Busco la mejor versión de mi hijo

Los premios y castigos generan dudas y debates en el ámbito educativo y en la familia. ¿Contribuyen a sacar la mejor versión del niño?

Por Cecilia Palavecino, Máster en Educación Familiar (IEE)

El reconocido psicólogo, Haim Ginott, que dedicó su vida a la educación de padres e hijos, tiene muchas frases de esas célebres y contundentes, con este tema en la cabeza, busqué y encontré: “Los castigos en lugar de formar, deforman”

El cambio es tan brusco y frecuente, que en primer lugar tendría que definir qué significa para los padres actuales la palabra “premio” y la palabra “castigo”.

Historia del premio y el castigo

Antes eran acciones muy agresivas como una ducha de agua fría, un encierro larguísimo, y ni que hablar de los castigos físicos. Por el lado de los premios, habitualmente se recompensaba con objetos materiales situaciones que quizás nada tenían que ver con las acciones. Era una manera de destacar lo bien hecho.

Hoy los castigos pasan por la quita de privilegios como tecnología, prohibición de ir a alguna fiesta, o simplemente, amenazas. En cuanto a los premios, no cambiamos demasiado, quizás cada vez más materiales y tecnológicos, pero el fin es el mismo.

 

Castigo suena mal

En los ámbitos educativos empezó a sonar bastante mal la palabra “castigo”. Entonces, le agregamos una clasificación: pocos, cortos, proporcionados, educativos, avisados con antelación, que iba modificando la vieja versión en un objetivo más reparador, que ayudara a los chicos a cambiar su actitud y mejorar sus acciones. ¡Ya era un paso!

Todavía quedábamos en deuda con la forma en que se involucraban ellos mismos. Tanto el premio como el castigo venían de afuera como signo de aprobación o desaprobación de la autoridad a cargo.

Adictos a la aprobación

En el caso de los premios, sin querer, estamos formando niños adictos a la aprobación. De manera que, si no hay un reconocimiento externo, nuestros hijos sólo seguirán mejorando porque quieren la recompensa, y en el fondo, se quedarán esperando “qué me van a dar a cambio”.

 

Disciplina postiva

Cuando hablamos de castigos, en Disciplina Positiva, Jane Nelsen nos habla de las “cuatro erres” que son las consecuencias de aplicarlos:

  1. Rebeldía (“Voy hacer exactamente lo contrario”)
  2. Revancha (“Ya van a ver, cuando pueda, me las pagan”)
  3. Resentimiento (“Esto es injusto”)
  4. Retraimiento (lleva a la cobardía o reduce su autoestima)

Entonces me pregunto, ¿es esto lo que buscamos o nuestro fin es bien distinto? ¿No queremos que nuestros chicos saquen su mejor versión a partir de la educación? ¿Te parece que todo esto que genera el castigo moviliza para cambiar en una actitud positiva? Evidentemente, creo que todos respondemos que NO.

En lugar de lamentarse por su mala acción y buscar la manera de enmendarse, se obsesiona sólo con fantasías de venganza. En definitiva, los estamos privando del importantísimo proceso interno de enfrentarse a sus propios errores.

De esa manera, sólo estamos echando leña al fuego y sólo es cuestión de tiempo para que cuando crezcan nos rechacen y finalmente hagan “lo que quieran”.

En el corto y largo plazo

No niego que tanto el premio como el castigo son muy exitosos a corto plazo, afirmaría que todos los que somos padres podemos reconocer que lo hemos hecho y que resulta. La pregunta del millón es si estás educando para lo inmediato o si estás educando en habilidades para la vida adulta.

Formar seres autónomos, independientes, responsables, generosos, trabajadores, ordenados, etc., etc., etc.

Formar seres autónomos, independientes, responsables, generosos, trabajadores, ordenados, etc. etc., etc., y que lo hagan por voluntad propia. Es ahí cuando salta a la vista que el cortoplacismo no funciona. No quiere decir que no se nos escape, pero como método no sirve.

Y, ¿entonces? La solución o la propuesta sería: ¿Dejamos que nos pasen por encima? Obvio que no, y que, para las distintas edades, tenemos diferentes respuestas.

En los más pequeños hablamos de Distracción, Redirección, Focalización. En los primeros años no tienen el concepto de lo que está bien o lo que está mal. Se los vamos enseñando, mostrando, ejemplificando.

Hay alternativas

A medida que crecen, podemos agregar unas alternativas al castigo. (Adele Faber-Elaine Mazlish) que señalen la manera de ser útil

  1. Expresar una censura rotunda (sin atacar el carácter)
  2. Manifestar nuestras expectativas
  3. Enseñar al niño cómo rectificar
  4. Dar opciones
  5. Tomar medidas
  6. Permitir que experimente las consecuencias de sus actos

Te lo traduzco en un ejemplo: El típico caso de cuando vas al supermercado: que te ayuden a buscar los elementos de la lista; le expresas lo que no te gusta de determinado comportamiento; les das opciones que se deje de correr o que lo sentás en el carrito; si no hace caso, lo sentás, como una consecuencia de sus actos.

La próxima vez que vayas al súper, aunque te quiera acompañar quizás tendrá que esperar a una siguiente oportunidad.

Somos padres imperfectos y, al mismo tiempo, cada día podemos ir buscando maneras de mejorar y encontrar nuestro estilo educativo para formar hijos felices.

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