fuera del horario escolar

FUERA DEL HORARIO ESCOLAR

chicos

Hay muchas actividades extraescolares, ¿cómo elegir la más adecuada para nuestro hijo? Repitiéndonos: “hay muchas actividades extraescolares”.

María José Castilla Sastre | Docente | castilla.majose@gmail.com

 

E l año escolar ya arrancó. Nuestros horarios semanales más ordenados. Miramos con interés, ahora mucho más que en épocas anteriores, tal vez por buscar una alternativa a las pantallas, las propuestas disponibles a nuestro alrededor: el instituto de francés que recomendó el tío, la escuela de cocina que empezó la prima, el club de rugby al que iba mi familia, las clases de teatro con el espectacular show a fin de año, un taller de arte donde se les permite “encastrarse” y crear…

La variedad de opciones nos lleva a reflexionar sobre lo que cada una de ellas implica, ¿cuál es la mejor opción para nuestro hijo? En muchos casos, la respuesta a esta pregunta llega de a poco, con los años, y un sinfín de idas y vueltas.

  Viene con la herencia  
Que las ofertas sean realmente muchas y variadas, es muy bueno. A la vez, es bastante probable que las primeras en las que pensemos sean las que conocemos de antemano, porque nosotros mismos las disfrutamos de chicos. En general, la mejor parte de estas primeras elecciones es que nos sale naturalmente implicarnos y acompañar, porque las disfrutamos “desde las gradas”, y como alguna vez lo hicimos “dentro de las canchas”, probablemente nos sentimos cómodos con el espacio y sus códigos, que conocemos y compartimos.

También se nos viene a la cabeza algo en lo que nos hubiera gustado haber participado, lo que todavía reprochamos a nuestros padres, a quienes no pudimos convencer, porque “con clases de canto o guitarra no sentiría vergüenza al cantar en público” o “porque un segundo o tercer idioma es indispensable para el futuro laboral”.

Estas elecciones “por herencia”, como ya dije, suelen estar entre las primeras que barajamos. Pero encontramos un factor que nos invita a reflexionar: “ellos no son nosotros”. ¿Es esta realmente una actividad a su medida? ¿Podrá disfrutar y sentirse protagonista en ese espacio? Estas respuestas pueden tardar en “decantar”, y seguramente estaremos algunos años empujándolos, implicándolos, porque sabemos que al principio pueden tardar en engancharse. Estamos frente a un proceso que convendrá que transitemos juntos, teniendo en mente que hay muchas otras alternativas esperando por nuestro hijo.

 Conocer y conocerse  
Las actividades extraescolares nos permiten conocer a nuestro hijo en un espacio probablemente más relajado, fuera de las formalidades del aula, aunque con sus propios códigos y reglas. Familiarizarnos con ellos, especialmente si es una ocupación y un ambiente “nuevo” para nosotros también, es parte de nuestro rol de acompañantes. Acercarnos y aprender a reconocer de a poco a los adultos o mayores que serán referencia, entablar relación con los demás padres del grupo, implicará de nuestra parte un esfuerzo por hacer un tiempo cada vez que  aparecemos, para tender un puente y poder conocer realmente el espacio donde nuestro hijo pasará varias horas de su vida,  intercambiando y apropiándose de valores y formas de vida.

A través de estos variados contextos extraescolares, los chicos aprenden  a conocerse a sí mismos, desde otra mirada y otras exigencias. Son una  oportunidad valiosa que le ayudará a moldear y trabajar distintos  aspectos de su personalidad.

Existe una variedad de oferta tan amplia como la diversidad de chicos, entonces, si existe confianza, puede ayudar ir conversando con otros adultos que comparten con nuestro hijo: sus docentes, sus tíos. Ellos, que conocen y valoran a nuestros hijos, pueden invitarnos a pensar opciones que quizás no teníamos en cuenta.

Las actividades extraescolares nos
permiten conocer a nuestro hijo en un espacio
más relajado, con sus propios códigos y reglas.

“Pedro no es bueno en fútbol… ¿lo sigo llevando para que mejore o busco algo distinto para él?” Si bien es importante transmitir valores como el esfuerzo y la perseverancia, si tuviera que elegir entre una tarea “para que mejore” y una “en la que se luce”, personalmente elegiría aquella que destaca sus puntos fuertes, y me consideraría muy afortunada de haber encontrado esa opción. Nuestro hijo aprenderá a entender que cada uno puede lucirse con sus distintas habilidades.

 Socialmente, ¿afianzar o abrirse?  
Por último, no podemos dejar de pensar en este espacio como una dimensión social, y seguramente en algún momento nos preguntemos si involucrarlo en una actividad con los mismos chicos del colegio, como para afianzar sus vínculos, o con otros, como para abrir nuevas puertas, nuevas posibilidades. Creo que no hay decisión correcta o incorrecta, cada una tiene sus propias ventajas, pero pienso, y especialmente cuando no estamos conformes con algunas dinámicas grupales ya existentes, que será el momento de evaluar nuestro diálogo con los otros padres. Si tanto nosotros como ellos están bien dispuestos a formar equipo, y nos sentimos habilitados a pedir ayuda e intercambiar inquietudes, entonces este espacio podría funcionar para fomentar nuevas formas de interacción, con sus mismos compañeros, pero en un espacio bien distinto. Si, por el contrario, notamos que significa  reproducir una dinámica con la que no estamos a gusto, quizás sea hora de pensar en involucrarlo en un nuevo contexto, un nuevo grupo de personas en el que nuestro hijo pueda relacionarse de otro modo y, sobre todo, disfrutar de la compañía de los demás.

Las decisiones con respecto a las actividades en que participará nuestro hijo no se agotan en una página: se irán decidiendo con una mirada atenta y mucho diálogo. Hay muchas opciones, y, con el tiempo, encontraremos aquellas que permitan a nuestro hijo disfrutar de conocer y conocerse.

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