José de San Martín, un abuelo bajo el uniforme

 

 

 

En homenaje a José de San Martín, compartimos una nota escrita por  Lucía D. de Stellatelli para nuestra edición 33 ¡Qué locura cuánto tiempo y cuántos valores!

 

 

San Martín caminó los Andes y los hizo nuestros. Supo decir hasta aquí llego y dejar el espacio a otros. Debajo de ese uniforme elegante, estaba Don José. Rescatamos al hombre de familia que eligió descanso en la pobreza, cerca de su hija y de sus nietas.

 

Lucía D. de Stellatelli      Orientadora Familiar   luciadodds@hotmail.com

 

Es la historia de un grande por su sueño y por su misión de libertad; y ensanchada por el apego a los vínculos hasta el último día. Sin embargo, quedó en la penumbra la fisonomía más humana de aquel que, con su modo personal y único, incrustó en la historia su marca de amor y valores.

Queremos detenernos en el San Martín que, después de cortar la cordillera y la colonia, reposó cerca de su hija y de sus nietas.

 

San Martín Romántico

La vieja casona mantenía su presencia habitual. Envuelta por la tradición con un halo de importancia, era un hogar especial. Esa tarde, la gente conversaba sobre los recientes acontecimientos políticos: nuestra historia, joven y rebelde, quería tejerse cada día con más vigor. En el aire bailaban las melodías de un minué que brotaba del piano de cola.

El recién llegado detuvo su mirada en un rostro sin nombre que, al compás de su figura que se movía con graciosa elegancia. Se acercó a ella y le pidió el siguiente baile. Su nombre era María de los Remedios. Desde ese momento, la niña de los Escalada quedó comprometida con la historia.

No acierto, amigo, a expresar los encantos de esa niña Remedios, cuya existencia encuentro semejante a la de nuestra naciente Patria, que para subsistir, necesita de todos nuestros desvelos, cariño y, más que todo, protección”, son palabras de San Martín al Coronel y Jefe del Regimiento de Granaderos, Mariano Necochea.

El nuevo matrimonio fue una celebración de campanillas por el prestigio y la notoriedad de los esposos. Tuvo desde un comienzo largos períodos de ausencia, porque los deberes militares de San Martín lo alejaban de su esposa.

Ya en Mendoza, donde el General San Martín se preparó para la emancipación de Chile, los cónyuges vivieron juntos el tiempo más largo de todo su matrimonio. Allí nació Merceditas, su única hija. El estado de salud de Remedios y las constantes campañas del Libertador en zonas tan alejadas no les permitieron restablecer la vida matrimonial que tanto anhelaban. Ella fue amada en silencio durante los largos días de la hazaña histórica. “Remedios marchó para Buenos Aires, pues el temperamento de este país (Mendoza) no le probaba; aquí me tiene usted hecho un viudo”, escribió San Martín a O’Higgins. Confortaba sus días ponderando el amor hacia su esposa.

Ella acompañó siempre la Misión y valores de su esposo, trabajó con las mujeres en la elaboración de ropa para los soldados y, más importante aún, de la bandera que cruzó los Andes. También, dio ejemplo de generosidad al donar sus propias joyas para la causa.

Cuatro años después, la viudez dejó de ser en él un estado figurado para convertirse en una realidad irrevocable.

San Martín papá

En esos años le quedaba otra misión: educar a su hija en los cánones de la exigencia y el cariño; y nunca dejó de buscar lo mejor para ella, como el más valioso legado que podía dejarle en vida.

Recogió a Merceditas en Buenos Aires y partió para Europa. “Cada día me felicito más y más en mi determinación de haber conducido a mi chiquilla a Europa… El inglés y el francés son tan familiares como su propio idioma, y el adelanto en el dibujo y la música son sorprendentes”, le escribió a su amigo Tomás Guido, destacando lo más importante en la educación de la época.

Todos sus esfuerzos se volcaron en intentar hacer de Merceditas una mujer íntegra y, en palabras del mismo San Martín, en que llegara a convertirse en “una buena esposa y tierna madre”. El matrimonio de Merceditas con Mariano Balcarce, hijo de general Antonio Balcarce, segundo jefe de la campaña a Chile, llenó de felicidad a San Martín.

 

San Martín abuelo

Y el nacimiento de sus dos nietas, María Mercedes y Josefa, completó las aspiraciones del guerrero de la independencia. “Paso en mi pequeña casa de campo ocho o nueve meses al año. Toda mi distracción está reducida a mi pequeña familia, la que con esmeros por mí y por su buena conducta, hace mi vejez muy feliz”, escribió en una carta a Pedro Molina.

Pocas veces flaqueó su ánimo, a pesar de los grandes contratiempos.

Supo transformar la penuria injusta de sus días en el exilio en una condición de genialidad propia de los grandes. Apunta a Guido en una de sus últimas cartas: “Soy el hombre más poderoso de la tierra, porque usted sabe que yo no tengo caprichos y no ignora que vivo con frugalidad”

Conservó durante su vejez una admirable lucidez mental, a pesar de que los intensos dolores anunciaban ya el final. “¡Es la tormenta que me conduce al puerto!”, había dicho a su hija, quien permanecía a su lado.

El 17 de Agosto de 1850, San Martín murió en la más completa pobreza.

Su único patrimonio y el mayor reconocimiento de su grandeza fue el amor que su familia supo darle.

 

 

 

Fuente:

José de San Martín. Libertador de América, Instituto Nacional Sanmartiniano. Buenos Aires.

Otras fuentes: San Martín Íntimo. El hombre en su lucha. Carlos Ibarguren.

Remedios de Escalada de San Martín. Su vida y su tiempo. Florencia Grosso.

La ofrenda de Gérard al Libertador San Martín. Olga E. de Botas.

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Máximas de San Martín para la educación de Merceditas

Elegimos algunas que bien podrían servir para la educación de las nuevas generaciones en la construcción de una nación grande.

– Inspirar el amor a la verdad y el odio a la mentira.

– Vivir la caridad con los pobres.

– Respetar la propiedad ajena.

– Tratar con dulzura a los criados, los pobres y los viejos.

– Ser capaces de unir la confianza y la amistad con el respeto.

– Acostumbrarse a guardar un secreto.

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Para leer más andá a Revistas Anteriores, buscá edición 33, ¡te vas a sorprender!

 

 

 

 

 

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