flia viajera

La atracción misteriosa del sol

EN FAMILIA

Más aventuras de la familia viajera

 

Amanecer en un globo aerostático o flotando sobre el Ganges son algunas de las emociones que la familia Giusiano tiene para compartir. Escuchemos a Eduardo…

 

MARIA AMALIA CABALLERO | DRA. EN COMUNICACIÓN PÚBLICA | DIRECCION@SEMBRARVALORES.ORG.AR

 

MMinutos antes, la conciencia luchaba contra el despertador y el sueño. Pero no podíamos perdernos de vivir ese momento, no tendría perdón.

India

Caminábamos en silencio entre el bullicio de una ciudad que no duerme, era todavía de noche, el peso de Tomás en mis brazos parecía complicarme más de lo habitual el avance entre la gente, hasta que flia viajera 1noté las manos de Matteo y Sabrina prendidas fuertemente de mi ropa… el escenario era un poco atemorizante… paradójico digamos, ya que era pacífico, espiritual. En la penumbra, una mezcla de mendigos, vendedores, monjes y personas comunes se agolpaban junto a nosotros en el camino. Pequeñas flia viajera 2fogatas, murmullos, túnicas, turbantes, miradas curiosas, algunas sonrisas… son las imágenes que me vienen a la mente en recuerdo de nuestro trayecto hacia la costa del río sagrado para llegar antes del amanecer.

“Empezamos a flotar sobre
esa mágica geografía, sin ataduras,
sin encierro, sin ventanillas”.

Embarcamos con nuestro guía y un joven remero que reflejaba su esfuerzo en cada remada. Cuando la penumbra se iba diluyendo, comenzaron las campanadas y los sonidos de los altavoces con la entonación de lo que estimo serían algunas plegarias: eran estremecedores.flia viajera 3

En ese momento, la bola de fuego comenzó a asomarse en el horizonte.Y el sueño de viajar a la India se inmortalizaba en ese momento, parecía mentira, estábamos todos, amaneciendo juntos flotando en el Ganges.

Entonces, el sol calentaba nuestros cuerpos recargando energías, las imágenes de la costa se hicieron más nítidas y vimos el ritual de los barbudos Santones; mientras, el pequeño Matteo volvía a la carga con una y otra pregunta.

Cuando a la distancia aparecieron las piras crematorias, las preguntas fueron profundizándose, nosotros observábamos el duelo entre
el niño y el guía que, por fortuna, hablaba castellano.flia viajera 4

Recuerdo su mirada desconcertada, las expresiones del rostro al no encontrar respuestas. Hasta que le dijo: “Mirá, Matteo, llevo más de 10 años trabajando en esto y jamás, nadie me ha hecho tantas y tan complejas preguntas, estoy pensando en dedicarme a otra cosa”.

En nuestra casa descansa una botellita con agua que juntamos esa mañana en el Ganges.

Turquía

La geografía de Capadocia es ya de por sí mágica. Sus formas, sus colores son como de otro planeta. Goreme, con sus cuevas y sus construcciones integradas al contexto, parece una ciudad de “La guerra de las galaxias”.flia viajera 6

Todavía de noche, nos dirigimos en camioneta hacia donde, según los vientos de esa madrugada, partirían los globos. ¡Sí!, estábamos cerca de alcanzar otro sueño… volar en globo.

Llegamos. En una improvisada mesa alumbrada con una linterna, ofrecían un fuerte café turco para despabilarnos.

De repente, el estruendo de los potentes quemadores hizo girar a todos; las llamas iluminaban al gigante todavía acostado en el suelo… era imponente. De a poco, el aire caliente fue levantando el monumental globo, el de color naranja, que sería nuestra nave.

La tropa -como llamo cariñosamente a los míos- estaba excitada. Nos ubicamos en nuestro sector de la típica caja de mimbre. Estábamos un poco apretados, pero bueno, nada que reclamar. Todavía no sabíamos cómo habíamos logrado que nuestros anfitriones incluyeran esta experiencia única, cuyo costo es bastante elevado.

El capitán dio las indicaciones de seguridad y el gran globo empezó a elevarse entre las coloridas montañas del Valle Rosa, mientras el sol emergía en el horizonte y con él, centenas de globos despegaban de todas partes. El paisaje era especialmente bello.flia viajera 7

Con el viento en la cara, veíamos cómo se alejaban las manos abiertas y las sonrisas que nos despedían. Luego de ascender, empezamos a flotar sobre esa mágica geografía, libres, sin ataduras, sin encierro, sin ventanillas.

Todos estábamos disfrutando, pero Alejandra había esperado este momento más que ninguno… para ella no era un sueño entre tantos…
era SU sueño y allí estaba, amaneciendo, flotando en un globo, inmersa en un mar de colores y formas, sobre el cielo en Capadocia.

Laos

Los tambores de los monasterios, que empezaron a sonar cuando todavía era de noche, ponían la piel de gallina. Era el anuncio, la ceremonia comenzaba, y centenares de monjes ataviados de naranja salían a las calles y avanzaban en fila por el centro de Luan Prabang, en el norte de Laos.

La “ceremonia de las almas” enmarca la salida de monjes y aspirantes a monjes budistas a recorrer las calles en busca de su sustento diario. Llevan un cuenco colgado y van recogiendo el alimento que el pueblo les otorga a manera de ofrenda. La gente arrodillada y en posición de oración, espera el paso de los monjes que se detienen frente a ellos, para abrir el cuenco y dejar que la comunidad deposite allí alguna clase de alimento, principalmente arroz.

La fila naranja era interminable y a medida que el sol emergía entre flia viajera 8las montañas que rodean la ciudad, la escena iba tomando más color.

Sabrina, colocándose en la línea de las personas que esperaban el paso de la larga columna, entregó a uno de los monjes nuestra propia y simbólica colaboración.

Como por arte de magia, los monjes fueron desapareciendo de las calles y cuando el sol ya iluminaba con fuerza, la vida en la pintoresca Luang Prabang, con su reminiscencia de arquitectura francesa y templos budistas, volvió a la normalidad.

Inolvidables

No fueron los únicos, fueron muchos más los amaneceres que valieron la pena ser vividos; cierro los ojos y vuelvo a ver cómo emergía el sol sobre el Nilo, camino al Valle de los Reyes, cerca de Luxor. Lo veo “trepar” por sobre las verdes montañas para ir iluminando, paso a paso, las ruinas de la legendaria y misteriosa Machu Picchu. Descubro los destellos de sus primeros rayos sobre las plazas y parques de Xian, en el interior de la milenaria China, iluminando, como si estuvieran en un gigantesco escenario, al “mar” de personas, que, en silencio, moviéndose al unísono, parecían tomar su energía, armonizando cuerpo y alma al ritmo de su matutina práctica de Tai Chi.

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