Balá increíble

Carlitos Balá brilló en Playa Grande… familias, centenares de personas, hizo reír a todas las generaciones con su contenido sano, vivaz y creativo.

 

Entrevistó Lic. Luciano Porzio. Editó Dra. María Amalia Caballero

 

L a vuelta al público de Carlitos Balá en Playa Grande nos invita a compartir que hace exactamente 10 años, tuvimos la alegría de visitarlo y entrevistarlo en su casa.

Acá va, para que la disfrutes, algo de esa larga charla.

 

EL LOCO DEL COLECTIVO

Antes de la fama y de los medios, cuando Carlitos salía del trabajo en la papelera Larson Paragon, acompañaba a su amigo Ricardo Gutiérrez, chofer de la línea 39, en su recorrido. No era compañía silenciosa, ni compañía hablada, era una compañía artística. “Él era un excelente partener, porque me hacía las preguntas muy serio, como si nada”. Y Balá deliraba por el pasillo del colectivo, actuaba como loco, inventaba personajes, respuestas, muecas y actitudes que convertían al viajero en espectador improvisado.

“Un día subieron al colectivo dos médicos”, que intentaron llevarlo hasta que el chofer les explicó todo. “Te felicito, pibe, lo hacés mejor que los locos”, le dijeron…

Así, los amigos lo iban llamando. El dueño de un restaurante le pedía que pasara para que hiciera de las suyas, hasta que alguien de la casa explicaba a los comensales: “Carlitos, amigo y humorista”.

 

CONOCÉ SUS ORÍGENES

Después vino el debut “oficial” en un medio de comunicación. Se dio cuando andaba cerca de los 30, en radio Splendid.

Marta, la mujer de su vida, la esposa y madre de sus dos hijos Laura y Martín, le facilitó un contacto. “Estaba muy nervioso, pero antes de la prueba me convidaron dos copitas de coñac, entonces ya estaba como para hablar hasta con Perón”, recuerda Carlitos. Quedó, y fue el comienzo de una carrera conocida: televisión, teatro, cine, premios, chupetes, personajes nuevos, fama…

 

Y LA FAMA

La metáfora trillada lo definiría como un artista de alto vuelo, sin embargo, él se esforzó siempre por no volar. “Para que la fama no te vuelva loco, hay que mantenerse sobre la tierra –reconoce Balá–. Me siento inteligente con eso. No entiendo que alguien parezca mejor porque triunfa, si sigue siendo la misma persona. El año pasado le di la mano a un barrendero y el tipo se puso a llorar. Es un tema humano«.

 

LOS RECUERDOS SON RESPETO

Después de recorrer la casa, de mostrar el chupetómetro, el perro invisible y otros recuerdos, Balá vuelve a su sillón, siempre con el peine en mano (herramienta de trabajo, lo llama), listo ante la señal del fotógrafo, para acomodar su flequillo.

Esa casa tiene la impronta de su dueño y, por ejemplo, si uno atina a abrir alguno de los pastilleros que decoran un mueble, se encuentra con un cartelito que acusa en broma: “Curioso”.

No se detiene nunca. Sigue vigorosa su pasión por hacer reír incluso al interlocutor más difícil. Siempre con lo ridículo, siempre con respeto, siempre simple. Por eso todos lo saludan con cariño.

 

RECUERDOS EN EL ARMARIO

Ese cariño se hizo tangible en numerosas cartas y dibujos que Balá recibió y guardó respetuosamente en carpetones que hoy conserva en su armario predilecto. Son más de cien. Los muestra como si fueran piedras de valor incalculable.

Sólo un “raro” pudo haberse fabricado el tiempo para recibir y guardar esa pila de cariño. Alguien que desconoce varias de las leyes del mundo normal.

 

LAS COSAS CHICAS

“Eso es un lindo regalo de la profesión”, rescata Balá, amante fervoroso de las cosas chicas. Por eso sus chistes son así, simples, casi minúsculos. Como el apretón de manos eléctrico con que saluda en medio de la entrevista o el sonido desopilante que emite repentinamente, y que vuelve a recordar con quién se conversa, una vez que pasó la risa y la sorpresa.

El cariño de la gente te enloquece. Una vez me dijeron: “Te matamos dos corderos, un lechón”, y les tuve que responder: “No, no, yo con un lomito chiquito, estoy”.

 

LA FAMILIA

La inclinación por lo pequeño se traduce también en que le guste y elija estar mucho en casa. “Con mi familia somos medio clan –reconoce–, somos muy unidos. Yo creo que la familia es la familia, y la forma de llevarnos bien en sociedad es estando cada uno en su casa. Todos unidos, pero cada uno en su lugar. No sé si es egoísmo de mi parte pero es mi modo de ser. Yo soy feliz en mi casa porque soy como soy”.

En esa propuesta de convivencia, es natural escuchar que el humor acerca a las personas. “Nadie quiere estar al lado de un chinchudo”, ilustra, sin más explicaciones. En estos años, su vida con Marta fue un centro, un balance en el apuro y en la corrida. “Marta me dio mucho”, comparte Balá. “Yo siempre fui medio vago, y ella me llevaba, me movía un poco, hasta dejé de fumar por ella. Si hubiera seguido fumando ahora estaría muerto, porque soy un tipo muy nervioso y eso me llevaba a fumar”.

 

 EL NOBEL Y BALÁ

Una vez andaba Carlitos por la Avenida del Libertador en un Mercedes Benz, y pasa Luis Leloir, el químico premio Nobel, en un Fiat 600.

Se ven los dos y paran los autos en doble fila. Leloir se baja primero para saludar al humorista y Balá le dice:

–Usted, premio Nobel, en un Fiat 600 y yo, un croto, en un Mercedes Benz.
–No tiene nada que ver, Carlitos, yo te admiro por lo que hacés en televisión, porque el único programa que miro es el tuyo.

 “Después, Leloir,  en una entrevista que le hizo La Nación, repitió lo mismo, que miraba sólo mi programa, tengo guardado ese diario.

 

HOMBRE DE BARRIO

Hombre de barrio, Balá es consciente de que existe un otro al frente de sus narices, y quizá esa sea la raíz de su vocación. Hay otro, démosle algo bueno, un chiste.

Con tanto afán de contar y contagiar, la historia de Balá se hilvana con anécdotas de tonos muy diversos.

 

BALA Y EL HUMOR

Esa misma impronta que a veces lleva a su hija a pedirle: “Hablemos en serio, papá”. Balá vive el humor. “Para mí es algo religioso, es una vocación, parece raro pero yo pienso un poquito en Dios cuando hago reír, cuando voy a un asilo o a un geriátrico. Noto que le hago bien a la gente”, confiesa. Y por ese sentimiento fue actor gratuito durante muchos años de su vida. “

Siempre el show. Balá y la broma, Balá y el tic gracioso, Balá y alguna maniobra absurda que despabilara al transeúnte de turno.

Una pulsión lo mueve a descubrir nuevos gestos graciosos y a compartirlos cuanto antes con alguien más. Es una gracia que no puede contenerse, es tan salvaje que necesita viajar y contagiarse con urgencia. Risa sobre risa, lágrima sobre lágrima.

 

¿MIEDOS?

Sin tapujos, Balá comparte lo que más duele.

¿Miedos? “Creo que todos tenemos miedos, yo temo que por la calle me den una “zalipa” por $10”.

¿Disgustos? “No me gustan las cosas mal hechas, a las apuradas, desprolijas, la impuntualidad y la mentira”.

Y en toda carrera, salvo en la del hombre de conciencia ciega, existen los errores.

Balá se arrepiente de haber sido descortés con alguien por falta de tiempo. Porque este compulsivo del humor siempre responde el saludo, el llamado, la carta. “Marta me dice que un día me voy a chocar contra una columna por tratar de no defraudar a ninguno de los que me saludan mientras manejo”.

Es un observador paciente de la cultura argentina, de su entorno, de las miserias y de lo hermoso del mundo en el que vive. Su corazón y su mente funcionan muy juntos. Consume una cuota de realidad y la transforma en parodia, sketch o un gesto. Una carcajada.

 

BALCÓN AL CEMENTERIO

El balcón de su departamento da al cementerio de la Recoleta y, después, al río.

Como una burla final, Balá, cada día, se instala de frente a la muerte y la mira. Quizá también la haga reír.

 

Repasemos algunos hitos en su vida

→  Nace en Chacarita, en 1925.
→  Marca registrada: Su flequillo y algunas frases “celebérrimas”: “Gestito de idea”; “Qué gusto tiene la sal: salado”; “Está un kilo y tres pancitos”; “Más rápido que un bombero”; “Ea ea ea pe pé”; entre otras.
→  Amigo invisible: el perro Angueto.
→  Algunos personajes: El Mago Mersoni, Don Generoso, Petronilo, El indeciso.
→  Cine: actuó en más de 15 largometrajes, entre ellos, la saga de Canuto Cañete.
→  Algunos premios recibidos: 4 Martín Fierro, Santa Clara de Asís, Cruz de Plata Esquiú, Prensario, entre otros.

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