esta vez callar es proteger

ESTA VEZ, CALLAR ES PROTEGER

La intimidad del matrimonio es de los dos… aun en momentos de crisis, aun cuando parece que es el fin.

María Cornú Labat | Magíster en Matrimonio y Familia | sernosotros.com | mcornulabat@sernosotros.com

M uchas ideas me vienen a la cabeza. Desde las más frívolas, que conducen a consecuencias muy serias, hasta algunas que, desde la profundidad del planteo, pueden provocar las heridas más dolorosas.

Una mujer separada de hecho, con dos hijas mayores de edad, buscaba asesoramiento. No sabía bien para qué. En una primera charla parecía que se trataba de querer saber dónde estaba parada, qué podía reclamar,
qué bienes le correspondían… Pero ahondando un poco más en las conversaciones me daba cuenta de que quería que yo la ayudara a buscar la manera de volver con quien todavía era su marido legalmente.

Los sufrimientos por los que había pasado eran muchos, eran muy íntimos y en algunos casos tan humillantes que le costaba abrir su alma para relatarlos. Pero la manera en la que hablaba, la comprensión con la que se refería a algunas cosas que a terceros podrían parecerles tremendas, la calma, la tristeza sin rencor… todo indicaba que había  amor.

 

¿QUIEN TENIA RAZÓN? ¿LOS DEMÁS QUE LA
QUERÍAN MUCHO O O, UNA PROFESIONAL QUE
LA PODÍA AYUDAR AUNQUE RECIÉN LA CONOCÍA?
ERA ELLA LA QUE TENÍA RAZÓN. SABÍA LO QUE
SENTÍA, LO QUE QUERÍA.

 “Todavía lo querés”  
Me salió un “lo que pasa es que vos todavía lo querés”  (a pesar de tanta locura, de tanta incongruencia)… Y, con los ojos aliviados y brillantes, me dijo “sí”. No dudé en confortarla y decirle que estaba a tiempo, que podía trabajar en eso y que valía la pena.

Algo animada, pero a la vez sorprendida, me confesó que era la primera persona que le decía que valía la pena. Sus amigos, todos los que la querían bien, incluso una de sus hijas, se atrevían a decirle que estaba loca, que no se le ocurriera volver con él.

¿Quién tenía razón? ¿Los demás, que la querían mucho o yo, una profesional que la podía ayudar aunque recién la conociera? Era ella la que tenía razón. Ella solamente sabía lo que sentía y quería. Y probablemente, al haber expuesto tanto su intimidad, al haber recurrido a que la escucharan y la contuvieran, dio lugar a que los demás se sintieran con derecho a aconsejarla. Y la aconsejaban porque la querían, sin dudas. Y querían verla bien y querían lo mejor para ella. Y se lo hice saber. Pero, si hay amor, queda algo para rescatar. Si hay amor y voluntad de recomponer la relación, se puede y se debe intentar, pienso.

 Expuse nuestra intimidad  
Quien está pasando por un momento así, quien con su compañero o compañera esté atravesando una situación difícil, se reconozca sumido en un desencuentro o se vea en algún nivel de deterioro de la pareja, nunca olvide que también todo eso forma parte de la intimidad. Y así como no discutiríamos con amigos, padres o hermanos, si está bien lo que con mi marido o mi mujer hacemos en la cama, no demos lugar a que ellos juzguen la acción de quien comparte lo más íntimo con uno. Preservemos esa persona tanto como preservamos nuestra desnudez y la de él o ella. Porque exponer toda esa intimidad es una manera de  desnudarlo frente a los demás. Y una vez que la persona y nuestra intimidad quedan expuestas, pueden ser blanco de toda clase de opiniones, burlas, juicios que no siempre vamos a estar dispuestos a aceptar. Y habrá casi tantas propuestas de solución como personas opinando.

 “No era para vos”  
Y ni hablar cuando escuchemos a mamá decir “siempre supe que no era para vos. Cómo me molestaba que se quedara ahí sentado mientras vos te matabas corriendo atrás de todas las cosas de la casa…” Y nos demos cuenta de que esa cotidianeidad formaba parte de nuestra intimidad, y funcionaba así, y nadie había pedido opinión sobre eso… Y nos vamos a dar cuenta de lo que duele que un tercero interprete, universalice y juzgue lo que pertenece al mundo de dos…

Pero ya desnudé al otro, ya desnudé mi intimidad. Y puede ser que descubramos que, a pesar del error más garrafal, a pesar de una mentira, de un engaño, o de cualquier “atrocidad” que hubiera sucedido, queremos regalarnos el perdón y una nueva oportunidad. Y tengamos que mirar a la cara a quien habilitamos a dar su sentencia sobre nuestro ser nosotros.

A la hora de pedir consejos, así como de darlos, si nos toca escuchar a un ser querido que pasa por una situación de dolor en la pareja, habrá que ser extremadamente prudentes. Si bien es una frase trillada, y no es de mi autoría, es muy cierto y se aplica en esta instancia la tan conocida “cada pareja es un mundo”. Preservemos nuestro mundo, nuestra  intimidad. Cuidemos al otro, y así a nosotros mismos.

 Es un mal tipo  
A veces, es cierto, uno necesita escucharse a sí mismo para ordenar las ideas y los sentimientos, algo que generalmente sucede al ponerlos en palabras y, en esos momentos, recurrimos a personas que nos conocen y nos quieren bien. Nos animamos a hablar con un amigo o con un familiar. Aunque en algún momento incluso pueda salirnos lo contrario, durante esta conversación nos movemos tanto el que se desahoga como quien escucha, con tal delicadeza que no deja espacio a juicios de valor sobre la otra persona o la relación, sino que buscamos un oído, una ayuda, tal vez, un consejo.

En estas instancias, hay  profesionales  que están calificados para intervenir y ayudar. Y ayudarnos a los dos… Ayudarnos a seguir siendo nosotros. Tal vez esa amiga a la que le dimos la posibilidad de decirnos que nuestro marido es un mal tipo, en un futuro esté con nosotros en una fiesta viendo cómo disfrutamos de la felicidad de estar con ese “mal tipo”.

 Los “amigos” virtuales  
Hablando de temas de pareja, alguien me comentaba, preocupado, que en el muro de Facebook de una amiga recientemente separada aparecían un montón de comentarios de madres de compañeros de colegio de los hijos, alentándola a salir con otros, a buscar nuevas aventuras, en fin, a dar vuelta la página. Recientemente separada. Esto perturbaba muchísimo  al todavía marido, que veía esos comentarios que implicaban un desprecio y una falta de respeto al durísimo momento que ambos estaban atravesando, y que el resto, mayormente gente que recién entraba a formar parte de su vida, banalizaba.

Antes de actuar o aconsejar en circunstancias, de por sí dolorosas, vale la pena reflexionar acerca de cuánto confunde, en qué mete ruido y atenta esa opinión contra la seriedad y la serenidad requeridas para encarar una instancia de decisión tan delicada.

  • Facebook
  • Twitter
  • LinkedIn
  • Add to favorites
  • Email

MÁS NOTAS

Dejar un mensaje

Su email no será publicado Datos requeridos *

Copyrıght 2014 SEMBRAR VALORES.