EL ABC DE LA COMUNICACIÓN

en familia

Muchos de los problemas en los vínculos familiares se originan por deficiencias en la comunicación. Por eso entrevistamos a Clarina Pertiné, especialista en comunicación positiva, que nos “limpió” el panorama.

CONSUELO ACUÑA DE GEORGALOS | LIC. EN PSICOPEDAGOGÍA | ORIENTADORA FAMILIAR | CONNIE.GEORGALOS@GMAIL.COM

C uando vivimos en familia, aprendemos muchas cosas sin que nos las enseñen conscientemente. Este es el caso de los estilos comunicacionales. Los padres transmitimos un estilo de comunicación positiva o negativa. La comunicación abarca muchos aspectos: cómo decimos lo que pensamos, cómo sostenemos lo que decimos, cómo perdonamos, cómo reparamos cuando hacemos un mal, cómo me disculpo o cómo reconozco que me equivoqué al manejar cierto tema.

Para que haya comunicación positiva tiene que haber comunicación. Básico como el ABC, pero no tan obvio en muchos casos. A veces, pretendemos que nuestros hijos cuenten y hablen de sus cosas cuando nosotros, los padres, no nos comunicamos. Me comunico cuando comparto lo cotidiano. Podemos contar desde dónde trabajamos, qué hacemos, cómo son nuestros jefes, hasta nuestras emociones: frente a qué me siento vulnerable, cuáles son mis miedos, o qué me puso contento hoy, por dar sólo algunos ejemplos.

Pretendemos que nuestros hijos cuenten
y hablen de sus cosas, cuando nosotros
no nos comunicamos
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El espacio privilegiado para ensayar la comunicación es la familia porque allí es donde puedo ser como soy, con lo bueno y la malo, donde puedo mostrarme con mis sentimientos en un ámbito cuidado y donde me puedo revelar como soy. No necesito ser alguien diferente. Me aceptan sobre la base de un amor incondicional que no juzga. Para aprender a comunicarnos mejor, entrevistamos a Clarina Pertiné, especialista en comunicacion positiva.

SV| ¿Cómo me doy cuenta de cómo me estoy comunicando en mi familia?
CP| El primer paso es tomar consciencia de cómo me comunico. El tema es que no siempre es fácil porque no nos cuestionamos algo cuando ya estamos habituados. A veces es frenar un minuto y preguntarnos: ¿qué es lo que me esta pasando que estoy así de irritable desde la mañana hasta la noche y transmito esto a las personas que me rodean las 24 horas? ¿Qué me tiene preocupado, angustiado, enojado? Empezar por validar nuestras abc comunpropias emociones para poder trabajar con ellas sin que necesariamente las consecuencias de esa emociones sean cargadas por la personas que nos rodean. Todos los procesos de autoconocimiento en los que nos involucremos son más que útiles porque la persona que me va a acompañar el resto de mi vida soy yo misma, sí o sí. Difícilmente puede entablar una comunicación positiva alguien que no tiene idea de cómo funcionan sus propias emociones. Y por lo tanto no puede manejarlas. Entonces está bueno preguntarnos qué nos pasa, cómo solucionar este problema que me esta obstruyendo la comunicación con las personas que más amo, las personas con las que más me interesa llevarme bien, cuyo afecto y amor me importa y lo necesito. ¿Por qué no plantearnos esto como la tarea más importante de nuestras vidas? La más importante. La salud, la plata, el trabajo va y vuelve, y lo que queda son nuestros afectos.

SV| ¿Qué significa validar las emociones?
CP| Validar las emociones es todo un proceso que se inicia en primer lugar con el reconocimiento de que hay muchísimas emociones, no cuatro. Todas nos pertenecen. Para validar las emociones, primero tengo que poder nombrar cada emoción y explicar en qué consiste todo el rango de emociones sin calificarlas de negativas o positivas como solemos hacer. Es decir, sin juzgarlas, sin valorarlas. Todo ese rango existe porque es humano.

Las emociones existen desde que existe el ser humano y van a seguir existiendo siempre. ¿Por qué taparlas? ¿Por qué esconderlas? ¿Por qué negarlas? Esto es cultural pero se puede deshacer ese camino y conviene. Conocer todo el rango de emociones me ayuda a poder reconocerlas como propias para ponerlas en juego de una manera constructiva en vez de destructiva.

SV| ¿Cómo procedo una vez que tengo identificadas mis emociones para no quedarme pegada a lo que siento?
CP| Recorrer nuestras emociones y reconocerlas no quiere decir hacer lo que a mí se me da la gana porque lo siento. Esto no es comunicación positiva. Nosotros trabajamos para enseñar una determinada manera de relacionarnos donde los sentimientos son válidos, que los adultos  comprendemos, entendemos y les damos espacio. Pero no es lo mismo validar el sentimiento que validar la acción. La conducta puede estar perfectamente regulada, de hecho en las familias hay reglas y está buenísimo que así sea.

Desde el reconocimiento de mi emoción (sabiendo lo que siento, qué me provoca este sentimiento), miro qué alternativa tengo, es decir, cómo voy a encauzar, cómo voy a tratar de disolver, por ejemplo, esta ira. La comunicación positiva busca generar cada vez más libertad de opciones. No tenemos una sola opción (ej. si alguien me grita tengo que devolver el grito y más fuerte; si alguien me agrede, tengo que agredir el doble). Tengo otras opciones. Hay que encontrarlas, aprender a valorarlas y trabajar en esas como opciones reales

SV| ¿Qué impide una buena comunicación?
CP| Los vicios comunicacionales, como decíamos, de pensar que hay una sola opción. En la comunicación positiva siempre hay más opciones.

Después hay que limpiar los prejuicios y las descalificaciones («sos un irresponsable» o «sos un desordenado»). Los siempre y los nunca (“vos siempre haciendo lo mismo” o “vos nunca vas a cambiar”). Utilizamos esas palabras que son tremendas, que no necesariamente son ciertas, porque nadie es todo el tiempo malo, o todo el tiempo desordenado o nunca hizo nada bueno, pero a veces, por vicios o por modelos que heredamos, nos acostumbramos a hacer foco en lo negativo. Limpiar la comunicación del malhumor constante, cuando el mal tono se hace una práctica habitual. Los estilos comunicacionales se heredan, se transmiten sin registro, se instalan e irradian en una familia. La herramienta fundamental es la validación: que uno pueda decir todo lo que le pasa, no sólo lo lindo. Uno queda habilitado para expresarse aunque tenga que regular la conducta porque parte de la educación es aprender a autorregularnos. Límites se imponen siempre, de buena o mala manera. Mucho mejor es estar entrenado en el tema de lo límites a través de gente que nos quiere.

SV| ¿Dónde pongo el foco, entonces?
CP| El foco tiene que ver con rescatar lo bueno del otro, ponderar una acción positiva, reconocer sus sentimientos, sean cuales fueran. Hay palabras muy positivas como: te felicito, te quiero, gracias, por favor, permiso, perdón. La comunicación positiva brinda un espacio diferente, ayuda a fortalecer la autoestima, ayuda a crecer, a profundizar la personalidad, a entendernos mejor, a poder expresarnos con los otros de una manera más sana. La comunicación positiva genera personas cada vez más libres, que puedan elegir cómo quieren reaccionar y cómo quieren relacionarse con los demás.

Recomendamos:

Película: Intensamente.

Libro: La sabiduría de las emociones, de Norberto Levy.

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