Un patrón que se repite en los bebés: el afecto por un peluche

¿Por qué Lucía no suelta ese osito de pelcuhe? A veces, le doy otra cosa para que se distraiga o se duerma pero no hay caso ¿Tiene un cariño especial?

Por María Inés Caballero, docente. minescaballero@gmail.com

“Había una vez un bebé, que no se dormía sin su oso de peluche…”

Seguramente hemos observado que a veces hay niños que se “aferran” a un juguete o a algún objeto determinado como si le tuvieran un cariño especial.

Este hecho, bastante habitual en los bebés a partir de los cuatro meses y que puede durar hasta después de los 4 años, fue estudiado y descripto por el pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicot quien lo denominó “objeto transicional”.

Este objeto es para el bebé algo que le ayuda a diferenciarse de la madre y a conocer y relacionarse con el mundo; se establece una relación especial entre ese niño y ese objeto que le permite sentirse seguro y le ayuda a superar miedos y angustias.

Suave, blando y calentito

Generalmente se trata de un objeto blando y suave, como un muñeco de peluche o una mantita, que el niño puede manipular, abrazar, frotar, arrastrar y hasta morder. Lo curioso es que es el bebé quien elige en qué objeto pone su preferencia, sin ninguna razón aparente, aun cuando los padres intenten favorecer el apego con otro objeto parecido.

Este objeto “elegido” tiene poderes que el niño le otorga subjetivamente; también le inventa sentimientos: “Hoy mi oso está triste”. Esto ocurre porque el niño da al objeto un significado subjetivo que le permite sentirse seguro y le favorece su relación con el mundo donde todo es nuevo para él.

El que sea suave, blando y que pueda retener la temperatura del cuerpo le resulta agradable, le “recuerda a su madre” y le permite manipularlo y llevarlo a todos lados.

Como acompaña al bebé casi todo el tiempo y duerme con él, tiene un olor particular y no es aconsejable lavarlo porque también ese olor lo hace especial para el bebé. Lo que sí es recomendable es procurar que no lo arrastre demasiado para que se ensucie lo menos posible.

Para “momentos difíciles”

No todos los bebés adoptan un objeto transicional, porque el desarrollo emocional es diferente en cada niño. Algunos repiten conductas como balancearse, acariciar el pelo de la mamá, frotar las manitos o los pies con la sábana, cantar una melodía… En cualquier caso, esto nos muestra que el niño va, de a poco, reconociéndose a sí mismo, a los objetos, las rutinas y el espacio.

Para los padres este querido elemento puede resultar un buen aliado cuando al bebé le cueste dormirse o esté molesto; también es de gran utilidad para llevarlo al jardín maternal o a cualquier otro lugar que pueda no resultarle familiar. La compañía de su objeto especial le ayudará en sus primeras separaciones a superar miedos y ansiedades.

¿Hasta cuándo?

Cuando nuestro hijo crezca, ese peluche o ese trapito serán un lindo recuerdo de su niñez. Como en tantos otros aspectos del desarrollo psicológico de los niños, no es fácil determinar en qué momento el objeto transicional “pierde su significado” y deja de ser importante. Cada chico tiene sus tiempos y sus circunstancias y dejará de recurrir a él cuando esté preparado.

El estilo de vida actual a veces nos lleva a forzar la independencia de los niños y esto puede provocar que el chico se aferre más a su sabanita o a su oso cuando se sienta presionado a dejarlos. En estos casos es conveniente respetar sus tiempos, ayudarlo para que se sepa querido y cuidado y tener paciencia porque sin duda llegará el momento en que se sienta seguro para dejar atrás este compañero de los primeros pasos.

N. de R. Agradecemos a las familias que nos envían sus fotos para ilustrar nuestras notas.

 

 

 

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