EL JUGAR QUE CURA

Chiquitos

 

Acompañar a nuestros hijos para transitar de la mejor manera posible una situación estresante, es un modo de prevención, una tarea de psicoprofilaxis familiar cotidiana, donde se activan y se despliegan los potenciales de salud.

 

Lic. María Catarineu Psicopedagoga especializada en bebés y niños | mcatarineu@hotmail.com

 

A  lo largo de la vida, nos encontramos en diferentes situaciones familiares con nuestros hijos, que como padres debemos afrontar y acompañar. Algunas pueden estar relacionadas con experiencias como los controles médicos, que van desde chequeos, vacunaciones, estudios, idas al dentista, extracciones de sangre o procedimientos ambulatorios de menor o mayor complejidad. Otras vivencias pueden tener relación con nuevos movimientos como las mudanzas, egresos o cambios de colegio.

Si miramos de cerca este amplio abanico de experiencias, se puede observar que, a pesar de las diferencias que existen entre cada una, notamos un denominador común, ya que todas, en mayor o menor medida, despiertan ansiedades y temores que nos movilizan, activando fantasías relacionadas con la futura situación. Lo nuevo se nos presenta como extraño. Sobre todo, cuando en lo incierto se involucra, como pocas veces, nuestro cuerpo: ¿me van a sacar un diente?, ¿me van a pinchar? o están en juego nuestros vínculos más cercanos: ¿voy a estar lejos de mis amigos? ¿será buena mi seño?

¿Cómo acompañar estas vivencias para atravesarlas de la mejor manera posible?

Lo nuevo se nos presenta
extraño. Sobre todo,
cuando en lo incierto
se involucra nuestro
cuerpo: ¿me van a sacar
un diente?, ¿me van a
pinchar?

Hacer conocido lo desconocido
Frente a la incertidumbre, las dosis adecuadas de información según la etapa evolutiva, ayudan a conocer la experiencia de modo anticipado. La posibilidad de abrir un tiempo con nuestros hijos para poner en palabras lo que está por venir, “va sacando de la oscuridad” la futura experiencia y activa en ellos una potencia de seguridad por sobre lo desconocido.

Sabemos que, a mayor información, menor grado de ansiedad. Por eso, es tan importante para un niño que la información de esa nueva experiencia que se asoma en el horizonte, sea acolchonada con las palabras de aquellas personas que le ofrecen mayor confianza: su mamá o su papá.

Poner a jugar
Uno de los padres de la psicología decía que, si el pediatra revisa la garganta de un niño, seguramente ese será el contenido de su próxima escena de juego. Los niños ponen a jugar activamente lo que sufren pasivamente, aquello que les pasa, y éste resulta el modo más saludable de procesarlo. Al jugar, tienen la posibilidad de “tomar entre sus manos” los miedos y fantasías, dándoles el poder y el dominio de lo vivido, incluso de ensayar, de algún modo, la experiencia por vivir. Es así como pueden comunicar sus emociones poniendo a jugar sus tristezas, desde las más pequeñas hasta las más grandes.

AL JUGAR LOS NIÑOS TIENEN LA POSIBILIDAD
DE «TOMAR ENTRE SUS MANOS» LOS MEDIOS Y
FANTASÍAS, DÁNDOLES EL PODER Y EL DOMINIO
DELO VIVIDO, INCLUSO ENSAYAR, DE ALGÚN
MODO, LA EXPERIENCIA POR VIVIR.

“Sana – sana”
Si se ausculta de cerca el corazón del oso y con un poco de algodón se cicatrizan sus heridas. Si los caballitos hacen fila para sacarse sangre con las jeringas de plástico y después de un abrazo vuelven a entrar en la caballeriza de cartón. Si al abrir con fuerza la boca del cocodrilo logramos extraer esa muela  tan  picada y podrida, seguramente esa jornada de tantas corridas quedará como huella y podremos contar con más fuerza cuando nos toque a nosotros también vivirla.

Habilitarlos a jugar, ponernos a jugar con ellos, tirarnos al piso y abrir un tiempo para correr ese momento real que tanto cuesta, ese posible dolor que nos moviliza para llenarlo de imágenes y de cuentos, porque ¿cuántas veces el “lobo feroz” nos persigue
también a nosotros, los grandotes?

Tocar antes de tiempo
Frente a las mudanzas o cambios de colegio, las anticipaciones
que podamos desplegar con nuestros hijos, como recorrer las aulas, saludar a las futuras maestras, comprar con ellos los útiles, pintar con tiza o dejar la pelota preferida en el rincón del cuarto nuevo, colaboran para ir adueñándose de algo que todavía no es tan propio, pero que en un tiempo lo será.

La preparación emocional de nuestros hijos para acompañarlos a atravesar de la mejor manera posible una situación estresante es un modo de prevención, una tarea de psicoprofilaxis cotidiana, donde se activan y de despliegan los potenciales de salud.

Con lo agudo o la urgencia
En situaciones de mayor riesgo, como una posible operación, se hace necesario realizar un proceso de psicoprofilaxis quirúrgica, si es el caso, con un terapeuta especializado, integrando al paciente, la familia y los profesionales que intervienen. Estas experiencias más invasivas provocan efectos en el psiquismo que, si se viven bien acompañados, se elaboran y asimilan de un modo saludable. Se ha comprobado que el efecto preventivo de este acompañamiento ayuda a disminuir el estrés, fortaleciendo el estado general.

Los efectos positivos se perciben tanto en el momento quirúrgico como en el post operatorio.

Si no pasa hoy… pasará mañana
El jugar genera un colchón de salud que nos permite amortiguar el dolor, sostener las esperas, conocer lo desconocido, acariciándonos para poder sanar y, de este modo, crecer juntos

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