¿CON QUÉ CONECTAR?

Chiquitos

 

[Vacaciones]

Las vacaciones se imponen como bien necesario para decantar el año transcurrido, reciclar energías y encontrarnos cara a cara, ¿debemos conectar o desconectar?

 

Lic. María Catarineu Psicopedagoga especializada en bebés y niños | mcatarineu@hotmail.com

 

D urante el tiempo de descanso advienen nuevos ritmos y discontinuidades, ya que pasamos de las agendas abultadas a los momentos de ocio, de las alarmas vespertinas al abandono del reloj, del pool a los paseos, de los zapatos a las ojotas.

Las vacaciones se imponen como bien necesario para decantar el año transcurrido, reciclar las energías y mirar con nuevos aires los proyectos mediatos para el año entrante.

   Tiempo de decante   
Los expertos en creatividad aseguran que el ocio es fundamental para que “algo bueno surja”. En los momentos donde nuestra mente se relaja y quita el foco de aquello que intentamos aprender, surge el decante y la posibilidad de afianzar los conocimientos. El tiempo desocupado no es un tiempo vacío que debe llenarse, ya que permite reordenar de una manera creativa nuestro mundo interior. Por ello, los tiempos de descanso son parte esencial del pensamiento y de procesamiento de las experiencias vividas tanto a nivel personal como familiar.

Las vacaciones van dibujándose como pinceladas sobre el horizonte de fin de año. Van apareciendo como la olla del arcoíris que contiene anhelos de relajo y encuentro.

Para alcanzar estas deseos, ¿debemos conectar o desconectar?

El juego como descanso
Los tiempos de juego entre padres e hijos constituyen el mayor despliegue vivencial de encuentro y conocimiento mutuo, donde se construye el vínculo fundante de seguridad y confianza. La posibilidad de compartir en familia o con amigos, el despliegue de juegos con reglas propias o los clásicos juegos de mesa con reglas preestablecidas nos permiten compartir códigos comunes dentro de un mismo espacio y tiempo de acción, donde todos se integran y nadie queda afuera.

En la compra y venta de campos del Estanciero, sobre la marcha de los peones y la danza de las damas, en el aroma de la sopa de letras con todos sus sucedáneos, en la corrida de la mancha o el grito de “¡piedra libre!”, se pone en marcha una gran posibilidad de vivencias para enfrentar juntos nuevos desafíos.

La capacidad de espera en los turnos, el soportar perder y equivocarse, nos permite postergar los impulsos en pos de los tiempos de reflexión. Los logros y frustraciones sobre el tablero colaboran con el fortalecimiento de la autoestima, forjando lazos de confianza y seguridad necesarios para conocernos.

El juego nos permite, principalmente, encontrarnos cara a cara para barajar de nuevo, estrechando conocidos y nuevos vínculos. Es por ello que afirmamos con lo que decía el gran pediatra inglés: “El juego es una forma básica de vida, es en esencia satisfactorio, ya que jugando se crea un área de descanso libre de
exigencias”.

Concectar- nos
La posibilidad de disfrutar de espacios de encuentro con los integrantes del grupo familiar no es como una aplicación que bajamos de un modo inmediato en nuestra vida o que cliqueamos en el momento del veraneo. La capacidad de conectar-nos requiere de la apertura de un espacio y un tiempo que se van tejiendo en la artesanía de lo cotidiano para construir con otros. Donde damos lugar a la escucha de nuestro corazón, para poder mirarnos y contemplar así las cosas que nos rodean. Los abrazos al volver a casa, las palabras que sostienen, los enojos que salpican, la escucha durante la comida y el cuento
cuando anochece.

Como niños
Lo más propio del niño, en cuanto niño, es la curiosidad y el apetito de saber. Chesterton decía que lo maravilloso de la niñez es que “cualquier cosa es una maravilla”. Es por eso que los adultos en el correr del tiempo, deberíamos agrandarnos con la sabiduría de los más pequeños y poder desplegar poquito a poco el gran desafío de crear nuevos modos de descanso a lo largo del año, que generen encuentro y reciclaje emocional.

Estas pequeñas pausas otorgan la posibilidad de recrear nuevos compases entre los integrantes de grupo familiar, donde los momentos de juego y las sobremesas son fuentes que nos enriquecen, que nos hacen crecer.

Con reloj de arena
Si como reza la canción “la vida se apura tanto y tanto nos dura poco”, el tiempo es, entonces, un gran tesoro que tenemos en nuestras manos. Podemos sembrar día a día un pequeño grano que cae, para que crezca y dé sus frutos.

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