EL ABUELO, EL HIJO, EL NIETO

MARIUQUI MAGRANE
ORIENTADORA FAMILIAR Y ASESORA EN RELACIONES FAMILIARES
ENCARGADA DEL CONSULTORIO DE SEMBRAR VALORES

Sólo quería preguntarte si se obliga a la solidaridad familiar, porque en casa nadie quiere cuidar al abuelo, y no sé cómo manejar la situación.

No se obliga a la generosidad, dicen los expertos. La solidaridad se “mama” en casa, cuando cuidamos a los que tienen menos dinero, fuerzas, capacidades físicas, mentales o espirituales. Los papás sabemos que la ancianidad tiene una misión que cumplir, es parte del proceso de una progresiva madurez familiar. Todos nos beneficiamos con los ancianos. Excluirlos sería rechazar el pasado, las raíces que tanto necesitan conocer
los jóvenes. ¿Qué hacemos con otros aspectos de la fragilidad humana? Allí está el ejemplo que podemos dar. Al esperar sin protestar cuando alguien cruza más lentamente la calle o a quien te presta un servicio y tiene dificultades para entender o desarrollar una tarea específica… hay mil ocasiones en la vida cotidiana y, por supuesto, una es evitar quejarnos por el esfuerzo extra que supone ocuparse del abuelo.
Es necesario ayudar a unir las generaciones ¡Todos nos enriquecemos con los dones y carismas de los otros!
¿Les cuesta ver al abuelo arrugadito, repetitivo y quejoso? ¿O es un abuelo que los entretiene con cuentos y sabe hacer buenas preguntas? Los nietos necesitan conocer que antes tenía esposa, amigos, trabajo, y ahora está solo. Nos necesita un poquito a cada uno/a. Al tenerlo en cuenta, evitamos que la indiferencia lo debilite. Se siente querido cuando se interesan por algo de su vida. El anciano muchas veces no sabe resolver sus
crisis, y la familia tampoco. Puede estar confuso, desacomodado. Su propia identidad se ve cuestionada, su sentido de orientación se ve afectado. Se siente desubicado con respecto al resto, funciona en otro ritmo.
Los cinco minutos de charla con los nietos le mejoran el día. Quizás demande mucho tiempo de compañía y sea mejor turnarse. Las familias que acompañan al abuelo no dejan de tener sus conflictos. Son familias normales que tratan de responder, flexible y dinámicamente, a cada situación, comprendiendo, aceptando y amando al anciano, aunque algunas veces no esté con ellos… Me encanta tu preocupación por la solidaridad de tus hijos, es parte de la educación para hacer, desde las familias, este mundo mejor. Además, a todos nos preocupa envejecer con dignidad.

La ancianidad tiene una misión que cumplir, es parte del proceso de una progresiva madurez familiar. Todos nos beneficiamos con los ancianos.

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