CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

[El Camino de Santiago]

 

El Camino de Santiago tiene un atractivo especial. Es desafiante, variado y adquiere un significado enorme en la vida de quienes lo transitan. Aquí, uno de tantos testimonios.

 

 Ana Laura Desimone | Caminante | elcuadernodecompostela.blogspot.com

 

 

R  ecorrí el Camino de Santiago según la esencia de una peregrina: alguien que se embarca en una búsqueda.

Para empezar, me encontré rápidamente con un grupo de caminantes de diversas partes del mundo: Alemania, Francia, Corea… con quienes nos dedicamos juntos a seguir las icónicas flechas amarillas. Mientras el camino nos llevaba entre amplios campos sembrados con vides en La Rioja, siguiendo por la meseta árida de Castilla y luego las colinas boscosas de Galicia, a veces bajo el cielo nublado, lluvioso o plenamente soleado, nuestras credenciales nos identificaban como verdaderos peregrinos y se iban cubriendo de sellos a medida que el mítico Camino de las Estrellas se presentaba ante nosotros -sin listas de atracciones ni horarios- como un festival de pequeños pueblos que parecían estar detenidos en el tiempo, entre grandes ciudades, arboledas, lagos, catedrales, vacas, monasterios, puentes. Mientras tanto, nosotros íbamos conociendo el interior de España, su historia, su gente, su gastronomía y a nosotros mismos como no sería posible en ningún otro viaje.

Lo mejor del camino
Así, lo mejor del camino fue encontrar tiempo para experimentar aquello que es fundamental para el ser humano, pero que se suele dejar de lado por las ocupaciones de la vida cotidiana: estar en contacto con uno mismo y con la gente que nos rodea sin distracciones constantes; simplificar las preocupaciones diarias a la simple y vital búsqueda de un lugar para dormir y comer; entender que necesitamos muy pocas cosas materiales y que lo demás es peso extra, volver a confiar en el propio cuerpo para llegar de un lugar al otro y presenciar, aunque a veces sea un poco incómodo, la gran capacidad de adaptación que tenemos y de la que conocemos muy poco.

 

SEA CUAL SEA LA PROPIA RAZÓN PARA HACER
EL CAMINO, POR ESENCIA AÚN SE TRATA DE UNA
PEREGRINACIÓN O, DE UNA BÚSQUEDA. Y YA SE
SABE QUE EL QUE BUSCA, ENCUENTRA.

 

Hacia la tumba del santo
El Camino de Santiago es una red de senderos de origen medieval, que nace en el territorio de España y se extiende por toda Europa. Estos senderos surgieron con el propósito de alcanzar la tumba del apóstol Santiago, uno de los principales destinos de peregrinación de la cristiandad.

En la actualidad, la recorren cada año miles de viajeros de todo el mundo, que diversifican esas originarias motivaciones espirituales. Sea cual sea la propia razón para hacer el camino, por esencia aún se trata de una peregrinación o, en otras palabras, de una búsqueda. Y ya se sabe que el que busca, encuentra.

El desafío
La idea me venía rondando desde hacía ocho años, tiempo suficiente para dejar de poner excusas y salir a ver de dónde procede tanta fama. La caminata de 20 a 30 kilómetros diarios durante 25 días ¿resultaría demasiado?

Planificábamos la etapa y salíamos hacia el oeste cuando aún era de noche para presenciar el amanecer mientras caminábamos viendo nuestras sombras alargadas. También nos gustaba ver el atardecer, donde fuera, con vino, jamón, aceitunas y, en lo posible, chorizo. Sin reservas previas, por estar en otoño, elegimos albergues públicos o privados, chicos o grandes. Después de 10 días llegamos juntos hasta Burgos, dándonos cuenta de que ya “casi” no sentíamos el peso de la mochila ni el dolor en las piernas. La imponente Catedral de Burgos, León con sus callecitas serpenteantes, la vista de Santiago de Compostela desde el Monte do Gozo… todo queda en el camino. En algunas semanas, voy a emprender mi segundo deseado camino: 1200 km por el Camino del Norte, primitivo y portugués. Esta vez tampoco sé con qué me voy a encontrar… y eso me encanta.

 

 

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