CUANDO LA CARICIA NO BASTA

ADOLESCENTES

La relación padre – hijo en la adolescencia se torna especialmente difícil. Incluso se encuentran testimonios históricos que lo confirman. Sin embargo, no parece motivo suficiente para “tirar la toalla”. Algo, bastante, podemos hacer. Siempre con amor.

ISABEL A. DE DODDS | PROFESORA DE BIOLOGÍA | ASESORA EN EDUCACIÓN FAMILIAR | TIOPICO2@YAHOO.COM.AR

AAcariciar la cabeza del que no se deja tocar, “plantarle” un beso ni bien llega. Llevarle un vaso de algo fresco al que se encerró en su cuarto dejándonos afuera. Para mejorarla comunicación con los adolescentes, podemos ser más incisivos en las preguntas, y en lugar del ¿“Cómo te fue hoy?” al que responderán con un escueto monosílabo,  preguntarles “¿Qué tal la prueba integradora de historia?”  De ese modo podrán palpar que nos interesamos de verdad por sus cosas, que estamos con ellos en las buenas y en las malas, que nos interesan ellos y lo que les está pasando.

Entre el desafío y la tentación

¡Es tan fácil y tentador retar al hijo que llegó de mal humor y tiró la mochila en la entrada! Pero en lugar de eso, nos tomamos un rato para reponernos, él de su mal humor y nosotros para rectificar y estar en condiciones de tender el puente, acariciándolo: “¿Tuviste un día bravo hoy?”, que pueda reflejar nuestras ganas de acompañarlo en su malestar. Y puede ser que nos mande a “pasear”, pero el tiempo y la paciencia acortan las distancias.

¡Es tan tentador y fácil retar al
hijo que llegó de mal humor y
tiró la mochila en la entrada!

Así, de a poquito, con pautas claras, sin aceptar cualquier respuesta, vamos logrando que el hogar se transforme en un puerto seguro, en un lugar de encuentro donde desahogarse y recuperarse de los embates del entorno, que obliga a ganarse un lugar a cada paso.

A medida que los chicos crecen, son menos los ratos que tenemos para la cercanía física, o en los que pueda surgir una buena conversación. Las “causas” son muy  variadas: desde nuestro apuro y el de ellos, el cansancio, hasta el rechazo inconsciente porque nos molestan sus modos. También puede ser que un hijo se aleje o que ya no nos busque tanto porque  nos  cuestiona o dejó de admirarnos.

«No sé»

A los hijos les da seguridad tener incorporada la presencia del padre como referente de la “norma” o la “ley”. Su vida mejora considerablemente si los padres están emocionalmente presentes y son capaces de ofrecer consuelo en el momento de aflicción y acompañar con alegría los logros. A partir de los juegos rudos de la niñez el padre se abre el camino para las emociones del mañana.

Pero… muchos padres no saben cómo ser “ese tipo de padres” por la simple razón de que sus propios padres no fueron así con ellos. De ahí que surja la necesidad y conveniencia de que se pongan los medios para dedicarle tiempo y atención a aprender esto que parece sencillo, pero no lo es. Hay padres que se van dando cuenta y asisten a las reuniones de colegio, de hecho leen esta nota y otras de la revista, consultan un libro o a un profesional.

Las “causas” son muy variadas:
desde nuestro apuro y el de
ellos, el cansancio, hasta el
rechazo inconsciente porque nos
molestan sus modos.

Ahora, bien: como la educación es una empresa conjunta, la función parental no cambia cuando el padre y la madre no conviven. La forma de estar presentes es muy variada. Visitas, salidas, llamadas, ayudar a hacer la tarea, llevar y traer a los hijos al colegio y a otros eventos, la asistencia a acontecimientos familiares. Como el chico necesita referencias positivas para construir su identidad, es muy importante transmitir una imagen positiva del progenitor ausente. La “función paterna” en caso de fallecimiento del padre puede ser ocupada por el abuelo, el padrino o un tío.

¿Progenitores o padres?

adolescCuántas veces escuchamos decir a los padres: “Le quiero dar a mi hijo todo lo que yo no tuve” y les dan literalmente todo. Esto, sin pensar que hay cosas materiales que no son buenas, porque no hacen al hijo mejor persona sino que se cría a un déspota caprichoso, que si no tiene lo que quiere y en el instante en que lo quiere, no es feliz. Ante esta infelicidad y falta de autoridad y límites, el adolescente se rebela. Muchas veces porque se aburre: ya tiene todo lo que quiere, nada le satisface.
Otras veces porque sus padres están ausentes trabajando. Aunque también puede decirse que hay familias en las que los progenitores están pero no están los padres. Esos hijos sufren de manera subliminal un doble mensaje que les hace más confusa su situación de abandono, al no entender por qué la padecen.

En cambio, es más fácil educar chicos felices enseñándoles a valorar las cosas simples e importantes de la vida.

Este es el momento

Los chicos respetan a quien les despierta admiración. Somos los adultos quienes fuimos dejando la vacante, y es el momento de retomar el lugar y emprender una búsqueda activa de líderes positivos.
Líder es aquella persona que influye en los demás sin importar su jerarquía ni su edad. Es alguien que ayuda a sostener. Los líderes tienen buen humor y eso atrae. Tienen tiempo para escuchar y sobre todo actúan con coherencia: hacen lo que dicen. Si padres y docentes creen en la grandeza de su tarea, estarán dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo para lograr el bien deseado. Y, como consecuencia, buscarán capacitarse para llegar a ser el líder activo en ese rol -no menor- de formar hijos y ciudadanos que sean mejores personas.

 


MILENIO 
Los nacidos en este milenio creen que todo se debe amoldar a sus pensamientos y deseos.
La voz de la mayoría pasa automáticamente a ser verdad, independientemente de que lo sea o no, de que sus consecuencias sean buenas o malas, positivas o negativas para quien las vive.
Así, se aceptan como válidas degradaciones que terminan destruyendo a la persona. Parate a pensar. ¿Te suenan nombres, imágenes, figuras que coinciden con este prototipo? Pensá en la muerte de algunos “famosos” que son o han sido líderes y modelos para nuestros hijos, o en jóvenes muy queridos víctimas del alcohol, de la violencia, de la irresponsabilidad.
Sí, hay caminos que pasan por la educación. Porque, para que la persona pueda ser dueña de sí misma, necesita ser guiada por la inteligencia que la ayudará a tener valor y responsabilidad para lograrlo.

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