EL PAISAJE ES COSA DE A DOS

Vacaciones

 

Soy dado a hacer reflexiones, a encontrar en distintos sucesos su relación con la vida, con la vida cotidiana, la vida familiar, la que todos vivimos. Las vacaciones me inspiran especialmente.

 

Felipe Yofre | Escribano | Instructor en talleres de Protege tu Corazón | felipe@escyofre.com.ar

 

C  on mi mujer tenemos siete hijos y no es fácil coordinar todos juntos las vacaciones. En general, soy el encargado de  organizarlas. Hace pocos días volvimos de hacer toda la familia una  cabalgata por los Andes, en la Provincia de Mendoza. Ya lo había hecho  de soltero. Se cabalga por lugares paradisíacos hasta llegar al límite con Chile, emulando al ejército libertador del General San  Martín.

Todo estaba planeado
Empecé a organizar el viaje varios meses antes. Todo estaba planeado. Cuatro guías nos llevarían durante algo más de cuatro días a través de  tres valles y profundas quebradas hasta una cumbre, donde está el mojón que divide Argentina de Chile. Dormiríamos “al sereno”, es decir, contemplando las estrellas en plena montaña. Los víveres y todo lo necesario, en tres mulas.

El guía principal, don Jorge, a mis preguntas respecto de los caballos y  la edad de mis chicos, repetía con serenidad: “Tranquilo, son caballos  muy preparados, nacidos y vividos en la zona, y en los lugares aparentemente peligrosos y difíciles, ustedes simplemente confíen. Llevan dentro lo necesario para atravesar dificultades”.

Pero no siempre las cosas salen u ocurren como las planeamos, por  más diligencia y cuidado que pongamos.

 

Irrumpió el volcán
Cuarenta y ocho horas antes de viajar, me llamó Jorge y me dijo: “Lamentablemente hace dos días comenzó el volcán Peteroa con actividad y está emanando una gran columna de humo. Eso hace imposible llegar al hito con Chile. Quizás debamos cabalgar dos de los tres valles y pegar la vuelta sin hacer el tercero ni el límite con Chile y su foto. Igualmente lo vamos a definir cuando ustedes lleguen.”

Mi desilusión fue grande. Tanto preparativo y tener que recorrer, a la vuelta, “el mismo camino con el mismo paisaje”. Qué pena.  Difícilmente  pudiéramos organizar de nuevo este viaje.

Y pasó así.

Llegamos a Malargue, paso previo a nuestra cabalgata, y Jorge nos confirmó: “El volcán está muy inquieto, miren la columna de humo”. Nosotros, sin experiencia, divisamos algo que creíamos eran nubes  tormentosas, cuando en realidad era un volcán en actividad.

Al ver mi desazón, Jorge, con mucha sabiduría y con una casi sonrisa, que cuando traté de verificar ya no estaba, afirmó: “Don Felipe, no se preocupe. Hace casi 20 años que cabalgo por estos lugares y no me canso del paisaje. Nunca me he aburrido, y creame, nunca estuve en el mismo lugar dos veces”.

“Gracias, Jorge, pero no me convence. Volver por el mismo camino, después de tanto preparativo…” Ahora sí sonrió claramente. “Le hago una apuesta, Felipe. Pasa que el paisaje es cosa de a dos: la montaña, pero también usted. Después me dice”.

Este hombre se está burlando de mí, pensé, o no encuentra la manera de levantar mi entusiasmo.

Arrancamos
Arrancó la cabalgata. El principio, como tantos emprendimientos y proyectos nuevos, fue una maravilla.

A la ida cruzamos arroyos, vegas (que son sectores de un verde furioso), filos, manchones de nieve, portezuelos, quebradas. Todo nuevo. Con colores cambiantes por el sol y las nubes. A veces conversando pero también largos ratos en silencio, donde lo único que se mueve es la cadencia del caballo, que junto con el monumental paisaje y el silencio, no hay manera que no llame a reflexionar, cada uno a su modo.

Es un cine 4 D privado, real.

 

Detrás de la misma
apariencia algo nuevo se
nos puede regalar

 

Y llegó el momento de volver, a más de dos días de andar, y Jorge me dijo. “Va a ver. Ahora lo que usted dejó a sus espaldas, lo va a contemplar desde otro ángulo. Dígame usted si es igual.”

 

El “nuevo” recorrido
Recorriendo lo ya andado, avanzando de frente, parecieron dos valles totalmente diferentes. El sol los iluminaba desde otra perspectiva. Donde estacionabas la mirada, las montañas parecían hechas de nuevo para nosotros. Es cierto que no llegamos al hito con Chile, pero pareció una sola cabalgata por lugares nuevos. Hasta el silencio y los pensamientos en esos ratos “hacia adentro” ayudaron a cambiar el paisaje. A medida que pasaban los días, el bullicio exterior daba paso al bullicio interior, que tanto obliga a reflexionar.

Y arriba de la montura se me ocurrió esta nota. “¡Claro!, esto es como la vida”, pensé.

Quisiera compartirte tres pensamientos:

La importancia de adaptarse. No todo lo que  planificamos sale como queremos, y no por eso es necesariamente algo negativo. Cuántas veces ha entrado en nuestra vida en erupción algún volcán.

Una enfermedad propia o, lo que es peor, de alguien a quien amamos mucho. Un problema laboral inesperado. Una necesidad económica. Una privación. Algo que hace que debamos replantear el camino o volver sobre nuestros pasos. Es un llamado a la humildad. A que no todo lo podemos. Que muchas veces somos nosotros quienes necesitamos adaptarnos a las cosas y no las cosas a nuestros caprichos. Es de sabios descubrir que en ese camino que no teníamos planeado, existen seguramente  oportunidades  esperando

El poder transformador. La rutina en gran medida está en nuestro  interior. La experiencia de volver y andar por lo ya andado debe  enriquecernos, no entristecernos. Si instalamos la mirada en lugares y  gestos aparentemente recorridos, descubriremos que siempre hay una faceta  nueva. Por ejemplo, ese defecto que nos molesta de nuestra pareja y  que le pedimos que cambie. Tratemos de verlo nosotros con  otros ojos,  con la luz de una mayor comprensión, y de volver a  recorrerlo cada vez  con más amor.

 

ES DE SABIOS DESCUBRIR QUE EN ESE CAMINO
QUE NO TENÍAMOS PLANEADO, EXISTEN
SEGURAMENTE OPORTUNIDADES ESPERANDO

 

Sin duda, como ese paisaje, nos va a dar una perspectiva nueva. Detrás de la misma apariencia algo nuevo se nos puede regalar. ¿Este marido o esta mujer, a quien ya conozco tanto,  tiene algo nuevo por descubrir? Si, claro que sí. Y en muchos  casos depende más de nosotros que de la otra persona. Basta con  volver a recorrerla con ojos limpios, abiertos a la oportunidad,  sabiendo que tiene nuevos paisajes para entregarnos. Nuevos caminos,  nuevas  quebradas, iluminadas por un sol que dará nuevos colores a su  realidad. Dejar atrás la rutina muchas veces no tiene tanto que ver con experimentar cosas nuevas como con renovar en el amor muchos aspectos de nuestra vida. La postura que tengamos frente a lo rutinario puede renovarlo todo.

Confiar en nuestros caballos. A veces, en momentos de oscuridad, no nos sentimos capaces de atravesar el camino. Confiemos también en lo recibido y en lo construido. Son los dones y valores que hemos  abrazado. Lo que hemos tratado de brindar a quienes nos rodean. El  esfuerzo que hemos puesto y que, a veces, parece no rendir frutos. Es  todo aquello que, consciente o inconscientemente, nos ha ido preparando. Esos son nuestros caballos y, si no traicionamos lo recibido, aflorarán en los momentos de necesidad. Así ratificamos la huella.

Detrás de cada curva de la vida hay mil acontecimientos, de los  pequeños y de los que dejan surco. De alguna manera, se van  acumulando adentro nuestro. Depende de cómo los asumamos, los carguemos sobre nuestros hombros y custodiemos, resultará en mucho nuestra felicidad, que, sabemos, no es un fin sino un camino.

Animémonos a cabalgar la vida. Es menos riesgoso no subir a la  cabalgadura, pero hay mil colores preparados para nosotros. Vale la pena, ¿no?.

MÁS NOTAS

Comentarios cerrados

Copyrıght 2014 SEMBRAR VALORES.