deseo de niñez

DESEO de NIÑEZ

chiquitos

 

B asta de hacer sufrir a los niños.

Basta de condenarlos a ser protagonistas de masacres y atrocidades.
chiquitos.

chiquitos

De convertirlos en víctimas de la desnutrición, en presos de la guerra por culpa del odio absurdo entre los hombres, en exiliados buscando
refugio en tierras desconocidas donde ni siquiera son bienvenidos.

 

Una niña turca con mariposas en el vestido, protegiendo a su muñeca, cubriéndole los ojos para que no vea los males que ella misma está viendo.

 

Basta de chicos con frío, imaginándose comida cuando tienen hambre, vendiendo estampitas en los trenes, haciendo malabares en las esquinas.

¡Basta!

Basta de niños como Aylan, de ahogarnos con él al ver su foto y después de unos días volver a endurecer nuestros corazones.

Basta de exponer a abusos, maltratos y vejaciones a sus cuerpecitos.

De bombardearlos con contenidos sexuales, superficiales, materialistas desde el sinfín de pantallas que atacan sus ojos.

Basta de abandonarlos en un hospicio, en un centro de salud, en un correccional, en un cuarto aislado de la casa o en nuestra indiferencia.

Basta de pretender que razonen y ejecuten como si tuvieran nuestra cabeza adulta.

De erotizarlos y preguntarles con sólo tres años si ya tienen una novia en la salita del Jardín.

¡Basta!

De apurarlos y de imponerles que sean eruditos académicos a los ocho.

Basta de obligarlos a ir a clase de idioma chino en el único espacio libre que les queda en la semana con el argumento de que les conviene para el futuro porque se trata de la nueva superpotencia mundial.

Los niños pequeños no
entienden de ironías ni de
exageraciones. Los niños se
lo creen de verdad.

Basta de decirles “si te seguís portando mal te voy a pegar una patada y te voy a mandar a la luna”. Los niños pequeños no entienden de ironías ni de exageraciones. Los niños se lo creen de verdad.

Basta de inocular en sus corazones el peor sentimiento: miedo a sus propios padres.

De lastimarlos psicológicamente con heridas verbales que llevarán toda una vida cicatrizar.

De estar cegados y no comprender que son pequeños seres en un mundo que aún les queda grande, porque no fue hecho a su medida, porque no fue pensado para ellos.

Basta de enseñarles canciones racistas, discriminadoras, violentas, porque “nos resulta gracioso” escuchar cómo suenan en sus vocecitas.

Basta de endosarles desilusiones nuestras, de estampárselas en la frente.

¡Basta!

De negarles el abrazo, la mirada tierna, la mano para alzarlos, el elogio, el “vos podés”.

Basta de publicar sus fotos íntimas en las redes para que sean comentadas por cientos de personas sin antes ponernos en su lugar y preguntarnos si les gustará sentirse así de expuestos o si podrán llegar a incomodarse el día de mañana. ¿O acaso hay fotos nuestras flotando en la web de cuando éramos niños corriendo desnudos por la casa?

Basta de exigirles el 10 en Matemáticas. Los chicos, por definición, no se sacan 10 en Matemáticas.

Basta de comprarles la camiseta del crack del fútbol mundial con la intención de convertir el juego más lindo del planeta en una competencia extrema, a ver quién es el nuevo astro que salva a la familia.

Basta de la necedad adulta que prefiere contar billetes antes que contar cuentos.

Basta de hacer la vida de los niños lo menos parecida a una vida de niños.

Basta de perder al niño que fuimos, de esconder al niño que somos.

Una niña, un mensaje

Una niña turca con mariposas en el vestido, cuidando a su muñeca del espanto.

Una niña enviando un deseo al mundo: deseo de niñez.

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