acá con mis compañeros de equipo. Nunca lo pensé, me llena mucho de felicidad.

 

Me impulsó tener la
posibilidad ayudar a
alguien que nunca recibió
un apoyo y que desde mi
lugar lo único que tenía
que hacer era una simple
llamada.

– ¿Después de todo lo que pasó, te diste cuenta de que una persona se puede equivocar pero puede salir adelante a través del arrepentimiento y el perdón?
Me di cuenta de que siempre hay una oportunidad, y ahora capaz el día que salga pueda conseguir un trabajo, formar una familia, volver a hablar con mi vieja que hace muchos años que no la veo. Con mi viejo cuando yo estaba en libertad no me hablaba y ahora que estoy acá volví a hablar y verlo. Hace cuatro años que no lo veía y desde que vine acá hablo por teléfono todos los días. Lo llamo todos los días, me llama y hablamos.

Sereno y en silencio, se dio vuelta agradeciendo.
Y pensé, para mí… ¡Qué lindo poder contemplar el poder del perdón y ver las consecuencias de las nuevas oportunidades!
Agradecido por conocer a Tomás y a Javier, me preguntaba… ¿cuán distinto sería el mundo si desde nuestro espacio les diéramos lugar y valor a estas dos cosas: el arrepentimiento y el perdón?

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