HyH, HERENCIA Y HERIDAS

ÁNGELES B. DE HOUSSAY | ABOGADA ESPECIALISTA EN FAMILIA

 

N o siempre el proceso sucesorio comienza con el fallecimiento de la persona. Cada vez es más frecuente adelantar la división de los bienes. En este momento suelen aparecer conflictos que ponen al desnudo la apetencia por lo material y, más grave aun, viejas heridas que no sanaron, competencias entre hermanos, rivalidades, envidias, y toda una historia antigua que, consciente o inconscientemente, se actualiza.

La división de bienes

Hay otras situaciones que adelantan la aparición de estos conflictos previos como, por ejemplo, el nuevo casamiento de uno de los padres, que genera en los hijos un sentimiento de no querer incluir en la “futura herencia” al nuevo cónyuge.

Sea por la razón que fuere, las divisiones de bienes -valiosos o no- termina, en la mayor parte de los casos, en conflictos cuyo triste final son familias desmembradas y rencores que se traducen en cortes de relación. Bajo la apariencia de “justicia”, hay un fondo oscuro que no todos saben o pueden manejar.

Por experiencia profesional, puedo decir que, en la mayoría de estos casos, no existe mezquindad en el sentido de querer obtener determinado en el reparto, sino que esos reclamos surgen por antiguas rencillas no resueltas, por heridas no sanadas, por rivalidades y celos.

Manejo del conflicto

Estos conflictos son casi inevitables y difíciles de manejar, pero se puede intentar bajar el nivel de agresividad. ¿Cómo?

Establezca pautas de negociación y de diálogo.
Busque un intermediario, en el que todas las partes confíen.
Que sea hábil para descubrir lo que realmente cada uno ansía obtener.
Que sea capaz de transmitir que en todo buen acuerdo se necesita también ceder.
Que pueda recordar a todos que hay valores más importantes en juego.
Actitud: Toda la familia tiene que estar dispuesta a actuar como un equipo en el que cada uno aportará sus capacidades positivas para el logro de la finalidad propuesta.

Situaciones particulares

Objetivamente, o no, alguien se sintió “menos querido” o que le prestaron menos atención, y pretende compensarlo con lo económico. Otro considera que tiene derecho a una porción mayor porque tiene más necesidades económicas.

Frente a estas actitudes, cabe hacer presente a todos que existe una justicia legal, que en el desacuerdo impondrá sus condiciones. En caso de llegar a un pleito, este consumirá tiempo y dinero -probablemente más de lo que se pretende- y profundizará el desgaste en las relaciones interpersonales hasta hacer casi imposible el retorno.

Como siempre: prevención

Una manera inteligente de prevenir conflictos futuros consiste en que la familia programe o establezca, a través de un testamento, cómo será el reparto una vez ocurrido el deceso de alguno de sus miembros, lo cual tampoco es garantía de que no habrá discusiones, pero, al menos, ordena y manifiesta la voluntad de quien deja su herencia.

En la educación de los hijos, estarán presentes no sólo los valores superiores a cualquier pertenencia, por más valiosa que parezca económica o sentimentalmente, que son las relaciones interpersonales, familiares, el ejemplo a los hijos, la solidaridad, la benevolencia, la caridad.

Por otro lado, conviene recordar que nadie tiene “derecho a la herencia”, sino hasta que se produzca la muerte; hasta entonces, el titular de los bienes puede usar de ellos como mejor le parezca. Obviamente, sin entrar en la dilapidación.

No todo son derechos

Tampoco hemos de olvidar que existen obligaciones como impuestos, deudas que una herencia trae aparejada y que, al momento de la división, deberán ser claramente explicadas, y también repartidas.

Estamos ante una de las causas de mayor conflictividad en el derecho de familia que da lugar a rupturas muy dolorosas. Una mirada superadora y más abarcativa lleva a entender las distintas motivaciones de los actores del conflicto y acerca los intereses de una manera equitativa que no siempre es matemática ni legalmente infalible.

 

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