CUANDO EL PERDÓN NO ALCANZA

 

Tendemos a cometer los mismos errores, sin intención de molestar. Sin embargo, más de una vez, tenemos que pedir perdón. ¿Y después? ¿Qué esperan que hagamos?

 

Felipe Yofre | Escribano | Instructor en talleres de Protege tu Corazón | felipe@escyofre.com.ar

 

N  uestra reunión de amigos era con un matrimonio que, tras una separación -sin divorcio-, estaba nuevamente unido para volver a intentar. Por eso nos sorprendió cuando él llegó solo. Ante nuestra poco disimulada expresión interrogante, se animó a hablar:

– Ella no se sentía preparada para contar su experiencia- nos dijo. Soy una persona que, con mi modo duro y cortante, la he ofendido y desvalorizado mucho, de a poco, casi como un goteo. Tras cada discusión, en general acalorada y en la que usualmente “ganaba” cuando entraba en el espiral de violencia verbal, siempre pedía perdón. Siempre. Y ella me perdonaba, siempre. Yo creía entonces que la cosa estaba arreglada. -Y entonces, ¿qué paso?- preguntamos extrañados.

– Un día me dijo: “te perdono, pero andate. Necesito distancia”.
– Por lo tanto no te perdonó- reaccionamos los amigos. 

Y él, como quien ha madurado con la experiencia, nos aclaró:

-No es así. Muchas veces con el perdón no alcanza.

– A ver si nos explicás un poco mejor cómo es eso.
-Después de cada perdón, yo daba por cerrado el caso y creía, entendía, que arrancábamos de cero de nuevo.
En este doloroso destierro de mi casa, comprendí que con el perdón no alcanza. El matrimonio es un gigantesco entramado de vivencias, donde el pasado de alguna manera anticipa lo que vendrá. Es el espacio donde se construye lo más importante que uno puede tener, que es la familia. Es ingenuo pensar que no estamos cargando la mochila del otro, con lo bueno y con lo malo, y que esa carga no influye en lo que vendrá.

Calló un momento y siguió:
-Me di cuenta de que, si bien yo era sincero, el pedido de perdón pierde mucho potencial cuando no va acompañado de un doble propósito de reparar y cambiar de actitud de cara al futuro. Aunque nos cueste, incluso aunque comprobemos que no logramos mejorar, el propósito debe estar.

Entre lo básico y lo esperable
No se trata sólo de perdonar a quien ofende, eso es lo básico. A su vez, a quien ofende –cuando  ofendemos- le toca trabajar para recuperar lo perdido. Volver a conquistar el terreno perdido, especialmente, ese que está justo en el corazón del cónyuge.

TRAS CADA DISCUSIÓN, EN GENERAL ACALORADA
Y EN LA QUE USUALMENTE»GANABA»CUANDO
ENTRABA EN EL ESPIRAL DE VIOLENCIA VERBAL,
SIEMPRE PEDÍA PERDÓN. SIEMPRE

El pedir perdón y el perdonar es súper necesario. Sin el perdón todo se entumece, se achica, se ahoga.
Pero, aprendimos, no es suficiente.

De batallas y bases
Por supuesto que los desencuentros y las peleas existen y el costado positivo de las mismas es que hay vida. Y cuando se percibe el error propio o la ofensa del otro, aunque no se haya buscado, debemos pedir perdón y debemos perdonar. Nótese que adrede escribo “debemos”.

Confianza mutua
Hay una definición muy linda que dice que el matrimonio es la “unión estable y duradera de un hombre y una mujer para formar una comunidad de vida”.

 

ESTAMOS JUNTOS PARA CONSTRUIR Y
«CONSTRUIRNOS». ¿Y NOS VAMOS A CONFORMAR
CON NO ATACARNOS?

Es una definición “en positivo”. Donde la confianza se respira por todos lados. Y no nos referimos únicamente a la no existencia de infidelidades con terceros u otras cuestiones de gravedad. Eso es básico desde ya.

Tampoco alcanza con la ausencia de dardos. Estamos juntos para construir y “construirnos”, ¿y nos vamos a conformar con no atacarnos? Tarde o temprano, una actitud así seca cualquier cosa que tuvo vida.

William Hardley, psiquiatra norteamericano, luego de estudiar miles de parejas en problemas en su conocido libro Lo que él necesita, lo que ella necesita, aporta datos interesantísimos. Elijo detenerme en una explicación muy práctica acerca de la relación matrimonial.

El Banco del amor
A algunos les resulta un poco frío cuando él habla de que hay un “Banco de Amor” entre los cónyuges y que con cada actitud, gesto, palabra o mirada aumentamos o disminuimos nuestra “Cuenta de Amor” en el otro. Entonces, si ofendemos, por más que se nos perdone, tengamos en cuenta que nuestra “cuenta corriente” baja. Arrancamos con “menos crédito”.

Una vez me contaron algo que no estoy seguro de que sea cierto, pero me gusta pensarlo así. Los soldados “comandos” duermen sentados, espalda con espalda. De esta manera, cualquier situación extraña durante la noche de combate, de inmediato, con un simple movimiento, es transmitida al otro, y así se cuidan mutuamente. De igual modo deben cuidarse marido y mujer; de igual modo debemos cuidar nuestro matrimonio

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