¿HAY VIOLENCIA EN CASA?

Papá y Mamá

 

Cuando se habla de violencia pensamos en un hombre golpeador, una mujer hiriente. Veamos algunas situaciones de violencia cotidiana: tal vez, estamos siendo actores

 

Lic. Carolina Alberro | carolinaalberro@fibertel.com.ar

 

S i bien en el ser humano hay cierta dosis de agresividad que es innata e incluso necesaria para sobrevivir, adaptarse y defenderse, cuando se trata del vínculo con el “otro”, será la familia, especialmente los padres, quienes actúen para modelar a sus hijos en cómo desplegar o no el uso de la violencia.

Este vínculo familiar es preponderante para perfilar si en el futuro seremos adultos violentos o violentados.

Cuando hablamos de violencia suelen aparecer -en líneas generales- dos visiones. Hay quienes piensan que la violencia es innata, propia del ser humano y su naturaleza, mientras otros opinan que la violencia en el hombre es adquirida.

   ¿Innata o adquirida?   
Los que adhieren a la primera postura, afirmando que la violencia es innata, sostienen que el ser humano ya nace con un quántum de agresividad, que es la que le permite sobrevivir, crecer y desarrollarse como tal. Y será la cultura, el medio en que se desarrolle, quien irá encauzando, moderando, o no, dicha agresividad mientras se educa.

Por otro lado, quienes sostienen que la violencia es adquirida, afirman que el hombre nace bueno por naturaleza y que, cuando entra en relación con la cultura, según el medio en que se desarrolle, adquiere -a modo de defensa o por identificación- modos violentos de vincularse con los otros.

 

Hay quienes piensan que
la violencia es innata,
propia del ser humano y su
naturaleza, mientras otros
opinan que la violencia en
el hombre es adquirida

   ¿Qué hacemos con nuestra historia?   
Los padres acarreamos nuestras propias historias personales que, emocionalmente hablando, pueden haber sido más o menos tristes o favorables.

La conciencia de quiénes somos, el conocimiento propio, es indispensable para criar niños que se sientan amados, queridos, protegidos, sostenidos, acompañados. Esta conciencia es necesaria para que los niños tengan su autoestima real, saludable y fuerte que les permita desarrollarse de manera feliz y armoniosa en el mundo que les toca vivir.

Cuando hay violencia en nuestro interior o en nuestra conducta estamos manifestando un alto grado de desconocimiento propio y escasa capacidad de considerar a “otro” como tal con necesidades y sentimientos diferentes. Para producir un cambio de estas actitudes se requiere una introspección profunda que nos cuestione si hemos crecido sintiéndonos amados, respetados y amparados, o no. Solo las respuestas a estas preguntas, que van al fondo, nos darán alguna luz para comprender desde dónde nos estamos vinculando y comunicando con los demás.

 

EL CONOCIMIENTO PROPIO ES INDISPENSABLE PARA
CRIAR NIÑOS QUE SE SIENTAN AMADOS, QUERIDOS,
PROTEGIDOS, SOSTENIDOS, ACOMPAÑADOS

 

Cuando hablo de “los demás”, me refiero en primer término a nuestra pareja, nuestros hijos y amigos, nuestros padres, nuestro entorno en general, social, de trabajo, etc.

   ¿Dónde radica la diferencia?   
Hemos sido criados de manera diferente y la diferencia sustancial para lograr una estructura  emocional sólida está en haber sido criados por una mamá amorosa, maternante, amparante junto a un padre que también ofreció amor, contención y seguridad emocional.

Cuando nos decimos madre o padre, los nombramos como figuras nodales ya que la falta de alguno de ellos referirá a quienes hayan cumplido esa función.

De ahí que la primera pregunta para hacernos los adultos es: ¿de dónde vengo?, ¿cómo me paro yo frente al mundo? Por ejemplo, una mamá infantil, desconectada de sí misma, con escaso conocimiento de sí, difícilmente pueda sostener a alguien más.

Se entiende que interesa saber qué pasó en mi vida para comprender mejor quién soy como adulto. Pero, en realidad, es mucho más importante reflexionar acerca de qué hacemos con lo que nos tocó vivir y cómo nos paramos frente al mundo hoy a cargo de nuestros propios hijos.

A partir de estas cuestiones se pone ante nuestros ojos que nuestro mejor desarrollo personal requiere de una “decisión personal” que nos lleve a ir descubriendo nuestro potencial. Nuestra conciencia de ser padres nos empuja a alcanzar la mejor versión personal de quién podemos.

   ¿Cuándo hay violencia?   
Cuanto más nos desconocemos, más hostil se presenta el mundo que nos rodea. Fabricamos enemigos para escapar de la propia hostilidad contenida, y llegamos hasta a incluir a nuestros propios hijos dentro de “nuestros” enemigos.

Así es que ponemos en los demás, en el afuera, aspectos que nos son propios, sin siquiera  reconocerlos.Si hemos crecido sin amparo suficiente, sin mirada, sin contención, sin amor, sin cuidados, desde un lugar muy ciego de desconocimiento personal, desplegamos nuestra violencia contenida en los demás.

Muchas veces recibimos a nuestros hijos en estas condiciones, como padres que hemos crecido emocionalmente desamparados.

   Ahora   
Al criar a nuestros hijos, sepamos que:

•    El desamparo es VIOLENCIA.
•    No reconocer las necesidades básicas de un niño es VIOLENCIA.
•    No conectar emocionalmente con nuestros niños es VIOLENCIA.
•    Exigirles a los niños que se adapten al mundo adulto es VIOLENCIA.

   Un par de advertencias   
• Revisar cómo ejercemos nuestra violencia sobre los demás.

Conocer que la violencia, según el momento, puede ser pasiva o activa.

Reconocerla en nosotros mismos nos ayudará a comprendernos, a tomar conciencia sobre nuestro accionar. Desde ese lugar con mucho esfuerzo podremos ofrecernos mejor a los demás en general y a nuestros hijos en particular, ya que serán ellos los mayores  beneficiados de este esfuerzo personal.

 

MÁS NOTAS

Dejar un mensaje

Su email no será publicado Datos requeridos *

17 − uno =

Copyrıght 2014 SEMBRAR VALORES.