Cuarentena, o ¿montaña rusa?

Cuarentena:  a mí me hace bien vivirlo como si fuera un viaje a un parque de atracciones. Lleno de montañas rusas. Días enteros, muchas emociones, todas intensas,  viviéndolas, todas a la vez.

Por Arantxa Escribano -Periodista

Ya se ha hablado bastante de todo lo que nos deja el confinamiento. Y es que, a nadie le pasará desapercibido este año 2020. Para muchos ha sido un periodo de aprendizaje, para otros de desesperación y angustia. A mi me hace bien vivirlo como si fuera un viaje a un parque de atracciones. Lleno de montañas rusas. Muchas emociones, todas intensas. Días enteros viviéndolas, todas a la vez.

Introduje estas rutinas familiares que llegaron para quedarse. ¿Quieres saber cuáles son?

Llamadas a familia y amigos (rigurosamente).

Es algo que antes hacía espontáneamente. Desde que estamos encerrados, los sábados y domingos llamo a familia con la que no hablaba normalmente, primos, tíos o tíos abuelos a los que antes solo saludaba esporádicamente. A aquellos que “sigo” en redes pensaba que ya sabía de ellos pero, la videollamada lo cambia todo. Llamo a amigas que viven en otros países, las veo, cocino mientras charlo con ellas, o tomando sol en el balcón. Me gusta lo que eso me genera y sobre todo, me conecta desde otro lugar. Compartimos mucho más.

Aprender online.

Ya no habrá excusas para tomar cursos y aprender cosas nuevas. Ni el tiempo, ni la distancia serán un impedimento para saber más sobre aquello que a cualquiera de nosotros nos interese.

Colaborar en casa.

Limpiar y ordenar. Todos se han dado cuenta de que su aporte es importante, muy. Y hace la diferencia, toda.  Si no colaboramos todos,  no hay equilibrio y alguno tiene que hacer de más. Si cada uno hace lo que le toca, repartimos el esfuerzo. Pasa en la casa, pasa en las tareas del colegio, pasa en el trabajo de los adultos.

Reinventarse.

Hice mucho hincapié (léase: torturé a mis hijos con este concepto) en no tener miedo de las adversidades y  poder volver a empezar. Tiene que ver con resolver situaciones que no esperábamos. Tener que adaptar la casa, acomodar los espacios, implementar horarios, cocinar cosas nuevas. Explorar nuevas formas de alimentar el alma, leer novelas que entretienen o libros sobre eneagrama que nos orientan para conocernos mejor.

 

No os voy a engañar…  Odio esta pandemia con toda mi alma porque ha destruido muchos hogares: económica y mentalmente. Pero creo en la resiliencia y me crié en una familia que me enseñó a rescatar SIEMPRE lo positivo de las peores circunstancias. Espero que logréis todos hacer algo parecido. 😉

 

 

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