Consejos de Martín Fierro (fragmento)

POESIA

Estos días de invierno y en casa pueden ser una gran oportunidad para reconectarnos con nuestras raíces releyendo el Martín Fierro y sus acertados consejos.

Martín Fierro es el hombre campesino a quien Hernández trata y admira.
¿En qué hogar argentino no encontramos algún ejemplar del Martín Fierro y no recitamos muchas veces sus sabias estrofas que pasaron de generación en generación?

 

Un padre que da consejos
más que padre es un amigo.
Ansí como tal les digo
que vivan con precaución
naides sabe en qué rincón
se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
que una vida desgraciada:
no extrañen si en la jugada
alguna vez me equivoco,
pues debe saber muy poco
aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena,
hay sabios de todas menas,
más digo sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho,
el aprender cosas buenas.

Al que es amigo, jamás
lo dejen en la estocada,
pero no le pidan nada
ni lo aguarden todo de él.
siempre el amigo más fiel
es una conducta honrada.

Debe trabajar el hombre
para ganarse su pan;
pues la miseria en su afán
de perseguir de mil modos,
llama en la puerta de todos,
y entra en la del haragán.

Para vencer un peligro
salvar de cualquier abismo,
por experiencia lo afirmo;
más que el sable y que la lanza,
suele servir la confianza,
que el hombre tiene en sí mismo.

Muchas cosas pierde el hombre
que a veces las vuelve a hallar,
pero les debo enseñar,
y es bueno que lo recuerden,
si la vergüenza se pierde,
jamás se vuelve a encontrar.

Ave de pico encorvado,
le tiene al robo afición,
pues el hombre de razón,
no roba jamás un cobre,
pues no es vergüenza ser pobre,
y es vergüenza ser ladrón.

Estas cosas y otras muchas,
medité en mis soledades.

Sepan que no hay falsedades
ni error en estos consejos:
es de la boca del viejo
de ande salen las verdades.

 

José Hernández

José Hernández, el autor del Martín Fierro, de donde escogimos estos versos, nació en la antigua chacra de Pueyrredón el 10 de noviembre de 1834.

En realidad su apellido completo era Hernández Pueyrredón, ya que fueron sus padres Rafael Hernández e Isabel Pueyrredón, pero él decía que con Hernández le bastaba.

Se crió en el campo y llegó a conocer y amar en profundidad al gaucho argentino. Su conocimiento del gaucho y de la pampa fue realmente maravilloso, ya que estuvo desde niño con el paisano y supo comprender todos sus secretos y costumbres.

Convivió con los gauchos, se identificó con ellos, experimentó sus dolores y alegrías y así pudo plasmar esta obra magnífica, conocida en el mundo entero, que tiene un éxito increíble y nos dice las verdades de a puños.

Cuando murió en Buenos Aires, en 1886, el alma popular sufrió una gran conmoción.

Silvia Bayá de Lagache
silbaya.c@hotmail.com

 

 

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